24- Pasto y Popayán se unen al Ecuador al antiguo reino de Quito

Descipción de este artículo:

Al constituirse el Ecuador como estado soberano, en 1830, precisó la extensión de su territorio diciendo: "El territorio del Estado comprende los tres departamentos del Ecuador en los límites del antiguo Reino de Quito". (PRAN 1-Constit. Art. 6) Se aludía a la determinación regia que constituyó la Audiencia, por cédula de 29 de agosto de 1563: "Por la costa hacia Panamá, hasta el Puerto de la Buenaventura; y la tierra adentro, a Pasto, Popayán, Cali, Buga..." El pueblo ecuatoriano y sus gobernantes se van a esforzar en mantener este territorio, basándose en el principio del utiposside-tis inris de 1810, según el cual cada república mantenía la extensión conferida por la Corona, hasta esa fecha. Así lo entendió Bolívar y también los pueblos. Se demuestra claramente esta costumbre en el arbitraje entre Bolivia y el Perú; se admitió: "Que todo el territorio que en 1810pertenecía a la Audiencia de Charcas sea de la República de Bolivia ". (Julio Tobar Donoso: La Invasión peruana y el Protocolo de Río. Quito, 1945) Pero la Audiencia de Quito nunca había sido "pretorial", sino dependiente del Virreinato de Lima o de Santa Fe. A partir de la revolución de las Alcabalas, el virrey adquirió un poder de gobierno desproporcionado sobre Quito. En consecuencia, ambos estados vecinos van a tratar de anexionarse el Reino de Quito. Y se debió a la decisión enérgica del pueblo, bajo la guía del General Juan José Flores, que el Ecuador subsistiera y no fuera absorbido por el vecino fronterizo del Norte o del Sur. El Ecuador se estableció por la unión de los tres departamentos sureños; a los cuales trató de sumarse el Cauca, basado en el uti possidetis de 1810; y en el otro principio de la voluntad de los pueblos. Pero ninguno de los dos fue aceptado por la Nueva Granada. Don José Manuel Restrepo, político e historiador de la Nueva Granada, que intervino en las reuniones limítrofes de Ibarra y Quito, en 1832, con José F. Valdivieso, Nicolás Arteta, José Joaquín de Olmedo, repetidamente dice en su Historia de la Revolución de Colombia que la Audiencia de Quito terminaba en el río Carchi. Para él lo que valía era la división territorial de 25 de junio de 1824, en la que Bogotá segregó el Cauca del departamento de Quito. Y en cuanto a los pronunciamientos de los pueblos de Pasto, Popayán y las otras ciudades del Cauca que libremente, en cabildos ampliados, se pronunciaron por pertenecer al Ecuador, la fuerza de las armas los desconoció. Para Restrepo, por lo tanto, los esfuerzos de Flores por apoyar esa determinación del Cauca eran injustos, agresivos, violadores de los derechos. (J. Jijón, "Documentos del Pronunciamiento de Pasto y Popayán", en Documentos para la Historia. CXCVIII y SS) Y existía otro elemento en contra: El Cauca era el feudo de los Generales José María Obando e Hilario López, los cuales eran dueños también del ejército allí estacionado, para imponer con él su decisión según sus conveniencias. El plan o sueño de estos dos hombres era formar un estado independiente; les pareció luego buena táctica adherirse al Ecuador, cuando se vieron amenazados por Rafael Urdaneta que los acusaba de asesinos de Sucre. Restablecido el gobierno liberal, les fue más útil entregar el Cauca a la Nueva Granada, donde les esperaban altos puestos en el gobierno y ejército; y borrar, asi, la imputación del crimen de Berruecos. Pedro F. Cevallos y Jacinto Jijón, han tratado acertadamente y en compendio este tema, alejados de las interpretaciones provenientes del partidismo liberal, que todo lo explica inculpando al Presidente Flores. Se dice, por ejemplo, que él ignoraba el argumento del uti possidetis. ¡No es verdad! A 5 de septiembre de 1831, el Ministro de Flores, F. Valdivieso, en oficio al Min. de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada, le dice: "El territorio del Cauca fue un departamento tan independiente como todos los demás del Centro, de Venezuela y del Ecuador, sin que ninguno tuviera posesión de él. Y si se atiende a la antigua demarcación, la Provincia de Popayán era una parte integrante del REYNO DE QUITO, sujeta a su territorio judicial hasta nuestra transformación política. Convencido el Gobierno de estos principios, no pudo menos que dar favorable acogida al voto libre y espontáneo de aquellos habitantes ". (Jijón, Documentos. XXCCVIII) Expone Jijón: Estrechos vínculos intelectuales y comerciales ligaban al Cauca con Quito, en la era hispanoamericana: a las universidades de Quito afluían estudiantes del Cauca, como el obispo José Cuero y Caicedo; Popayán era el mercado preferido de los pañeros quiteños, que lo pagaba con el oro de sus minas. Cuando mandaba la Junta Suprema de 1809, organizó un ejército para sujetar a Pasto a la obediencia; en 1811 tropas quiteñas la ocuparon: y más adelante ellas, al mando de Flores principalmente, vencieron a los realistas en 1825. ! PASTO Y EL CAUCA ENTRE 1830 Y 1832 Narra J. M. Restrepo que en 1830 la situación en el Centro fue caótica, luego de la separación de Bolívar; se suceden los levantamientos de provincias y de batallones. El erario está exhausto. El Ecuador, en cambio, se había establecido desde el 13 de mayo del lo incorporó después a la Nueva Granada, por un acto arbitrario y despótico, sin que yo hubiese empleado esfuerzos para sostener el pronunciamiento de los pueblos". (Contestación del Gral. Flores al Gral. J.H. López, A.F.) Jacinto Jijón comenta: "Obando, payanes de nacimiento, conocía a maravilla a las gentes de su tierra. Era sumamente astuto, maestro en el arte de intrigar. No era hombre para batir en campal lid a Flores, ni en el terreno diplomático ni en el militar. Flores era muy hábil en el arte de ganar voluntades; el otro poseía las dotes de guerrillero famoso. Aquél, leal en sus compromisos, juzgaba, un tanto ligeramente, que los demás estaban dotados de la misma escrupulosidad para cumplir su palabra; creencia que le costó, en ocasiones, graves disgustos. Para Obando no existían los reparos de la fe jurada, ni los compromisos contraídos ". (Política Conservadora. 