33- Se desata la revolución de "El Quiteño Libre" y de los Chihuahuas

Descipción de este artículo:

Los historiadores y comentaristas contemporáneos de los hechos, como Pedro Fermín Cevallos, José Miguel González Alminati, Coronel Francisco E. Tamariz, coinciden en señalar que la oposición contra el gobierno fue mantenida y llevada por un reducido grupo de personas importantes de la sociedad y por algunos pocos altos militares. No fue un movimiento general y popular, un descontento o protesta de los pueblos. Este grupo se valió de la prensa para exponer sus ideas y socavar la estabilidad del régimen. El motivo de esta campaña era esencialmente político y de partido, era una manifestación de la ya prolongada lucha del partido liberal, nacido en Bogotá, enemigo de los ideales y de los seguidores del Libertador Bolívar; allá había vencido; ahora se empeñaba en obtener el poder también en el Ecuador. Disimulaba estos fines tras el disfraz de que sólo se preocupaban del bien del pais, de la defensa de sus derechos, y de manifestar y protestar democráticamente contra los errores y abusos de las autoridades. Cierto que la pobreza era general; que el progreso del país era lánguido, reducido el comercio y perjudicado por la falsificación de la moneda; que no se habían realizado las aspiraciones de mantener la integridad territorial en el Norte. Pero todos sabían que estas penurias venían de muy atrás y eran consecuencia obvia de los largos años de guerras y de revoluciones. Y a todos constaba el esfuerzo del gobierno por mejorar la situación, especialmente con las medidas que iba tomando el Ministro de Hacienda, que publicaba el Registro Oficial. Era evidente también que la administración del General Flores había logrado mantener al país dentro de las vías de derecho y en relativa paz: con gran habilidad y acierto había sofocado la temblé amenaza suscitada por el General Luis ürdaneta, ahorrando sangre y persecuciones; con mano firme y valentía personal el Presidente evitó los desmanes de los batallones sublevados; de suerte que la tranquilidad del Ecuador, base de todo progreso, era comentada y admirada por lo vecinos, que padecían los trastornos de tiempos revueltos; por ese motivo el Cauca intentó incorporarse definitivamente al Ecuador, como se dijo antes. Se conocían en el Ecuador las perturbaciones de las otras -repúblicas; se comentaban las diecisiete intentonas revolucionarias contra el Presidente Gamarra del Peni; los numerosos alzamientos de Bolivia y de la Nueva Granada. (Gral. Marcos Gándara Enríquez. Debemos Recuperar Nuestra Historia. Quito, 1992) De manera que el pueblo, la generalidad de los ecuatorianos, en manera alguna podían propender a un trastorno ni a un cambio de régimen, porque estaban contentos con el mandatario que ellos, por dos veces consecutivas, habían elegido. Pero ya había tomado fuerza un grupo de oposición dispuesto a utilizar todos los medios subversivos. EL QUITEÑO LIBRE Dice Francisco I. Salazar, en la Introducción a las Actas del Congreso de 1833: "La oposición había hecho ya sentir su existencia; organizada en Quito bajo la dirección e influencias del subdito de S.M. Británica el Coronel Francisco Hall, al principio con muy pocos pero notables miembros aumentó luego el número con adictos y colaboradores de las demás provincias, Al comienzo del año 33 se estableció en la Capital una asociación oposicionista cuya voz fue la hoja periódica que llevó por título El Quiteño Libre, Esa sociedad diminuía en sus primeros días fundaron los Generales JM. Sáenz y M. Matheu, los Coroneles Hall y R. Wright, el Comandante Pablo Becerra y los señores Manuel y Roberto Ascázubi, Vicente San:. Pedro Moncayo, Manuel Ontaneda, Ignacio Zaldumbide y José M. Murgueitio. Los periodistas enemigos del gobierno se lanzaron