EL ECUADOR SE DECLARA ESTADO SOBERANO (13 de Mayo de 1830)
LFIRMA el historiador Tobar Donoso que la decisión de erigir al Ecuador en estado independiente y soberano:
"...era un suceso que todos los antecedentes volvían perentorio e inevitable; la misteriosa ley de la gravedad política llevaba al Sur a formar un hogar autónomo ". (Causas y Antecedentes de la Separación del Ecuador. 13 de mayo de 1930. Monografías Históricas, 1937)
En verdad la resolución unánime de los Cabildos tomada el 13 de mayo de 1830 fue la culminación, el fruto y complemento de aquella del 10 de agosto de 1809: el Primer Grito de Independencia.
En ambas fechas, Quito, tomando la iniciativa, hace oír su voz y llamamiento a las provincias de la audiencia, pidiéndoles secundar su propósito, que era el de afirmación de su autonomía.
La conciencia que Quito tenía de ser una unidad civil y geográfica venía de muy atrás, de los primeros días de vida de la ciudad, como lo prueba la Comisión que el Cabildo confió a Rodrigo Nu-ñez de Bonilla, a 11 de marzo de 1549 encargándole presentarse ante su Majestad el Rey para pedirle confirmación de los límites que le diera el Marqués Francisco Pizarro. Desde el río Angasma-yo por los términos de Popayán hasta Piura. Que se le otorgara un pabellón que enarbolar en los días solemnes, y fuera la bandera, símbolo de la nación, bajo cuyos pliegues se congregaran los guerreros cuando fuera menester defenderla.
ítem que se le permitiera acuñar moneda propia; y marcar el oro, sin tener que dar cuenta a las autoridades del Virreinato en Lima.
ítem que el Cabildo por sí tuviera potestad de nombrar a los diversos cargos de la ciudad y la provincia.
Este afán de autónoma, aunque dentro del Imperio, se mantuvo perpetuamente; pero sólo en 1830 iba a ser una realidad, debido a los incidentes que ocurrían en el Congreso Colombiano reunido en Bogotá, como lo pensaba Olmedo y con él todo el país.
Pero esta separación del Ecuador, ¿no destruía el sueño y la obra del Libertador Bolívar?
Téngase presente que en mayo de 1830 ya no existía Colombia; se había mutilado y deshecho por la irreparable separación de Venezuela; sólo se trataba de ver si al Ecuador le convenía o no permanecer como una provincia de la Nueva Granada. Provincia fronteriza, lejana y exótica.
Bolívar ideó tres creaciones, tres ideales: cuando libertó a Venezuela y a la Nueva Granada, propuso en 1819 la creación de Colombia.
Luego, cuando libertó al Perú pensó en fundar el Imperio de los Andes. Tercero, para hacer viables estas creaciones redactó una Constitución. Grandes, geniales, difíciles sueños.
Y recuérdese que fue Quito, el futuro Ecuador, sus jefes militares, encabezados por Sucre y J.J. Flores; sus cabildos, los que dieron en Colombia el mayor apoyo a estos proyectos bolivarianos.
En 1822, cuando llegó el Libertador a la capital, Quito aceptó el pertenecer a Colombia, aunque no había participado en los congresos de Angostura y Cúcuta donde se tomó la decisión de fundar la República.
En 1826, Quito, Guayaquil y Cuenca proclamaron y recibieron la Constitución redactada por Bolívar, la Constitución Boliviana, mientras en el Centro y en el Norte se le rechazaba.
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Mas ya en el año 1822, al residir en el Sur, advirtió el Libertador que las leyes y la Constitución dadas en el centro, en Bogotá, sede del Gobierno, no se podían aplicar en el Sur, en el antiguo Reino de Quito. Y lo mismo comprendió el Intendente Gral. A.J. de Sucre: ni las leyes económicas, ni las de comercio, ni las referentes al culto y religión cuadraban en el Sur; tanto que Bolívar las suspendió y cambió.
¿Cómo podía subsistir una unión perfecta con los Distritos del Norte, en esas condiciones de diversidad?
Esta diversidad se fue acentuando y volviendo impracticable la permanencia de un estado centralizado, porque las tendencias de Venezuela y Cundinamarca tarde o temprano desencadenarían la crisis. Esta realidad la meditó y expresó en su permanencia en el Guayas en la campaña de Buijo, como queda dicho. A lo cual es conveniente añadir algunos conceptos más del mismo Libertador a sus confidentes.
El 13 de julio escribió al Dr. Estanislao Vergara:
"Mi opinión es vieja, y por lo mismo creo haberla meditado mucho. Primero: No pudiendo yo continuar por mucho tiempo a la cabeza del gobierno, luego que yo falte, el país se dividirá, en medio de la guerra civil y de los desórdenes más espantosos.
Segundo: Para impedir daños tan horribles, es preferible dividir el país con legalidad y paz.
Reconocía Bolívar que sólo su persona, su prestigio, su genio mantenían unida a Colombia.
Un país que está pendiente de la vida de un hombre corre tanto riesgo como si lo jugaran todos los días a la suerte de los dados". (Lecuna, Cartas).
Quito asumía, pues, la iniciativa, ejercía el papel de nativa capital del país mediante un cabildo amplio, antiguo y legítimo medio de tomar decisiones nacionales.