1929-453) En respuesta Flores se preparó a la defensa armada, dice P.F. Cevallos, y escalonó tropas desde Otavalo hasta Pasto, fortificó el Juanambú; y volvió a Quito, al saber que venía una delegación granadina a tratar de paz, dejando la defensa al General Antonio Farfán y Coronel José M. Guerrero. LAS CONFERENCIAS DE PAZ EN IBARRA Y QUITO Bogotá diputó dos comisionados al Ecuador, Monseñor José María Estévez, Obispo de Santa Marta, y al ministro José Manuel Restrepo, cuyas ideas ya hemos citado. El Ecuador, a los señores José Félix Valdivieso, Pedro José de Arteta y José Joaquín de Olmedo, quienes a 25 de mayo de 1832 propusieron, como base para los arreglos: "Las provincias de Pasto y Buenaventura quedan definitivamente incorporadas al Ecuador; y la futura Convención de Colombia decidirá sobre el Chocó y Popayán ". Los granadi- nos no lo aceptaron, luego propusieron que cada Estado conservara sus actuales posesiones, hasta la resolución por arbitraje. Ocurrió entonces la sublevación del batallón "Flores", que debilitó la posición militar ecuatoriana, y permitió que la delegación norteña se volviera sin conceder nada, sino aferrada a la tesis de 1824. Es digno de conocerse el parecer de Olmedo, tomado de una carta inédita de 14 de noviembre de 1831, dirigida al Presidente Flores: "Usted como todos nosotros ha previsto las consecuencias que debían traer los pronunciamientos y sucesos del Cauca. Me parece que dije a Ud. una vez, que en una línea más allá del Juanambú, no encontraríamos sino la guerra civil. En fin está ya pronunciada; y la conducta de Obando, y las resoluciones de nuestro Congreso son el prólogo del rompimiento de hostilidades. Estas cosas me desvelan y atormentan sobremanera: primero porque está amenazada la existencia o reposo del Ecuador; porque nuestros pueblos van a sufrir nuevas calamidades y va a continuar por mucho tiempo el laberinto de la hacienda, cuando rayaba el crepúsculo de su organización. Y por fin la reputación y nombre de Ud.... En toda Colombia y fuera de ella, cuantos no conocen de Ud., pondrán en Ud. la causa y origen de la guerra y de todos los males... Dirán que Ud., está dominado de ambición y del espíritu de conquista... La protección que hemos debido y debemos al Cauca, ha sido y es sin exponer nuestra existencia política y la tranquilidad interior". (A.F) Es muy digna de consideración esta postura de Olmedo, que también será de otros políticos ecuatorianos; mantener solamente la línea del Juanambú, olvidando a Popayán. No arriesgar una guerra y todas sus consecuencias funestas, por mantener esos territorios. Se había cumplido con el compromiso de "proteger" la voluntad de los caucanos de pertenecer al Ecuador.

PÉRDIDA DE PASTO Sin embargo, no se pudo mantener ni la frontera propuesta por Olmedo, debido a desastres militares que sobrevinieron. Primero la lamentable sublevación del batallón "Flores" en Ambato, 14 de agosto del 32, "sea por desafecto al Gobierno —dice P. F. Ceva-llos— o simplemente llevados del deseo de pillaje". Estas sublevaciones eran continuas, lo mismo en la Nueva Granada que en el Sur y otros Estados. Victimaron a sus jefes, saquearon ciudades, de suerte que fue necesario combatirlos en forma, y diezmar un excelente batallón. Más lamentable fue la actitud de las tropas de la frontera Norte, donde Obando usaba toda clase de intrigas para minar su moral, especialmente de los oficiales de origen neogranadino. "Nada recabó de éstos; pero sí de un ecuatoriano, el teniente Coronel Ignacio Sáenz, hermano del General José María, que llevado de su mala índole, cometió la infamia de hacer traición a las banderas de la Patria, traición que resolvió en contra la suerte de la campaña ". (Cevallos, o.c.) En efecto, conquistado por Obando, se pasó a él con 220 hombres de su batallón, dejando descubierto el paso estratégico del Juanambú, que ocupó inmediatamente el enemigo, abriéndole así la puerta de Pasto. La traición desmoralizó a las tropas sureñas y a su General A. Farfán, que emprendieron la retirada. Todo esto volvió inútil la llegada del General Flores a Túquerres con el batallón Granaderos, a octubre 1. El, más que nadie, sabía cuanto costaba una reconquista de Pasto; y en circunstancias en que Farfán abandonó cañones, quinientos fusiles y más de veinte mil tiros, junto con los equipajes y también las milicias de Pasto; todo lo cual pasó a Obando. Se llegó a un inesperado armisticio, debido a una visita sorpresiva de Obando al campamento del General Flores, en son de buscar el cese de hostilidades y tentar vías diplomáticas. Mucho se ha hablado sobre el "abrazo de Túquerres"; por entonces evitó la guerra y los desastres que temía Olmedo, especialmente para la postrada hacienda pública, no sólo en la Sierra, sino también en Guayaquil; las cartas de Olmedo en estos meses no hacen más que deplorar la pobreza del fisco: "Desde que regresé a la Prefectura no ha habido más tesorería que mi bolsillo, para los gastos pequeños indispensables", (a Flores, 5-I-33-A.F.) En diciembre del 32 se tuvieron las negociaciones entre Pedro José de Arteta y el General Joaquín Posada: se reconocieron mutuamente los Estados, pero se fijó la frontera de acuerdo a la ley del año 24. tenazmente defendida por la Nueva Granada. Los historiadores ecuatorianos se sienten frustrados al terminar este capítulo: Cevallos, Le Gohuir, Jijón, encuentran la explicación en las circunstancias desafortunadas aquí señaladas. Los de tendencia liberal hacen recaer toda la culpabilidad en el Presidente, con expresiones tales que se refutan por sí mismas, sin que merezcan se gaste tiempo en atenderlas. LA REVOLUCIÓN DE LUIS URDANETA, 1830-1831 Empezó el Ecuador su vida republicana en paz; su mayor problema era cimentar la adhesión de Pasto y Popayán, que se habían pronunciado por pertenecer a la república ecuatoriana, cosa muy natural, ya que a Quito habían pertenecido por siglos. Su manera de ser, sus inclinaciones políticas y sus intereses estaban ligados al Sur. El Presidente marchó a Pasto para atender a ese negocio que era civil y militar; porque Bogotá miraba con ojos amenazadores la desmembración del Ecuador, y muchísimo más la de Pasto. Durante su ausencia se encargó del ejecutivo al doctor José Fernández Salvador, presidente del Congreso, debido a que no pudo lr a Quito el vicepresidente José Joaquín de Olmedo.