ardorosos al campo de los cargos e improperios". El propio Dr. Pedro Moncayo reconoce la jefatura mentaliza-dora de Francisco Hall, de quien se habló ya arriba. Dice que en Quito vivía "...modesto y sobrio, como un filósofo, y realmente lo era. Era un liberal inglés en toda la extensión de la palabra. Tal el hombre que iba a crear el Partido Nacional y a dirigir la oposición en sus primeros ensayos", (o.c., p. 68) Fue, dice un historiador: "personaje interesante por sus convicciones, de talento e ilustración, de celo ardiente por la causa de los pueblos ". (Luis Robalino D. Orígenes del Ecuador de Hoy. Puebla, I-IX) Mas un testigo de los hechos, Fray Vicente Solano, lo calificó de: "Genio del mal, extranjero de mediocres talentos pero hábil en el arte de seducir: el Coronel Hall no ha hecho otra cosa con sus proyectos y teorías de tela de araña sino sumergirnos en un abismo de males casi irreparables ". (Discurso por el Triunfo de Miflarica. Cuenca, 1965) En cuanto a González Alminati. he aquí su comentario: "Juan José Flores, fundador de la Independencia del Ecuador establecido hace 13 años en Quito, casado con una hija de aquella ciudad en la que tiene seis hijos, era el General Flores el hombre de las esperanzas del pueblo. Mas me atrevo a decir que si conforme fue el Gral. Flores electo Presidente del Estado lo hubiera sido un ángel del cielo, si este-ángel no tenía el poder de hacer milagros para administrar el Ecuador, habría sucedido lo mismo que en la actualidad sucede; porque el mal no estaba en el hombre que nos debía mandar sino en la excesiva escasez de las rentas públicas, en la falta de instituciones, y en los modos equivocados en que se había estatuido el gobierno. Aunque el "El Quiteño Libre"y "El Nueve de Octubre" acusaban injustamente al Ministro de Hacienda de poca pureza en el manejo de las rentas públicas, el principal capítulo de murmuración era la tiranía que se ¡e imputaba al Gral. Flores y la intención que se le suponía de querer ser reelecto Presidente. Las Armas de la Razón. El Amigo del Orden, La Gaceta Ministerial. E! investigador. El Colombiano de Guayas. EL Trece de Febrero eran ¡os periódicos que refutaban los ataques de El Quiteño Libre y Las Facultades Extraordinarias, aparecido poco después de la instalación del Congreso del 33. La lucha se inició en abril con la péñola de los escritores públicos; y se continuó desde octubre hasta el día de hoy con la espada de los guerreros. Exceptuando a Las Armas de la Razón, cuyos redactores usaron siempre de un lenguaje circunspecto v moderado, todos los demás periódicos de aquella época abusaron, los unos más que los otros de la libertad de escribir; y las pasiones innobles ocuparon el lugar de la razón. Ni ¡a misma magnanimidad estuvo exenta de apellidarse tiranía; ni las cosas más recónditas de la vida privada dejaron de salir a luz; ni el honor de las señoras se escapó del espíritu de venganza de los escritores. En fin puede decirse que la calumnia manejada por ellos, vino a corromperlo todo con su hálito impuro. A pesar de la exaltación de los ánimos v de los tremendos ataques que El Quiteño Libre v Las Facultades Extraordinarias dirigieron al Gobierno, es preciso confesar que éste permanecía tranquilo, y que en aquellas difíciles circunstancias marchaba con circunspección por el camino del orden legal. Sólo tomó la medida de separar del Ministerio al señor José Félix Valdivieso —11 de julio 1883— " (Ligera Relación de los más notables Acontecimientos políticos del Ecuador. 