20- Regresa José Joaquín de Olmedo, se reanuda una antigua amistad

Descipción de este artículo:

Volvió por fin el señor José Joaquín de Olmedo a Guayaquil terminada su infructuosa legación en Londres, a donde le enviara el Libertador a procurar un empréstito de dos millones de libras para el Perú. Llegó a Valparaíso en agosto del 28; y allí se enteró con indecible dolor del fallecimiento de su segunda hija Rosa Perpetua. Pasó a Lima a dar cuenta de su misión; y allí se vio forzado a permanecer siete meses: "Mi situación no puede ser más molesta ni más crítica", escribió a su suegro Don Martín Ycaza: él es funcionario limeño; y el Perú está en guerra con su Patria. Además le deben de sus gastos en Europa; logró que se le reconociera la deuda y le pagaran 20.000 pesos por entonces. Las noticias que llegaban no podían ser más angustiosas: Guayaquil estaba bloqueada, bombardeada, y por fin ocupada por los peruanos que la trataron como a país conquistado e impusieron duras contribuciones: su suegro Don Martín y dos de sus cuñados habían sido tomados presos, exigiéndoles la contribución. En abril del año 29 escribe que Lima estaba inquieta porque corrían confusas noticias de una acción de guerra muy sangrienta cerca de Cuenca. Se refería a la batalla de Tarquí. Al fin la ciudad de Guayaquil fue recuperada a 21 de julio de 1829; y poco después debió de llegar Olmedo. Juan José Flores era Prefecto de la región, y se reanudó una antigua amistad, que contribuyó a que el vate porteño fuera recobrando su serenidad, y disponiéndose a tornar al servicio público de su patria.

JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO PREFECTO DEL DEPARTAMENTO DE GUAYAQUIL Por decreto dado en Quito a 28 de octubre de 1829 el Libertador nombró al General de División Juan José Flores Prefecto General del Distrito del Sur, a la vez que jefe militar. Bajo él estaban los prefectos departamentales de Quito, Guayaquil y Cuenca. Se necesitaba un prefecto para Guayaquil, ya que Flores dejaba este cargo; el mismo General es quien propone a Olmedo para ese cargo, y eso por petición del propio Olmedo. Con esta ocasión apare-ce_una relación de amistad entre Olmedo y Flores; una amistad que consistió en auténtica simpatía y comunión de aficiones entre estos dos patricios y sus familias, de la cual tendremos que hablar continuamente en las siguientes páginas. El General Flores escribiendo a Bolívar, le dice: "Encargué ayer al General Cordero de la Comandancia de este Departamento; y despachará la Prefectura mientras V.E. nombra jefe que deba desempeñarla. Entiendo que el señor Olmedo la desea, según me lo ha indicado él y el señor Icaza, su suegro, añadiendo que mientras yo mande el Sur servirá gustoso este destino, porque se apoyará en mi autoridad para desempeñarlo. Yo no sé lo que resolverá V.E.; y por lo mismo no me he atrevido a encargarlo ni interinamente, pues siempre quiero evitarle compromiso a V.E ". Se ve, pues, que Olmedo ha reaccionado de su abatimiento y de su dolor, y que está dispuesto a servir en su provincia. No se halla respuesta de Bolívar; y Flores, usando de sus amplios poderes, en febrero del año 30 le nombró Prefecto... Se lo comunica al Presidente diciéndole que la nueva autoridad ha sido bien recibida por el pueblo. "Yo espero que sea del agrado de V.E. por cuanto no desconoce el cúmulo de razones que la han dictado ". (Guayaquil, 20-11-30) ¿Qué le correspondía a Olmedo como Prefecto de ese departamento? El Prefecto era el representante del Ejecutivo; ejercía los poderes del antiguo "Intendente" de la ley de régimen administrativo dada por el Congreso de 1825(37). Ejecutaba las leyes y aún podía estatuir reglamentos para este fin. Velaba por el orden y la seguridad de su zona, pudiendo para ello emplear la fuerza pública. A él le correspondía mirar por la salud, el progreso agrícola e industrial y el comercio. Elaboraba las estadísticas poblacionales, para remitirlas cada año en febrero. Por fin, a él se le encargaba la hacienda: cobraba los tributos y demás rentas y las administraba, incluso los gastos del ejército y la marina dependía de él. Otra cosa más: ejercía el patronato