Bogotá, en cambio, hervía en acontecimientos inquietantes: el gobierno constitucional de Joaquín Mosquera, salido del Congreso Admirable, sufría crisis tras crisis, hasta que sucumbió. Mosquera era víctima de las violencias de los dos partidos: del boliva-riano que lamentaba la separación del Libertador, y del liberal, con quien de hecho, y quizá por temor, estaba gobernado. Los departamentos eran lentos en prestar juramento a la constitución de Bogotá; se multiplicaban las sublevaciones armadas, reinaba la anarquía; y el gobierno carecía de fondos con que pagar los sueldos completos de civiles y militares. Todo esto hizo zozobrar a Mosquera y Caycedo. Hábilmente se preparó el camino para sucederle el prestigioso General Rafael Urdaneta, que tomó el poder con la promesa de llamar al Libertador, entregarle el mando absoluto, y reconstruir a Colombia. Mandó una delegación a Cartagena, el 7 de septiembre de 1830, donde se encontraba Bolívar, muy enfermo y quebrantado, disponiéndolo todo para emigrar del país. Emocionó al Libertador este último grito de socorro que le lanzaba la Patria: siempre había sido presto para escucharlo; mas ahora ya no era posible, no tanto por su postración física, cuanto por respeto a su honor y su conciencia: porque no podía, no quería, recibir el mando de una facción revolucionaria, aunque ésta fuese de sus amigos. Ofrece, sin embargo lo que le queda: apoyará al gobierno de Urdaneta, porque al fin este General está salvando a la Nueva Granada de un naufragio cierto; pero sólo servirá como soldado y ciudadano, ya no como jefe de Colombia. Y se le escapan reprimidos gemidos en que se desahogan los sentimientos del hombre que ha sufrido el ostracismo, y el vilipendio de venezolanos y granadinos: "No tengo Patria a quien hacer el sacrificio de mi existencia". "He arado en la mar". "No espero la salud para la Patria ". "América sólo sirve para emigrar de ella ". (61> Por esos días visitó a Bolívar el Coronel José María Urbina, comisionado por Flores para manifestarle el aprecio del pueblo ecuatoriano y explicarle las razones de la separación del Ecuador. Bolívar le contesta desde Barranquilla, a 9 de noviembre, en larga y memorable carta: agradece emocionado por los sentimientos del Sur para con él, y comenta: "Urbina me asegura que el deseo del Sur es terminante, de acuerdo con la inspiración que ha traído, con respecto a la independencia de ese país. Hágase la voluntad del Sur, y llene usted sus votos... Hablaré a usted al fin de mí. He sido nombrado Presidente por toda la Nueva Granada... Yo no he aceptado este cargo revolucionario, porque la elección no es legítima; luego me he enfermado, por lo que no puedo servir ni aun de subdito. Las elecciones se están verificando... Aseguran que tendré muchos votos... Usted puede considerar si un hombre que ha sacado de la revolución las anteriores conclusiones tendrá ganas de ahogarse nuevamente, después de haber salido del vientre de la ballena...". <62> Las cartas citadas del Libertador, confirman hasta la saciedad su voluntad definitiva de no aceptar el mando. Expresan también, una vez más, su aprobación al establecimiento de la soberanía ecuatoriana. Mas los Urdanetas tenían otras miras a todo trance y en todo caso, aun sin Bolívar en el mando; querían la unión total y sujeción del Ecuador a la Nueva Granada, para intentar luego la de Venezuela y reconstruir a Colombia. Para esto fue enviado a nuestras playas el General Luis Urdaneta, uno de los proceres del 9 de octubre de 1820 en Guayaquil, y de Tarqui, en 1829. El vicepresidente Olmedo residía en Guayaquil, ejerciendo a la vez el cargo de Prefecto del Departamento, y seguía de cerca los sucesos, lleno de preocupación, como vemos en su carta del 14 de noviembre al Presidente:

"La carta de usted del 7 me da satisfacción y cuidado. Al saber que la opinión pública se declara y afirma a favor de nuestro nuevo orden de cosas, no puedo menos que llenarme de la mayor complacencia. Pero el progreso que va haciendo la agitación del Centro de Bogotá, y el plan que según todas las apariencias ha formado el gobierno provisorio —de Urdaneta—para forzar la corriente a su antiguo cauce, me inquieta demasiado; porque no sabemos, ni nadie puede adivinar, la influencia que tendrá el éxito sobre nuestro país".<63) Debió de crecer esta ansiedad a la llegada de Luis Urdaneta, provisto de cartas, recomendaciones y proyectos. El mismo nos informa de su situación. Esperaba convencer a Flores y obtener su cooperación, porque le traía cartas de Bolívar. No las conocemos, no han llegado hasta nosotros: parece que en ellas le insinuaba cooperar con Bogotá. Pondera Urdaneta las divisiones que se dieron en el Congreso de Riobamba; pero reconoce que el pueblo está por la independencia. En efecto, no se va a apoyar en él, en el pueblo, sino en el ejército; en el ejército y en la marina; aunque dice que los encontraba "en esqueleto", con sólo el personal indispensable. Tiene un arma mágica, el nombre de Bolívar idolatrado en el Sur y el espejismo de su vuelta al poder. Mas es un arma de doble filo: porque ¿qué es lo que quería el Libertador? (64) El historiador granadino, exministro de Bolívar, José M. Res-trepo, nos dice que se inventaron por esas fechas cartas del Libertador <65) Igualmente, se le dieron informes falsos respecto de la situación del Ecuador, para violentar su voluntad. Se le decía que todo el pueblo del país quería unirse otra vez a la Nueva Granada, aceptar a los Urdanetas y proclamar el mando de Bolívar; que sólo el presidente Flores estorbaba esta voluntad universal. Esto equivalía a decir que los ciudadanos más prestantes, autoridades y padres de familia de todas las ciudades que firmaron las actas en que se pronunciaron