1830-1835) A 11 de julio del 33, el Presidente expidió el decreto que decía: "El Sr. Dr. José Félix Valdivieso queda removido de! Ministerio del Interior. El Dr. Víctor Félix de Sanmigitel se encargará provisionalmente de su despacho". (PRAN) La separación de Valdivieso, razonable y justa, comenta P.F. Cevallos, privó al Gobierno de una gran columna y vigorizó las fuerzas de la oposición. Y trajo gravísimos males para este doctor y para el país, como se verá luego. Indignado Flores por las impugnaciones de la prensa, trató de acusar de calumniosas sus aseveraciones; mas el jurado, ganado ya por la oposición, salió del paso diciendo que no había lugar a formación de causa. Justificaba al Presidente, pero no sancionaba a los calumniadores. (P.F.Cevallos, o.c.98) EL CONGRESO DE 1833 El 30 de marzo de 1833 el Presidente convocó al Congreso, que debía reunirse en Quito el 10 de septiembre. El Gobierno ganó la mayoría en las elecciones; si bien El Quiteño Libre obtuvo partidarios en Pichincha, el más importante de todos el señor Vicente Rocafuerte. El señor Rocafuerte acababa de volver al país natal, en febrero de ese año. tras 14 años de ausencia; no había, pues, intervenido en el pronunciamiento del 9 de octubre de 1820, ni en las campañas de la Independencia, ni en la fundación de la República. Había sido ferviente amigo del Libertador Bolívar, pero más tarde se enemistó con él y figuró entre sus adversarios políticos. José Joaquín de Olmedo se alborozó con la llegada de este antiguo amigo y trató de relacionarlo con el Presidente Flores, a quien escribió: "Ha venido de México mi amigo Rocafuerte, antiguo, fiel y exaltado patriota. Quítesele un quintal de exaltación, quedará un republicano perfecto. Desea mucho conocer a usted, por las noticias que tiene del soldado filósofo del ciudadano Presidente". (15, 03, 83- Arch. Flores) Flores aceptó la invitación, igual que Rocafuerte. Este fue un breve período de amistad entre los dos patricios, del cual no hablan los historiadores. Rocafuerte escribió a J. J. Flores: "Mi General: por Luzarraga he sabido la honorable mención que usted hace de mí en la carta que le ha escrito y la benévola disposición en que usted se halla con respecto a mi persona, lo que me estimula a darle las más expresivas gracias por su bondad y a valerme de tan grata ocasión para ofrecer a usted los sentimientos de mi afecto y respetuosa consideración, con los que tengo el honor de suscribirme su muy atento y seguro servidor que sus manos besa. Guavaquil 21 de marzo 1833". (V Rocafuerte, Epistolario. BCE, 1988) Siguieron las buenas relaciones y la correspondencia; mas en julio se presentan las primeras nubes. Escribe Olmedo: "Encuentro a Rocafuerte lleno de las ideas que le han sugerido las cartas que ha recibido de Quito: por ahora no piensa en admitir empleo —oficial— alguno. Es invencible la oposición a García del Río, porque dice que es imposible que haya variado en sus ideas monárquicas. Creo que en ésto ve visiones". (14-07-83, ib) Las cartas provenían de los socios de El Quiteño Libre, con quienes tenía Don Vicente tanta afinidad ideológica. Aceptó la candidatura y marchó a la Capital. Todavía se mantenía la cordialidad con Flores, que le ofreció un convite. Olmedo estaba alborozado: "Hábleme usted de todo lo ocurrido; yo espero mucho del trato y comunicación entre ustedes porque ambos a dos aman el bien público, poseen buenos principios y tienen sentimientos nobles v caballerosos. En esto tengo un triple interés". (6-09-33, ib.) La relación, en efecto, entre los tres: Olmedo, Flores, Roca-fuerte, en sus años de colaboración cordial, y en los de sus profundas desavenencias, llenarán un largo capítulo de la historia nacional, para bien o para mal. Por su parte los redactores de El Quiteño Libre dieron la bienvenida al diputado Rocafuerte, "su esperanza para la salvación de la Patria, y ahora triunfante sobre las intrigas del despotismo ". (Segundo número del Q.L.) El Congreso. El 10 de septiembre se reunió en efecto, bajo la presidencia de Francisco Marcos, vicepresidencia