eclesiástico en su territorio. Este importante y comprometido cargo solicitó don José Joaquín, y lo ejerció, por la primera vez en este año 30, durante el período colombiano, y luego durante el período ecuatoriano. Tenía para ello la experiencia administrativa en su provincia en 1820. De suerte que repetidas veces informa el General Flores que el Prefecto ha sido bien recibido por la gente, y que se desempeñaba a satisfacción. LAS FINANZAS "Elpeor enemigo que tenemos es la miseria ". Flores. Era un enemigo aparentemente invencible y endémico. Se debía en primer término a que cabalmente entonces Guayaquil sufría una de las peores crisis de su historia, porque había descendido al punto más bajo la exportación del cacao. Sin venta de cacao, no había dinero. Venía a menos el comercio y la importación; en esta cadena de males desaparecía también la entrada fiscal de la aduana, que era la fuente mayor de ingresos departamentales. Sabemos que a partir de 1820, pese a los fatales pronósticos, más bien se incrementó la venta de cacao: se exportaban unas 440.000 libras anuales a Méjico y a Europa. Por su parte la aduana solía dar unos 200.000 pesos al año.(38) Considérese lo que significaba la anulación de estas dos fuentes de entradas, tanto para los particulares como para el Estado. Y eso, lamentablemente, vino ocurriendo a lo largo de algunos años. Parece que el flagelo empezó en 1827, pues ya el 16 de febrero de 1828 se quejan los agricultores cacaoteros de la caída de su venta, y piden al Libertador Presidente que, por medio de los representantes diplomáticos, obtuviera la rebaja de derechos arancelarios al cacao en Europa. En el mismo año el General Flores presenta datos alarmantes sobre "el abastecimiento del cacao".(39) Pero quién más abrumadoras noticias proporciona es nuestro Olmedo: "El cacao que es el fruto principal que nos sostiene ha venido a tal abatimiento, que hace años que se dejan perder las cosechas porque no resarcen los costos. En Europa se van acostumbrando a pasar sin él; y cada día lapiden menos. En los dos meses corridos desde que V.S. me honró con esta prefectura, no ha salido un grano, ni ha entrado un solo buque por la ría. La aduana no ha entregado un peso en el tesoro, y sólo hemos podido subsistir por medio de convenios onerosos, a que nos ha obligado la imperiosa ley de la necesidad"/40' ¿A qué se debía la crisis cacaotera? No se habla de malas cosechas, sino de falta de venta. Es indudable que contribuyeron al daño los bloqueos peruanos de 1827, 28, 29; mas los cacaoteros insisten en las aduanas proteccionistas de Inglaterra y Francia, deseosas de proteger naturalmente de este asunto, mas he aquí que su Ministro del Exterior, Revenga, replicó que la causa no eran los altos aranceles, sino el descuido de los cosecheros guayaquileños: "...descuidan —dice— dar al cacao la fermentación que apilándolo le dan en otras partes y que tanto mejora su calidad..." . Añade: "...ellos poco han cuidado de reemplazar con buques propios, a pesar de que poseen el mejor astillero que hay en las costas del mar del Sur, a los españoles en que antes enviaban anualmente a México más de 32.000 fanegas. Aquella omisión ha de haber reducido este número mucho más eficazmente que lo haya podido hacer la nueva tarifa mejicana ".(4¡) Ventajosamente el comercio cacaotero se repuso para 1833. Pero en los años anteriores las cartas del Prefecto Olmedo destilan lágrimas y pesares por estas pobrezas. LA MARINA. Siendo guayaquileño, debió de mirar Olmedo con predilección el mantenimiento de la marina nacional. Ocurría que el año 20 el Ecuador poseía una respetable flota militar, que le compensaba de las humillaciones que en los años anteriores infligió a la ciudad porteña la prepotencia del vecino sureño en el mar: Guayaquil llegó, como queda dicho, a ser bombardeada por el enemigo que la tomó y desplegó su pabellón en el cerro de Santa Ana. Ahora en cambio el tricolor de Colombia era el que flameaba en el Callao al tope de los mástiles de la fragata "Colombia". A 8 de febrero de 1830 entró en la ría la fragata "Colombia", toda ella empavesada y echó ancla, al cabo de seis meses de haber