28- Fundación de la Casa de la Moneda (diciembre de 1832)

Descipción de este artículo:

Se ha tratado ya de la penuria económica de comienzos de la República, y de los medios que se fueron tomando, según exponían los ministros a los congresos del 31, 32 y 33. El ejecutivo decretó en 1831 una contribución forzosa de 12.000 pesos, por tres meses (PRAN-15-X-31); más tarde otra de 10.000, por cuatro meses, (ib.28-VIII-32) El mal era endémico y profundo: no existían minas de metales preciosos; había decaído la industria y agricultura; el cacao estaba en crisis bien grave. De ahí provenía la falta de numerario, lo cual incitaba a la falsificación de la moneda, que venía principalmente del Norte. No bastaba la persecución a los monederos y monedas falsas. Se tomó el arbitrio de recoger la moneda falsa, y trocarla por legal, absorbiendo la pérdida económica. El Prefecto de Guayaquil, aplaudió y aceptó el costoso medio, que debía completarse con la acuñación de nuevas piezas, en una Casa de la Moneda. El Congreso del 31 lo autorizó al ejecutivo (26-X) y se estableció frente al palacio de gobierno, en la Calle de la Universidad. Dio comienzo a su trabajo en diciembre de 1832. Fue su director el señor Alberto Salazza, que tenía a sus órdenes 36 empleados técnicos, entre ellos, como ensayador, el científico escocés Guillermo Jameson. Conocemos el funcionamiento y eficacia de la Casa de la Moneda, gracias al informe presentado por Salazza. al señor Eugenio Tamariz, ministro de Rocafuerte —porque este Presidente mantuvo en el cargo a Salazza.

El informe "Plano de Operaciones practicadas en el Establecimiento, desde su fundación hasta 1837", dice "queposeía excelentes empleados que trabajaban con encomiable asiduidad y pericia. Que la moneda que acuñaban eran apetecidas en los mercados extranjeros; lo que prueba la bondad y exactitud de ellas". Dice que habían amonedado cerca de medio millón de pesos, "cantidad que había aumentado la circulación efectiva, con gran beneficio del público. La Casa se financiaba y no tenía déficit". Acuñaban doblones y escudos de oro. pesetas y reales de plata. "En el anverso se grabaron las Armas del Estado: dos ce-rritos que se reúnen por sus faldas; sobre cada uno de ellos, un águila; en el fondo el sol. En la circunferencia, El Poder en la Constitución. En el reverso, las Armas de Colombia; en su circunferencia: El Ecuador en Colombia; y Quito al pie de las Armas". (Carlos Ortuño, Historia Numismática del Ecuador. 1977) RECHAZO EN GUAYAQUIL Y ocurrió algo inesperado y verdaderamente inexplicable: Las monedas acuñadas en Quito fueron rechazadas por el comercio de Guayaquil, y por el Prefecto Olmedo. El Gobierno central, molesto publicó un bando imponiendo su aceptación. Replicó Olmedo contrariado y displicente: "Ya pasó el tiempo de que los pueblos sufran con paciencia el engaño y las ilusiones; en el día sólo la verdad y la realidad pueden someter los ánimos" . (21-III). Le molestaba el cuño: "Yo no me meto en que haya Panecillo y Rucu Pichincha —porque no me digan que soy provincialista—. Lo que quiero es que no haya ga-llinacitos tan grandes como montes., para que no se rían de nosotros1'. Y más todavía la calidad: estimaba que eran de mala ley, de peso y grosor deficiente; no más que discos de cobre con un ligero baño de plata que desaparecía en breve con el uso; y tan débiles que se les podía torcer y doblar entre los dedos. Y aquí surgió la oposición, de palabras y hechos. Olmedo, en su presencia, los hizo ensayar; y los hallaron de baja ley. Los metió en un sobre y remitió a Quito. Donde, ensayados por Jameson, ¡fueron hallados justos y cabales! ¿Qué pasaba? Olmedo llegó a sospechar que engañaba Salazza: "Malo es el gobierno que sufre a falsificadores; pero es ridículo el que lo sea. ¡Cuídese Ud. mucho, mi querido amigo Flores!". García del Río defendió enérgicamente a Salazza; y parece que con razón, pues siguió en el mismo empleo bajo el gobierno de Rocafueite, el gran perseguidor de los falsificadores. El asunto dejó perplejos a los políticos de la época; sólo sirvió para agriar los ánimos del Gobierno central y del Prefecto José Joaquín, ya fastidiado por la pobreza fiscal del Puerto, por las exigencias de los acreedores y proveedores de dinero, de víveres, de armas, para quienes estimaba que el Gobierno mostraba preferencias injustificadas; por las medidas del ministro García; y también por sus malos negocios personales, y la crónica enfermedad de su esposa. Todo esto contribuyó al quebrantamiento de sus relaciones de amistad y colaboración con el compadre Juan José, como se verá adelante. Se volverá a tratar de la Casa de la Moneda, bajo la administración del señor Vicente Rocafuerte. y de las observaciones del señor Olmedo.



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