de Vicente Ramón Roca. Leyó el Presidente Flores un breve Mensaje, dejando a los Ministros la exposición de la situación del país y la solicitud de mejoras en las leyes y en la economía. Habló de la paz con los vecinos, del tratado con la Nueva Granada, "de acuerdo a las bases que le dieron los legisladores "; de la tranquilidad que reinaba en el Estado, a despecho de los esfuerzos para turbarla de algunos espíritus inquietos. "De la tolerancia, amor a la libertad y respeto a la ley " por él observada. También sobre este importante punto dejaba que trataran sus Ministros, en una próxima reunión reservada de la Legislatura, como se verá. El Gobierno pidió a la Legislatura tres reformas importantes: 1. la división del Congreso en dos cámaras; 2. la Ley de imprenta, eliminando el jurado, que caía en parcialidad en épocas de efervescencia política. 3. El aumento de poder al Ejecutivo, por cuanto no le era dable objetar más de una vez las leyes, y apenas podía diferir por corto tiempo su ejecución. Ni podía remover a ningún empleado, por motivo alguno; excepto a los Ministros de Estado. EMPIEZA LA RUPTURA CON ROCAFUERTE Tuvo lugar cuando se presentó el Ministro de Hacienda Juan García del Río, invitado por la Cámara; al verlo entrar, lo increpó el diputado Rocafuerte: "Cómo es que yo veo en mi Patria ocupando un ministerio inconstitucional a un vil García del Río?". García del Río no se inmutó, ni contestó; pero si lo hizo otro diputado, como lo refiere el Coronel Francisco E. Tamariz, representante de Cuenca: "...que tomó lo palabra para hacer entrar en el orden parlamentario al Diputado provocador y descortés, haciéndole conocer su falta y reduciéndole al silencio. Entonces el Presidente Marcos cortó el incidente, mandando que el señor García del Río tomara asiento ". (Anotaciones a Pedro Fermín Cevallos. Arch.F.) LAS FACULTADES EXTRAORDINARIAS A pesar de que el Ministro del Interior había asegurado que "en todas partes se mantenía la tranquilidad y el orden público, por los esfuerzos del Ejecutivo ", tanto él como el Ministro de Hacienda y el Jefe de Estado Mayor solicitaron una sesión secreta del Congreso, que se tuvo el 14 de septiembre. Gracias a las Actas Secretas, publicadas por F.I. Salazar, conocemos los incidentes de la sesión. Ellas refieren que: "El Ministro del Interior dijo que desde el tiempo de elecciones se habían sentido en esta ciudad rumores de una revolución que tendía a trastornar el orden legal; que de entonces acá este conato iba en incremento: que el Gobierno tenía datos y denuncias de cuanto se había hecho y haría; que se habían comprado armas procurado seducir a la tropa; que se tenían reuniones secretas donde fraguaban planes; que, abusando de la libertad de imprenta no sólo se había colmado de injurias al Presidente del Estado, sino que se invitaba a la rebelión públicamente. Expuso lo que decía El Quiteño Libre: 'Que el pueblo —arrogándose ese nombre— no permanecerá pasivo si el Congreso no daba las resoluciones del agrado de ellos'. Protestaba que si no se tomaban las medidas necesarias por el Congreso cesaba desde ese momento la responsabilidad del Ejecutivo ". Se solicitaban por lo tanto las facultades extraordinarias previstas en el art. 53, numeral 5 de la Constitución. Se siguió una animada discusión. Intervino Tamariz en apoyo del Ministro con un animado discurso. Por fin el diputado José Antonio Marcos mocionó que "se resolviera investir al Ejecutivo de las facultades necesarias para establecer el orden y la tranquilidad pública con las medidas convenientes; y que tomadas, dé cuenta al Congreso ". Le apoyó Roca. Se procedió a la votación nominal; estuvieron por la concesión el Presidente Marcos, el Vicepresidente R. Roca, Tamariz, en total quince; por la negativa, seis; entre ellos M. Matheu