bogado desde Puerto Cabello. Quinientos sesenta hombres formaron en el puente y en las antenas, al mando de los comandantes Beluche y Leonardo Stagg. Sus 64 cañones saludaron a la ciudad; y con su presencia todos sintieron que de nuevo, como en tiempos pasados, la villa de Benalcázar y Orellana volvía a ser la Reina del Pacífico. A la "Colombia" se agregaba las goletas "Itsmeña" y "Guayaquileña", la corbeta "Pichincha"; los bergantines "Adela" (Tar-qui), "Chimborazo" y "Congreso" y el pailebot "Gracias del Guayas". Varios fueron devueltos por el Perú en esos días, luego de la rendición de Guayaquil. Mas una armada es un arma de guerra, y arma bien costosa; estando tan faltos de fondos como sabemos que estaban, Flores disminuyó el ejército a lo indispensable y también pensó dejar la marina en el nivel mínimo para la seguridad nacional. Propuso al gobierno un plan original; y era que sólo quedaran en Guayaquil la "Colombia", la "Itsmeña" y "Pichincha"; y que las restantes unidades se arrendaran a los patriotas de Filipinas para su independencia. Bolívar estudió seriamente esta propuesta. Pero entre tanto había que hacer penosos sacrificios y sujetarse a gravosos empréstitos para mantener la flota y sus dotaciones. A este enojoso tema aluden numerosas cartas del Prefecto Olmedo: los gastos eran mayores de lo previsto por la Comandancia de la Marina. VIALIDAD Se procuró tener expedito el camino que unía la Costa con la Sierra y que cada invierno lo tornaba intransitable. Preocupó también la reapertura del camino que de Ibarra partía por el río Mira a Esmeraldas. Los presidentes Carondelet y Montes se habían preocupado de él; y ahora el Mariscal Sucre llevó encargo de despertar el interés de Bolívar, en su estadía en Bogotá: lo hizo, él mismo redactó el proyecto, que imponía una cuota de 12.000 pesos a cada departamento para este propósito. La respuesta de Olmedo, a nombre de la ciudadanía, es digna de atención: "La idea de abrir el camino de Esmeraldas es grande y ventajosa: Ojalá que todo el territorio de la República estuviere arado de caminos y canales... Con este fin el gobierno debe promover y proteger semejantes empresas. Pero la justicia exige que los costos de las mejoras particulares de cada territorio salgan de sus propios fondos. El camino de Esmeraldas es útil a otro departamento; y debe ejecutarse, aunque perjudique a los intereses de éste. Pero obligar al Departamento de Guayaquil a que contribuya a su perjuicio, es sujetarlo, contra los principios de la justicia natural a que se labre su propia decadencia y ruina". (42) Esta carta de carácter oficial y varios documentos y hechos posteriores contribuyen a demostrar el pensamiento de Olmedo, y de muchos de sus paisanos, sobre la constitución del Estado. Para ellos existen varias entidades políticas: existe la República de Colombia, que es centrista como se ha dicho. Guayaquil aceptó formar parte de esa República, en calidad de uno de sus departamentos, sujeta a sus leyes y autoridades centrales. Existe también otra entidad el Distrito del Sur, el antiguo Reino de Quito, con quien tiene lazos más estrechos aún. Mas equilibrando, o si se quiere, debilitando, esa gran unidad, Olmedo nos habla de la personalidad del Departamento de Guayaquil, que en ciertas circunstancias puede recuperar su autonomía y actuar independientemente de los departamentos sureños. Vemos aquí cómo defiende que debe existir una economía regional: lo justo, dice, es que cada departamento costee las obras que se hacen en provecho de su zona. La política central de la República obraba en contradicción con este criterio federalista: a la tesorería guayaquileña se le pedían sufragar gastos de bien procomunal, como el mantenimiento de toda la marina, la atención a los diplomáticos colombianos de Europa y en varios países de América; sobre todo, la amortización de toda la deuda de las guerras pasadas, a partir del año 20, incluyendo las expediciones de Sucre al Norte y al Sur. Y lo peor era que, como queda dicho, las arcas guayaquileñas estaban vacías. Varias veces Olmedo reclamó por este desequilibrio en la justicia distributiva en perjuicio del Puerto.