por la soberanía del Estado y fundaron la República del Ecuador, en mayo de ese año, apenas seis meses después volvían atrás, violaban esa revolución y esos juramentos. Con razón proclamaba el doctor José Fernández Salvador: "Os engañan los que usurpan el nombre del Libertador para mancillar su gloria y la vuestra... El padre de Colombia es incapaz de felicitarse de los males del Sur". Flores comprendió lo que se avecinaba e intentó pasar el golpe de razones y negociaciones: a Rafael Urdaneta le dice que aceptaría la confederación colombiana, como lo quería la Constitución. Con Luis es más explícito: "El Ecuador fue el país más fiel a Bolívar ". Pero luego que abdicó el mando y se despide de la República, ¿qué otra cosa nos queda sino de mirar por nuestro propio bien? Nuestra dependencia de Bogotá no sólo era ya contraria a los verdaderos intereses del Sur, sino que debía considerarse como un perjuicio. (66) El Ecuador se pronunció por su soberanía, se dio una constitución, cuyo mantenimiento él ha jurado: "Y ni el Libertador, ni ningún hombre que ame la justicia y la fuerza de semejantes compromisos, puede exigir de mí una conducta contraria a ellos...". Todo estaba dicho. Urdaneta empero no cejó: se creía seguro; ni iba a desperdiciar la gran oportunidad de su vida de convertirse en héroe de primera magnitud en esta tierra, a la sombra del Libertador y de Colombia. Logró sublevar a los batallones de Guayaquil y luego a los de Azuay. Así se dio el primer cuartelazo en la historia de la República. Espanta la facilidad con que en esta etapa, luego de la independencia, podían los jefes levantar en armas al soldado, y llevarlo a la pelea en favor o en contra del gobierno; en favor o en contra del mismo Libertador. Ocurría eso en todas partes: recuérdase, entre otros hechos, el levantamiento de la Tercera División de Colombia acantonada en Lima, que vino al Sur en contra de Bolívar, el cual ostentaba el mando supremo y dictatorial. La insubordinación armada del héroe de Pichincha, el General Córdoba, contra Simón Bolívar; el motín del cuartel de La Paz contra el Mariscal Sucre. Se desconoció, pues, en el Sur la Constitución y la presidencia de Flores; el vicepresidente y prefecto Olmedo fue destituido en Guayaquil, y nombrado en su lugar, ¡oh asombro! su cuñado Don Martín Santiago Ycaza. De inmediato se dispuso Urdaneta para ascender a la Sierra e imponer en toda la República la sujeción a la Nueva Granada. (28-XI-1830) LA REPERCUSIÓN EN QUITO. 4 DE DICIEMBRE DE 1830 Como el estallido de una bomba se escuchó en la capital la noticia del cuartelazo de Guayaquil: el Prefecto, General José María Sáenz se apresuró a comunicárselo al presidente Flores, asombrado de la infidelidad e inconstancia de los guayaquileños: "...Se hará usted cargo de la infidelidad e inconstancia de los Guayaquileños, quienes se han pronunciado por S. E. el Libertador, trastornando absolutamente el orden constitucional, y contrariando la voluntad pública. El Coronel Vásconez me ha asegurado que el Batallón Cauca y el Escuadrón Cedeño vienen sobre este departamento. Véngase usted volando, volando: pues usted ve que su presencia en el día en este país es más interesante que en ninguna ocasión... Véngase, pues, que aún pueden las cosas ser susceptibles de alguna mejora. Sólo me queda lugar para asegurar a usted de mi invariable afecto, con el que me repito su fiel amigo que le ama de corazón. José M. Sáenz". (67) Igual manera de enjuiciar la situación tenía el presidente encargado, doctor José Fernández Salvador. Si Sáenz estaba temeroso ¿qué podía sentir un togado, un hombre de libros, a quien las circunstancias habían llevado a ser el defensor de la Constitución y de la existencia del Estado contra la insurgencia militar? Escribe, pues, a Flores: "...Le ruego me saque de las angustias que^ufro caminando en una región que desconozco; y que se venga cuanto antes para darnos consuelo y la satisfacción que siento con el trato de usted". Reunió el Consejo de Estado, el día 4 de diciembre, a la noticia de los acontecimientos en Guayaquil, y comprobaron que apenas tenían con qué defender la ciudad y el departamento de un asalto de los veteranos del Sur. Todo lo espera de la sagacidad militar del General Flores: "La persona de Usted en Quito es de necesidad vital. Sólo usted puede enderezar las cosas, metiendo en orden a los cuerpos alucinados. Creo, pues, que nos conviene que usted vuele, antes que Carabobo se ponga en marcha para Quito". Añade algo que era alentador, al decir: "El pueblo de Guayaquil no se ha movido". No encontraba ürdaneta resonancia en el elemento civil, confirman todas las noticias. A las 5 p.m. del siguiente día reunió Fernández Salvador otra vez al Consejo, y resolvieron defender la ciudad, tomando medidas militares. Pidieron también que el Ejecutivo manifestara su pensamiento en una proclama a todos los pueblos, rechazando la revolución:

"Nada digo en ella que pueda ofender: sólo hablo de que los cuerpos disidentes juraron nuestra constitución; de que deben respetar los derechos del pueblo; y de que el Ecuador ha dado pruebas clásicas de respeto y veneración a la persona del Libertador. Hoy a las dos reuní a las personas influyentes para exigirles su voto por el sostenimiento de nuestra independencia, y manifestarles que el Gobierno nada podía hacer sin su cooperación. Dijeron que era inevitable la defensa de las le\>es, y que trabajarían para reanimar el entusiasmo público. Pero nada de esto llena la falta de usted. Usted y sólo Usted puede contener los progresos del mal...". Í69) La proclama dice: "José Fernández Salvador, Encargado del Poder Ejecutivo. Ecuatorianos: un acontecimiento escandaloso me veda cumplir el propósito de pasar en el silencio el corto período de una administración accidental. Mientras que el Jefe del Estado visita los confines del Norte para afirmar la paz, la fuerza encargada de custodiar vuestros derechos da a las márgenes del apacible Guayas la señal funesta de la discordia. Fascinada la guarnición de ilusiones que inventaron los enemigos del orden, atropello las instituciones formadas con su apoyo y bajo la salvaguardia de sus más solemnes juramentos, y derroca en las tinieblas de una noche aciaga el baluarte en que depositaron la dicha del Ecuador los órganos de la voluntad general... ¿Puede existiría voluntad cuando la fuerza, erigiéndose en cuerpo deliberante, arranca la le)' de su augusto trono para colocar sobre él los instrumentos de la violencia..? ¡Ahí: os engañen los que usurpan el nombre del Libertador para mancillar su gloria y la vuestra... El Padre de Colombia es incapaz de felicitarse de los males del Sur. Hijos de Guayaquil: la Patria afligida se consuela de veros firmes en el amor al orden. Cansados de revoluciones mostráis el buen sentido que distingue a los hijos de la paz... Palacio de Gobierno en Quito, a 7 de diciembre de 1830. ^ ¿Qué le parece a usted el fenómeno de un abogado proclamando a soldados..? Vuelvo a decir a usted que vuele, ¡vuele, vuele, vuele! Sin usted se acabó la Patria. Este es el voto general". <7I) LA NOCHE DEL 9 DE DICIEMBRE El sesgo de los acontecimientos empeoró cuando el escuadrón de Quito plegó a la revolución. Lo consiguió el Coronel Sebastián Ureña venido para eso de Cuenca. Participó el General Sáenz en la reunión de oficiales convocada por Ureña y refiere como sigue su actuación en ella, en carta a Flores: "A las 11 de la noche del día de ayer —nueve— ha llegado aquí el Comandante Ureña... torrentes de sangre iban a correr en este lugar inerme; él habría sido indefectiblemente envuelto en los horrores de una invasión desastrosa. La oficialidad, y el escuadrón todo, estaba decidido a seguir los votos de los demás cuerpos del ejército. Para evitar, pues, males imprescindibles; y lo que es más, para salvar el honor de usted, altamente comprometido, de algún suceso desagradable, toqué en el acto cuantos resortes estaban a mi alcance para evitar la reacción. Ella era hecha, y no me quedaba más partido que poner a cubierto su persona de un modo decoroso; así es que conseguí que en el acia de transformación se hiciese a usted la justicia que se debe a su mérito y virtudes. Usted ha sido nombrado en ella Prefecto General y Comandante en Jefe del Ejército. Tal ha sido el resultado preciso de una cadena de sucesos... Ahora lo que conviene es que usted se venga sin pérdida de tiempo; para ello intereso a usted mi amistad, y aun se lo suplico por lo más sagrado... ¡Ceda al imperio de las circunstancias! Usted es fecundo en recursos, tiene amigos, y aún queda tiempo para que usted salga dignamente de un desenlace forzoso. Confieso a usted con la ingenuidad de mi carácter, que si he aceptado continuar interinamente en la Prefectura, ha sido para evitar que el Departamento sea presa de la más espantosa anarquía; y sobre todo por poner a cubierto de cualquier insulto a su amable familia... Verdadero antiguo amigo que lo ama de corazón. J. M. Sáenz". ™ Efectivamente se nombró al General Juan José Flores, prefecto general y Comandante en Jefe en el acta de pronunciamiento de la guarnición de Quito. Flores tuvo ese cargo dado por el Libertador: fue destituido de él por el gobierno constitucional de Bogotá; y ahora un batallón de Quito se cree autorizado para darle este nombramiento, a la vez que lo destituye de Presidente del Ecuador. Confirma el hecho el General Barriga. Este General fue nombrado jefe departamental por el presidente encargado. Barriga lo aceptó para evitar mayores males: convocó a una reunión de oficiales y dice que tras maduro examen resolvieron aceptar lo resuelto por el Escuadrón, y encargar a su vez a Flores de la prefectura y comandancia militar.(73) Esto ocurría en la madrugada del diez de diciembre. DÍA ONCE DE DICIEMBRE: CONTRARREVOLUCIÓN Amaneció, pues, el día 10 con la noticia de la sublevación capitalina y con los comentarios del pueblo consternado. Existían dos gobiernos: el militar, encabezado por el Consejo de Guerra, que daba cargos, y el civil, bajo el presidente interino José Fernández Salvador, "que pasaba angustias de muerte"; pero que se mantenían sin abdicar de su poder constitucional, apoyado en el derecho, en la ciudadanía, en el General Matheu, en el General Barriga, hasta cierto punto; y sobre todo en el Presidente Flores y en sus recursos providenciales. El Prefecto accidental, General Sáenz se apresuró la mañana del diez a enviar despachos a Guayaquil y Cuenca comunicando "el glorioso suceso"; "congratulándose de que el Libertador salvaría a la Patria de la anarquía". Pidió además al Gobernador del Chimborazo que se pronunciara también igual que el cuerpo de Quito. (74) Cuando he aquí, al día once a las cuatro de la tarde, se dio un contragolpe en el cuartel, a favor de la Constitución y del Gobierno establecido; siendo reducidos a prisión el Coronel Sebastián Ureña y el General José María Sáenz. Cevallos dice que la contrarevolución fue promovida por el General Matheu, Vásconez y Barriga. (75) Y lo confirma Luis Urdaneta. (Jijón, o.c., xc) El doctor Fernández Salvador lo refiere así: "Excmo. Señor General J. J. Flores, Presidente del Estado del Ecuador. Quito, diciembre 11 de 1830. Mi muy amado amigo: Ayer y hoy han sido para mí días de muerte... Hoy a las cuatro de la tarde hizo su reacción el mismo cuerpo, proclamando al Gobierno legítimo, y me pasó el acta, después de haber arrestado al Coronel Ureña, a dos o tres oficiales más, y a mi yerno José María.