y el canónigo chantre de la catedral, José Carrión y Valdivieso. Esa misma'tarde, según rectificación de F. Tamariz, el Presidente Flores hizo prender a Roberto Ascázubi. al Comandante Muñiz y a Pedro Moncayo. Los restantes miembros de El Quiteño Libre se ocultaron y emigraron. Sólo se dieron tiempo para sacar el N-19, con las columnas bañadas de tinta negra, en señal de luto, pero no para llevar imprenta y tipógrafos a la Nueva Granada. LAS PROTESTAS DE LOS DIPUTADOS ESCOBAR, CARRIÓN Y ROCAFUERTE En la sesión secreta del 16 de septiembre se leyó el voto razonado del Diputado Escobar, que en forma correcta se expresaba contra la concesión. Luego la vehemente del Diputado J. M. Carrión: "Cuando ya no hay necesidad de Legislatura, cuando se han arrancado medidas extemporáneas que dañan la confianza pública, me separo; sin que las penas, multas, amenazas, etc., me retraigan de esta resolución ". Comentó entonces Tamariz: "Que aquella nota era irrespetuosa e insultante al Cuerpo Legislativo, con expresiones fuertes y indecorosas que desfiguraban los hechos con notoria falsedad". Se propuso la destitución de Camón; pero se aprobó el citarlo a dar explicaciones de su nota. Vino luego la tempestad cuando se leyó la nota de Vicente Ro- cafuerte: "Que por enfermedad no había asistido a la sesión del 14; pero que creía de su deber protestar contra los atentados cometidos por un malvado ministerio compuesto pon un vil García del Río, el mayor enemigo de la independencia del Ecuador, pues fue el sanguinario ministro del usurpador Urdaneta; godo hipócrita esclavo de Fernando VIL ¿Qué confianza puede inspirar al Ecuador este exótico triunvirato de pen'ersidad, hipocresía v vileza? Apoyados en la fuerza brutal de las armas y en la inmoralidad de un Congreso corrompido, compuesto en su mayoría de clérigos aspirantes, de empleados seniles, de monopolistas empeñados en la continuación del agiotaje, han desplegado las banderas del más insolente despotismo militar, han derrocado la Constitución y destruido todas las garantías sociales... Mi conciencia me impone el deber de separarme de un Congreso que ha perdido toda su fuerza moral". Dicen las Actas que el Congreso se quedó por largo rato en el más profundo silencio. Tomó la palabra, por fin, el honorable Tamariz: "Sólo en los delirios de un febricitante podía caber la locura de expresarse de este modo; pues no contenía más que un fárrago de injurias y de disparates; y que al no reputarlos como producidos en los delirios de una fiebre, no sabía cómo podrían ser castigados ". Hablaron varios, y Liona propuso que se le declarara de inmediato destituido de las inmunidades de Diputado; y que se lo pusiera a disposición del Ejecutivo, "...para que en uso de las facultades extraordinarias, obre como sea conveniente ". Le apoyó el Presidente de la Cámara. Tamariz sugirió que, antes, el secretario hiciera reconocer a Rocafuerte la autenticidad de su firma, en la esperanza de que podría haberse calmado y rectificara sus expresiones. Fue inútil: "Su exaltación y los influjos desfavorables de sus amigos, le hicieron añadir frases aún más descomedidas. Ya no era posible defenderle", (o.c.) Así, pues, vuelto el secretario, con estas notas, trece legisladores votaron que "se le declare destituido de la representación que le dio el pueblo ". Cinco votaron en contra. El día 20 se comunicó este decreto al Ejecutivo. (PRAN, I, 397) EL CONSEJERO PABLO MERINO En la sesión secreta del 19 de septiembre se leyó la renuncia de Merino al cargo de Consejero de Estado que también contenía frases irritables: "Hoy que las calamidades del tiempo han llegado a su colmo; hoy que, se ha quitado al pueblo sus garantías, ya no puedo ser consejero de estado sin faltar a mi conciencia ". El Congreso llevó a mal el lenguaje