HACIA EL CONGRESO ADMIRABLE Varios temas de capital importancia debía estudiar y solucionar el congreso de Bogotá, el que se ha llamado " Congreso Admirable" . En primer lugar la permanencia de la República de Colombia, cuya existencia se veía amenazada por fuerzas disgregadoras. Relacionado con este punto estaba la elaboración de una nueva constitución; era sabido que la Constitución de Cúcuta de 1821 había sido rechazada por los departamentos del Sur, por el futuro Ecuador, y por el mismo Bolívar. Tenía la asamblea que designar Presidente; o confirmar a Bolívar en ese cargo, o darle un sucesor capaz de continuar la obra por él inaugurada. Todos estos eran temas vitales y muy difíciles de tentar. Ventajosamente para Bolívar y sus partidarios, los diputados eran en su mayoría favorables a los planes del Libertador. Los del Sur especialmente eran aplaudidos por Manuelita Sáenz que escribe: "Dicen que la diputación del Sur es muy buena".(43) El Mariscal Sucre llevaba proyectos precisos a la Asamblea, y en el camino maduró aún más sus ideas. Quería un gobierno, es decir un ejecutivo, firme y provisto de mucho poder; no está de acuerdo con los vaivenes contemporizadores del Libertador: "Siempre insisto, en que si medidas radicales no remedian nuestras desgracias, somos completamente perdidos... Colombia solo anhela por un gobierno vigoroso ". (44> Guiado por su formación militar de toda la vida, habría preferido que el mismo Libertador redactara una constitución para Colombia prescindiendo de las inseguras y aleatorias determinaciones de una convención.(45) Parecía que Bolívar estaba de acuerdo con el Congreso del Mariscal, porque había encargado de redactar las bases de una nueva constitución al cartagenero Juan García del Río. Remitió el Libertador Presidente este proyecto a los departamentos del Sur, en busca de apoyo; y el Sur lo apoyó fervorosamente. El General Flores en persona lo publicó y comentó laudatoriamente en el N° 20 de El Colombiano de Guayas de 20 de abril de 1829, refiriéndose al Eco del Tequendama. Las bases eran las siguientes: - 1. El gobierno de Colombia es popular y representativo. ' 2. Dos cámaras componen el Legislativo. Los diputados son elegidos para un período de cinco años; las leyes sobre contribuciones debían tener origen en esa cámara. El senado en cambio se componía de las altas clases de la nación y de los ciudadanos más beneméritos: de los generales, obispos, hombres de las finanzas, etc. 3. El presidente elegido por las cámaras duraría 10 años. "Mientras que viva el Libertador, padre y creador de Colombia, él será el magistrado ". El sucesor natural en la presidencia lo será el vicepresidente. No habrá, pues, elecciones más que de diputados cada quinquenio, y de vicepresidente cada 10 años. Hay cinco secretarios de Estado, un Consejo, presidido por el vicepresidente y compuesto de los ministros y doce senadores. 4. Puntualiza los deberes y los derechos garantizados a los colombianos y las facultades de los tres poderes del Estado. ,,,,',X Sobre este proyecto y la forma de gobierno, Sucre conferenció largamente con el Libertador en Popayán, en la primera quincena de diciembre de 1829, y estuvo de acuerdo él, igual que la delegación ecuatoriana.(46) Bolívar insistió y convocó a Congreso: sesenta y siete diputados de los tres Distritos debían reunirse en Bogotá en enero de 1830. Sería en palabras suyas un Congreso Admirable.