El pueblo alto y bajo, que ha gemido de indignación al verse esclavizado, de repente se halla loco de alegría. Yo siento infinito gozo de comunicar a usted esta noticia porque me atormentaba el pesar de la Patria y de usted. Apresure su marcha..."<76) El doctor Fernández Salvador mantuvo preso a su yerno el General Sáenz; y nombró Prefecto de departamento al General Manuel Matheu, el cual desplegó gran actividad para reunir en Ambato y Chimborazo dinero, caballos y tropas y toda la pólvora de la fábrica de Latacunga: porque seguía el peligro de invasión por los cuerpos del Sur. Crecían los temores porque llegaron rumores de insurrecciones en Pasto y de que el Presidente Flores "había sido amarrado" allí. (77) Otamendi, el aguerrido, llegó con la vanguardia a la Capital, y con la nueva de que el Presidente venía a marchas forzadas. Matheu, previsivo en todo, le escribió a 16 de diciembre, informándole que por las tardes llovía en la ciudad, y que por lo tanto le pedía que entrara en Quito por la mañana, para que lo hiciera bajo un cielo hermoso, acompañado de sus amigos, presagiando la victoria. (78) Llegó el Presidente Flores el 17 a Quito, y como lo esperaba José Fernández Salvador, debeló la temible revolución de Urdane-ta: "El tacto hábil con que el Presidente Flores se condujo, aún falto de medios de toda clase, proporcionaron al Gobierno un triunfo completo, sin que se derramara una gota de sangre ", comentó González Alminati. (79) El General Sáenz guardaba prisión; al comenzarse las negociaciones entre los delegados del presidente Flores y del General Ur-daneta, estipulaba éste "que sean puestos en libertad el General José María Sáenz y los oficiales sublevados". Flores llamó al servicio a los oficiales retirados, y luego a los ciudadanos aptos para 'formar milicias. Empezó por anular al escuadrón de Granaderos que venía desde ¡barra, por extraviados caminos de la cordillera oriental, a unirse con Urdaneta; el comandante Zubiría los batió en Píntag. El mismo General Flores llevó sus escasos escuadrones a Saquisilí, desde donde los colocó en lugares estratégicos, para distraer al enemigo. Había que detener a Urdaneta a todo trance, porque la inacción y la indecisión era la mejor arma que minaría la moral de sus tropas, haciéndoles perder la confianza en su jefe. Con este fin el Presidente multiplicó las cartas y las comisiones y negociadores con el fin de lograr un armisticio y la detención de los invasores, que habían avanzado hasta Latacunga. Al fin el 11 de febrero se convino en que el pueblo ecuatoriano no ofrecería resistencia, antes adhesión, a la Jefatura Suprema de Bolívar, caso de proclamarla él mismo. Pero que si no se verificara tal condición, quedaría libre. El ejército sublevado podía someterse al Estado del Ecuador o pasar a otro. Días antes, el 7 de febrero, escribía Rafael Urdaneta a su primo Luis: "la muerte del Libertador es una calamidad en estos momentos más que en cualesquiera otros; porque con su nombre todo estaba hecho. Pero yo me he propuesto seguir con Colombia, y este nombre tiene muchos amigos ". Y el 28 a O'Leary: "Venezuela y el Sur están separados de hecho; y no será mucho que me contesten 'que con qué autoridad los convoco yo'. Si Ud. supiera la inmensidad de las dificultades en que me encuentro hoy. Me atacan por venezolano; hacen desmayar a los pueblos con la muerte del Libertador, di-ciéndoles que ya no tienen a quien defender", í Jijón. Documentos. CIV CV) La noticia de la muerte del Libertador, acaecida el 17 de diciembre en Santa Marta, cubrió de duelo a todos, y quitó motivos a la sublevación de Urdaneta. Trató éste, sin embargo, de salvar su faz y sus propósitos proponiendo al General Flores que se uniera con él para reconstruir de todas maneras a la antigua Colombia, incorporando el Ecuador a la Nueva Granada; por su parte él, Ur-daneta, se comprometía a lograr que Flores fuera el presidente de la nueva nación. ¿Cómo podía el General Flores tomar en serio los sueños de Luis Urdaneta? Guayaquil tornó a integrarse a la República ecuatoriana: el 13 de febrero de 1831 firmó el acta por el cual de inmediato se sujetaba al régimen constitucional. Olmedo recuperó su poder de vicepresidente y de Prefecto. Más aún se encargó del supremo poder, sustituyendo en el Guayas al Presidente, incomunicado por los disturbios y el invierno. Publicó la siguiente proclama: "José Joaquín Olmedo, Vicepresidente del Estado del Ecuador: CONCIUDADANOS: Felizmente se ha restablecido el orden constitucional; ha recobrado su poder la ley tan libremente escrita por vuestros representantes como voluntariamente recibida por los pueblos; y se ha restituido su dignidad al pueblo del Ecuador. Aplaudios de vuestra empresa y gloriaos de verla triunfar sin estrépito