El General José María Sáenz, Prefecto del Departamento, presidió la reunión, firmó el acta el primero de todos, y se dirigió a Pomasqui, donde Juan José Flores se reponía de una dolencia que daba cuidado a su amigo Olmedo(49); le entregó el Acta de Quito y recibió el juramento del nuevo Mandatario, por el cual se comprometía a desempeñar fiel y legalmente la autoridad suprema a que había sido llamado, por el voto común del pueblo de Quito.(50)
Este era el primer mandato que el General Juan José Flores recibía de una asamblea popular. Basado en él convocó a Congreso Constituyente para el 10 de agosto, en la ciudad de Riobamba.
Se siguieron de inmediato, al unísono, las actas de las capitales y cantones del país: de Cuenca, Ibarra, Otavalo, Loja, de Guayaquil, Riobamba, Guaranda, Alausí, etc. Todas se pronunciaban por un estado autónomo; todas encargaban el poder al General Juan José Flores.
Quizá no ha habido un pronunciamiento tan unánime y tan universal en la historia nacional; equivalía a un plebiscito de frontera a frontera, en que se oía la voz de todos los sectores de la patria, como lo afirma uno de los testigos, el historiador Pedro Fermín Cevallos:
"Todo fue, pues, hacedero, porque todo ocurrió como de acuerdo para construir el Ecuador en estado independiente: los hombres de cuenta y la gente del vulgo juntamente andaban solícitos tras el mismo objetivo, aunque movidos de diferentes impulsos".f51)
Si recorremos las firmas que constan en las actas, hallamos que están los nombres de las personas más representativas del Ecuador: encontramos al Dr. Antonio Ante, reliquia del diez de agosto; la del Pbro. Juan Pablo'Santacruz y Espejo. Cura vicario de Saqui-silí, precursor de la Independencia como su hermano Eugenio; de
Pedro Fermín Cevallos ya citado. Están los hombres honorables y libres como se expresa el Dr. Pedro Moncayo; y no se puede afirmar que todo fue hecho por un reducido grupo, por una "camarilla" de amigos de Flores, guiados por el Procurador de la ciudad Ramón Miño, que asaltó sorpresivamente el poder.
El Acta de Guayaquil merece especial atención, porque expresó dos condiciones esenciales para su adhesión al nuevo estado, como vemos en algunos de sus artículos:
1. El pueblo de Guayaquil se adhiere a los demás pueblos en el voto que han expresado por la división de la República en tres grandes secciones.
2. Quiere expresamente permanecer unido a los otros dos Departamentos (Quito y Azuay), formando una unión firme y sincera, fundada en principios de amistad, igualdad y reciprocidad de auxilios.
4. Quiere que se reúna una Convención de los Departamentos de Ecuador, Azuay y Guayaquil, que tendrán una representación igual, sea cual fuere su población. 6. Quiere que se reconozca siempre la necesidad de que las tres grandes secciones estén enlazadas entre sí, formando un solo cuerpo político, con el glorioso nombre de Colombia.
La igualdad de representación en la futura convención era una idea y convencimiento muy personal de Olmedo y muy arraigado en su criterio, como se echa a ver en sus intervenciones en las asambleas de 1830 y 1835.
Era también sincero su anhelo de mantener la existencia de Colombia, aunque no en la forma centralizada, sino en la federal, en la que existiera un cuerpo regulador, a cuyo cargo estuviera la vigilancia de las leyes comunes y de relaciones internacionales.
Por fin, era espontáneo en todo el país, de manera especial en el Cantor de Junín, el reconocimiento, el afecto, la gratitud, a la memoria del Libertador Bolívar, que dio la independencia y ser republicano a la Nación.
Días después Flores recorrió el país y anunció a Olmedo que se dirigía a Guayaquil. Olmedo le contesta, haciendo gala de la versatilidad de su pluma, para saltar de lo serio a lo humorístico y familiar:
"Muy contento estoy con la venida de usted. Y no digo más porque luego hablaremos mucho.
Usted sabe cuáles son mis ideas en punto de aparato y exterioridades. Sin embargo creo que al presente conviene que usted no entre a oscuras; en otras circunstancias sería cosa indiferente o buena; pero, en el día, es indispensable que r' usted entre en público, en medio de la guarnición, y al rui-• do de las salvas.
Exijo de la amistad de usted que se preste a esta pequeña demostración no por honor a usted, sino porque así interesa a la causa pública.
Si no lo alcanza la amistad, apelaré a mi autoridad para mandárselo. Usted, aunque es Jefe del Sur, todavía no ha tomado posesión del mando de este Departamento después de su transformación. Por tanto, yo soy el que puedo prescribirle las condiciones con que usted puede entrar en mi territorio.
Luego 'que usted llegue a Babahoyo, mándeme a avisar el día preciso de su venida, que según las mareas del viernes puede ser alas 3 o 4 de la tarde.
Nos hallamos sin vinos de ninguna clase; y así sólo remito a usted una docena de Champagne. Cerveza no se halla por nada. Yo tenía unas nueve botellas que van también con el amigo Guerra. Y seis de sidra. Nada más hay que remitir a usted para refrescarle de sus fatigas, y para manifestarle lo contento que estoy con su venida.
Guayaquil, junio 8 de 1830".
Cuando Flores partió de Guayaquil a la capital, Olmedo termina la siguiente epístola con estas frases:
"... cuídese usted mucho; porque usted no es de usted. Usted es ya del Sur, de su familia, de sus amigos, y mío ". (14-VI-30) |