EL CONGRESO ADMIRABLE VISTO DESDE QUITO El 20 de enero se instaló el Congreso de Bogotá con 47 diputados de los 67 que debía tener: muchos venezolanos faltaban. Todo era expectativa: ¿Se mantendría la unidad de Colombia, amenazada por Venezuela? ¿Si Bolívar se separaba del mando, quién sería el sucesor? Allí estaba Sucre; era el Presidente del Congreso; "el más digno General de Colombia", según proclamó Bolívar; y su candidato declarado para sucederle en la presidencia de la República. Pero el Mariscal Antonio José de Sucre tuvo poderosos e intrigantes adversarios, como lo expresa uno de los ministros del gabinete bolivariano, don José Manuel Restrepo; expusieron que no les agradaba su manera de pensar muy tradicional en un sentido —muy adicto a la dictadura de Bolívar como poco simpatizante de la democracia y sus congresos—; rnuy liberal en otro, en asuntos económicos y religiosos. El diputado granadino, José María del Castillo, consiguió que se aprobara una ley que tenía dedicatoria personal: a saber que el presidente de Colombia debía tener 40 años de edad. Sucre tenía 35; y así quedó excluido de la presidencia de Colombia. (47) Para que el golpe fuera definitivo, el partido antibolivariano lo emboscó en Berruecos y lo sacrificó alevosamente. COMENTARIO DE JOSÉ JOAQUÍN DE OLMEDO Escribe a Flores: "He visto el proyecto de Constitución: Nada de nuevo; nada que pueda conciliar los elementos discordes; nada que sea adecuado a las circunstancias. Con variaciones insignificantes, y prolongación de términos, es la misma Constitución —de 1821— de quien se dice que ha sido insuficiente; y yo lo creo con muelles más flojos. Las Cámaras de Distrito no son sino una copia servil de las Juntas Provinciales de la constitución española. Se recalca mucho la facultad que tendrá que deliberar sobre todo lo municipal: en esto no son las tales Cámaras sino las extinguidas municipalidades. Se exagera la facultad que tendrán de representar todo lo que concierne a los intereses generales: en esto no son más que cualquiera pequeña corporación; ni tienen más atribución que la de cualquier simple particular. No son éstos los remedios que demanda ese cáncer. No hay más remedio que la amputación! Mi humildísima opinión ha sido siempre que, pendiente la instancia con Venezuela, no debía haberse reunido el Congreso; y reunido, debía esperar el éxito de las cosas. No legislar a ciegas sobre pueblos que quizás no pertenecerán a la masa, y sobre supuestos que pueden no existir. Proceder de otro modo es exponerse a ser la fábula de los pueblos. Las bases serán nuevas brasas; y la Constitución una nueva conflagración. El Diablo nos mire con ojos de piedad" . (Guayaquil 21-IV-30) De suerte que José Joaquín Olmedo se mantiene ahora firme al ideal que acarició en 1820, cuando a raíz del nueve de octubre pensó en formar un país autónomo e independiente. En el Ecuador se sabía por momentos lo que ocurría en el Congreso Admirable: las vaivenes de la política, las tendencias predominantes. Desde Bogotá el Mariscal se comunicaba constantemente con Flores; las postas traían abundante correspondencia de los diputados sureños. A estas comunicaciones se refiere Olmedo, diciendo: "Me he impuesto de las cartas que usted tuvo la bondad de incluirme sobre los negocios de Venezuela y el Centro. Nada me toma de sorpresa... Estoy persuadido de que, suceda lo que sucediere, diga lo que dijere el Gran Mariscal, legisle lo que legislare el Congreso, esto no tiene remedio; y que la guerra apresurará la disolución general. Hasta aquí vamos muy bien nosotros los Equinocciales; y no hay temor de que nos turbemos en adelante. Obra será toda de usted. Y mi opinión es de que si en Bogotá lo anulan a usted (como dice tratan de hacerlo) esto precipitará la excentricidad del Sur". (28-IV-30) Se refiere Olmedo a que en el Congreso Admirable de Bogotá había triunfado la facción antibolivariana; las nuevas autoridades elegidas para suceder a Bolívar se daban prisa por separar del mando a los partidarios del Libertador en todas partes. Cabalmente el 27 de mayo de 1830 el General Domingo Caicedo, encargado del poder ejecutivo, trató de separar a Flores del cargo de Prefecto y Jefe Militar del Sur que le confiara el Libertador. En resumen en el Congreso que curiosamente ha seguido llamándose "Admirable" se disolvió Colombia y fenecieron los últimos proyectos de Bolívar. Este Congreso debía nombrar a Bolívar presidente vitalicio y sucesor suyo al Mariscal Sucre. Mas todo este plan fracasó. Y se disolvió Colombia por la definitiva separación de Venezuela y porque el gobierno central resolvió dictaminar leyes sólo para esta fracción de la extinguida República, como lo dicen los considerandos del Acta de Quito de 13 de mayo de 1830.



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