y sin convulsiones populares. El glorioso nombre de Bolívar deslumhró a algunos militares que no conocieron que nuestras instituciones en nada se oponían a la integridad nacional, ni a la gloria del Libertador; y proclamaron un régimen que no era conforme al voto público. Un pretexto tan especioso debe hacer olvidar cualquier error. Relaja la disciplina militar, corrompe el espíritu público, acostumbrar al pueblo a vivir siempre en agitaciones; fomentar esa su genial curiosidad de nuevas formas, siempre inconstante, nunca satisfecha, siempre turbulenta, son los verdaderos elementos de la disolución de los Estados, son males inherentes a estas continuas vicisitudes políticas; y sus autores quizás sin conocerlo nos' abren el abismo de la anarquía, después de habernos agitado y enfurecido en el campo de la guerra civil. Restablecido el orden, entran naturalmente en sus funciones las autoridades constitucionales, y yo he cedido a la voz del pueblo que me ha llamado a desempeñar las mías. En el breve periodo de la administración, la bondad, el acierto de las providencias estará cifrado en proceder con honradez y en la cooperación de los buenos ciudadanos". (80> De acuerdo a las estipulaciones de los contendientes, hubo libertad para los presos y olvido de todo lo pasado. Algunos se ausentaron del Ecuador. Las relaciones del General Sáenz con Flores continuaron cordiales, a juzgar por sus cartas de este año 31. Desde Otavalo le escribe, a 2 de diciembre del año 31, dándole noticias de la llegada del Coronel Otamendi cuando la sublevación del batallón Vargas, y firma: "Afectísimo amigo y obediente subdito ". Y más adelante, el 17, termina otra carta diciendo: "A la señora Presidenta tenga usted ¡a bondad de saludarla; y ocupe a su afectísimo amigo ". No aparecen documentos en los años siguientes: el distancia-miento con el General Flores debió ocurrir en el año 33. Mas el costo fue altísimo: en lo moral, por la indisciplina de la tropa, aunque como se ha dicho, buena parte de oficiales extranjeros salieron del Ecuador. En lo económico, por el desembolso enorme que el gobierno tuvo que hacer para conseguir la retirada de Urdaneta, pagando sueldos, dando pasajes a quienes se ausentaban. No tenía fondos el Gobierno; y Flores se vio forzado a endeudarse, sujetándose a intereses subidos. Olmedo comentó: "que era eso, o el desaparecer como Estado". Y añadió: "Una noche de revolución es peor que un año de mala administración ". El Presidente Flores había entrado en Quito el 17 de diciembre, por la mañana, bajo un cielo luminoso, aplaudido de la ciudadanía y rodeado de sus fieles: Fernández Salvador, el nuevo Prefecto General Matheu. porque el nuevo Presidente interino había destituido y apresado a su yerno, el General José María Sáenz, que había contemporizado con Urdaneta.

Más solemne fue la visita y entrada del Presidente Flores en Guayaquil. El Prefecto interino, Vicente R. Roca, ordenó que la batería del Nueve de Octubre avisara con un cañonazo la aproximación de la nave presidencial: se empavesaron los buques y lanzaron salvas; repicaron las campanas. Por dos días se iluminó la urbe. Una calle de honor se formó desde el muelle hasta el palacio de gobierno; el cortejo pasó bajo arcos triunfales, adornados con flores, estatuas e inscripciones. Una de ellas decía: "Flores, sofocada la discordia, regresó a sus queridas riberas del Guayas". (El Colombiano de G. - N. Extraordinario. 26-V-183R Para el Presidente, para Olmedo, para la ciudadanía, éste era un día feliz: había renacido el Estado del Ecuador independiente y autónomo, salvado, sin sangre, de un riesgo terrible. Además de los festejos, saraos, saludos, hubo preocupación por la reconstrucción y progreso de la urbe; pues a finales de diciembre último, un voraz incendio había consumido treinta y cinco manzanas, vecinas a la Aduana: almacenes como el de Swett, cafés, y el hernioso edificio de Rodríguez Coello, fueron reducidos a pavesas. UN COLEGIO FEMENINO: El Colombiano en su No. 96-9-VI-31 refiere la visita del Presidente y Vicepresidente, Flores y Olmedo, a un certamen preparado por el Colegio Normal de Señoritas. Se trataba de un examen "dedicado al Jefe de Estado por su amor a las luces, y por el celo con que promueve la educación de la juventud. Y porque ama la ilustración, la paz más que la gloria; más el bien de los pueblos que la fama". Le dedicaron un poemita, cuyos versos he citado. Y, a continuación, un debate de dos horas sobre nociones de gramática, ortografía, aritmética, geometría, astronomía, geografía. Complacidos de la actuación de las jovencitas porteñas, el Presidente y Vicepresidente fueron entregando a cada señorita un ramillete de flores y un ejemplar del Diccionario de la Academia de la Lengua Castellana.