del dimitente. Dicen las Actas que Tamariz, apoyado por Bertrán, propuso que, "...se comunique el Ejecutivo que el Congreso destituía al Consejero; extrañando que el mismo que contribuyó a la disolución de la Convención de Ocaña, sea el que ahora ha usado un lenguaje tan diverso ". Esta última anotación de Tamariz demuestra, contra lo que se ha escrito, que el señor Pablo Merino fue en cierto tiempo boliva-riano; y que igual que toda la delegación sureña, quiteña, a Ocaña, apoyó la "dictadura" de Bolívar, como ya lo dijo Flores en carta a Bolívar en septiembre del 27. En 1830 es uno de los firmantes de la Representación de Quito, invitando a Simón Bolívar a venir a residir en Quito, cuando Venezuela lo expulsaba de su suelo. Lo firma con Flores, José M. Sáenz, José Miguel Carrión. (Jacinto Jijón, Solemne Pronunciamiento... CCCXC1X) También Sáenz y Matheu fueron partidarios de Flores; mas les ganó el grupo de los liberales, los cuales hicieron lo posible por atraerse al mismo General Flores, según lo refiere en sus cartas. Es también interesante encontrar párrafos en las cartas de Rocafuerte en que dice que no se deben permitir escritos injuriosos al Gobierno, y en que apoya las "facultades extraordinarias", cuando las ejerció Flores en 1840: "No estoy de acuerdo en ese abandono de las Facultades Extraordinarias que le concede la Contitución, y de que usted, no quiere hacer uso. Hasta es, en mi modo de ver, falta de tacto político renunciar a la tercera facultad delArt. 65, a la de apresar y desterrar a los opositores peligrosos, como lo hizo J.J. Flores en 1833". (Epistolario. II, Guayaquil, 29 de julio, 1840) Y hasta se reconcilió Rocafuerte con García del Río, a quien conmemora muchas veces en sus cartas: en la de 2 de marzo de 1837 a Flores dice: "El domingo doy a García del Río el convite diplomático; la asistencia de Ud. es un deber, tendré el gusto de brindar una copa con Ud.". Apoyó la designación de García para Cónsul en México, escribiendo al Presidente Flores, a 31 de julio de 1841: "Como nuestras relaciones con México son tan importantes, necesitamos un hombre tan hábil como García del Río: él nos será allí tan útil como Cual lo fue en Madrid". El Gobierno exilió a otros cabecillas peligrosos; y trató sobre todo de expulsar de Guayaquil a las reliquias perturbadoras de la revolución de Urdaneta, que habían permanecido, o vuelto al país. A 3 de octubre del 33, con aprobación del Congreso, se puso en vigencia la orden de expulsión contra los jefes implicados en "la insurrección de Luis Urdaneta y P.F. Cevallos"; menciona la orden dada al Comandante del Departamento de expulsar, en el primer barco disponible, a una veintena de esas personas, las más de ellas extranjeras, tales como Alegría, Oses. Petí, Subero, Agustín Franco, Juan Francisco Elizalde. Se esperaba que gracias a estas duras medidas, se mentendría la paz en el territorio nacional. Lastimosamente las cosas no ocurrieron así. por muchas razones y sucesos que se expondrán más adelante. El Gobierno de Flores dio orden de destierro para Moncayo, Muñiz y Ascázubi y luego para Rocafuerte. a quienes una escolta llevó al Sur. En cuanto al canónigo Camón se dice que a manera de desagravio sus colegas del Capítulo diocesano le nombraron arcediano de la catedral. Mas las Actas dicen que fue el Ejecutivo, por medio del Ministro quien propuso al Congreso la confirmación del nombramiento del Dr. Carrión. Según el Patronato, el Consejo de Estado proponía la terna, lo elegía el Ejecutivo, lo confirmaba el Congreso. El Dr. Carrión fue confirmado por unanimidad, en sesión del 28 de septiembre, como arcediano de la catedral quítense. En la contienda que se aproximaba tomó partido por su pariente José Félix Valdivieso.



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