El Colegio Normal estaba bajo el Patronato de la Junta Curadora, cuya presidenta era Doña Francisca Rocafuerte. Juan J. Flores correspondió aumentando la renta en 20 pesos mensuales y obsequiándoles un esclavo para la limpieza. Aprovecharon la visita para reorganizar otro colegio, el de San Ignacio, herencia de los jesuítas, situados en la plaza de la iglesia Matriz. (El Colombiano. No. 99) Dos muestras de lo que se afirmó sobre la situación de la enseñanza. REFLEXIONES: 1. Se trató de un CUARTELAZO; y de oficiales extranjeros. Una más de las numerosas sublevaciones de las tropas; mejor dicho de sus oficiales, inconformes con la inacción, los sueldos bajos; ansiosos de fortuna y aventuras. 2. El PRONUNCIAMIENTO, en cambio, a favor de la autonomía del Estado del Ecuador, el 13 de mayo de 1830, fue un acto civil, obra de los Cabildos, y apoyado por los jefes y por la Iglesia en pleno. Así lo declaran tanto el Presidente interino Fernández Salvador, en su Proclama de 7 de diciembre de 1830; como el Vicepresidente Olmedo, en la suya de 17 de febrero de 1831. 3. "Ultrabolivariana", en el sentido de que se abusó del nombre de Bolívar. Su nombre sólo fue un pretexto, para los fines personalistas de Urdaneta y sus cómplices. El triunfo de Urdaneta, si se hubiera dado, no servía para que Bolívar volviera al poder en Colombia. Porque Bolívar se negaba a volver a mandar. Se niega a recibir el mando de manos de la revolución de Rafael Urdaneta. Así se lo dijo a él; así se lo dijo al General Flores:

"Yo no he aceptado este cargo revolucionario, porque la elección no es legítima. Luego me he enfermado; por lo que no puedo servir ni aun de subdito". (9-XI-30). Y añade refiriéndose a la separación del Ecuador: "Urbina —enviado por Flores— me asegura que el deseo del Sur es terminante, de acuerdo a la instrucción que ha traído, con respecto a la independencia de ese país. Hágase la voluntad del Sur, y llene Ud. sus votos ". (a Flores, ib.) 4. Los Urdanetas tenían sus miras, para lo cual venía bien que el Ecuador se volviera apéndice de la Nueva Granada. Le Gohuir califica a Luis Urdaneta de "intruso y aventurero". No había descollado mucho hasta entonces; ahora trataba de volverse héroe; y terminó por morir fusilado en Panamá. 5. Quienes resistieron al cuartelazo fueron los civiles, especialmente el Presidente encargado, Dr. José Fernández Salvador; y también el Vicepresidente Olmedo; y con ellos, el pueblo entero del Ecuador: "Elpueblo alto y bajo, que ha gemido de indignación al verse esclavizado, de repente se halla loco de alegría ", escribió Fernández Salvador. 6. El, como togado, defendió el DERECHO: "¿Puede existir libertad, cuando la fuerza, erigiéndose en cuerpo deliberante, arranca la Ley de su augusto trono para colocar sobre él los instrumentos de la violencia? ". Pero para defender esa Ley se necesitaba un militar: un Presidente Militar. Por eso él y sus colegas eligieron a Juan José en Riobamba. Y ahora le escribía: ¡Vuele, vuele, vuele, vuele! Sin Ud., se acabó la Patria! 1. La presencia de tanto oficial extranjero dentro del Ecuador era realmente un serio peligro para la estabilidad; pese a que salieron 150, según dice F. Ignacio Salazar, aún quedaron bastantes para encabezar otras fatales asonadas. 8. En cuanto al Presidente Flores, no sólo disipó la terrible amenaza con admirable tino; sino que puso en claro ante los Urdanetas y ante el mismo Libertador, a quien envió al Coronel Martel, sus principios: "Mantuvimos, la unión con Colombia mientras la rigió el Libertador; separado él, entronizados sus adversarios, al Ecuador no le convenía en manera alguna seguir sujeta al Centro. Los pueblos lo pidieron; lo acepté; se reunió una asamblea ante quien juré ejercer la presidencia. Debo ser fiel a esa promesa sagrada: Ni el Libertador ni ningún hombre que ame a la justicia y la fuerza de semejantes compromisos puede exigir de mí una conducta contraria a ellos", (a Luis Urdaneta, Quito, 14 de noviembre, 1830-O.L.IV.291) OLMEDO RENUNCIA A LA VICEPRESIDENCIA. JULIO-OCTUBRE DE 1831 Olmedo nunca ejerció la vicepresidencia, excepto en febrero del año 1831, cuando Guayaquil se pronunció contra Luis Urdaneta; en mayo Flores visitó al Puerto, como se dijo; al retornar instó a Olmedo a que se trasladara a la Capital, al menos por unos días, tanto más que se aproximaba el congreso del 31. No le fue posible, como lo manifiesta en carta de 7 de julio: "Esta es la primera vez que no siento gusto en escribir a Ud.. Han ocurrido circunstancias que no previ. Espero de la amistad de Ud. el no creer que serán débiles o menos nobles los motivos que suspenden mi viaje. Acompaño a Ud. mi dimisión...".

Los motivos que le fuerzan a dimitir son las continuas enfermedades hipocondríacas de su esposa, doña Rosita Ycaza, cuyo dolores y ayes le obligaban a estar a su lado continuamente, y a postergar sus otras ocupaciones, aun las literarias: "Rosita sigue y sigue mal... hace tres días que no le deja su reuma y su melancolía... Yo cada día estoy adquiriendo un humor que no he conocido antes: estoy poseído por el demonio del fastidio". (24-VII-31) Flores esperó unos meses más, sin resultado: José Joaquín llevó a Rosita a Samborondón, desde donde escribe: "Yo no puedo desampararla ni dejar de acompañarle un solo instante". E insiste en la renuncia, tanto más que el Congreso reclamaba su presencia; pero ruega aclarar que no ha recibido ni un real por su cargo de vicepresidente. La renuncia, pues, no se debió a desacuerdo con la política del Presidente, ni a otro motivo que el expuesto: las buenas relaciones continuaron inalterables por muchos años, como se irá exponiendo. Permaneció sin embargo en el oficio fiscal de Prefecto del Guayas.



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