35- El quiteño libre se subleva contra el gobierno

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Hay diversas versiones sobre lo ocurrido la sublevación armada de los miembros de El Quiteño Libre, en la noche del 19 de Octubre, en Quito. Me atendré a lo que refieren los testigos: el Comandante de Carabineros Juan Rodríguez y el Coronel Tamariz. Los socios de esta agrupación opositora, entre ellos Hall, Manuel Ascázubi y Pedro Moncayo, tramaron dar un golpe de estado armado, al menos desde que el Presidente se revistió de las Facultades Extraordinarias; mientras José M. Sáenz, Zaldumbide y los emigrados, organizaban una invasión desde la frontera granadina. Hablaron, y creyeron que habían soliviantado a los Sargentos Peña y Segundo Medina, para que "amarraran a los jefes del cuartel frontero al Palacio de Gobierno, y conquistaran a la tropa". Los militantes de El Quiteño Libre entonces se tomarían el cuartel y sus armas, para pertrechar a los grupos que tenían prevenidos en Perucho y otros lugares. Compraron a Medina con 250 pesos; mas éste, lo mismo que Peña, revelaron la conspiración a las autoridades, y engañaron a los conjurados. Dice Tamariz que tanto el Gral. Flores como los Ministros, y el Comandante Rodríguez estaban al tanto de los planes revolucionarios, y de la trampa que a los revolucionarios se les había tendido. Hall, Manuel Ascázubi y sus adeptos creyeron que había llegado la hora propicia cuando el Gral. Flores salió de la capital el 19 de Octubre con el Batallón N° 1, con Otamendi y otros jefes, a sofocar la insurrección de los Chihuahuas. Sabían también que se enviarían al Sur armas y municiones que se guardaban en el cuartel de Rodríguez; y que había que adelantarse a ese envío. Por lo tanto se señaló la noche del 19 de Octubre para el asalto al cuartel. No hubo sesión del Congreso esa noche; la ciudad estaba en calma y en silencio. Sigilosamente se reunieron los simpatizantes de El Quiteño Libre en dos grupos: una partida de 200. armados con carabinas y pistolas, se acurrucaban en "el pretil de San Francisco": otra, la principal, con Hall. José Conde. Nicolás Albán. en el atrio de la catedral, en espera de la señal del sargento Medina. También éstos estaban armados, como podían. Mas el comandante Rodríguez, los carabineros y el escuadrón con sus lanzas los esperaban en silencio. Y para asegurar la captura, una partida de soldados con dos oficiales salieron por la calle de San Francisco. Allí se toparon con los conjurados, que dieron gritos a El Quiteño Libre y dispararon sus armas. Cargaron los carabineros, pero sólo con annas blancas. Prosigue diciendo Rodríguez: "Cuando llegó la hora planeada, hice salir a! sargento a que hablase con aquellos, y en efecto, hallándose ya reunidos en el pretil de la catedral, les traía a las puertas del cuartel. Y cuando creí que el plan que yo me había figurado de dejarlos entrar, y agarrar a todos, se verificaría sin derramamiento de sangre, resultó que cuando me conocieron y vieron que no me hallaba amarrado, como me creían, huyeron hasta la esquina de la plaza, de donde hicieron algunos tiros de fusil. Mandé salir inmediatamente una partida de ocho hombres para que los cogieran y ésta se vio obligada a contestarles con tiros de carabinas, y dispersarlos valiéndose de la lanza. En cuyo choque murieron cuatro: Camilo Echanique; José Conde, Nicolás Albán, v un inglés Hall. Hice salir algunas partidas para que recorriesen la ciudad, regresaron dejando la ciudad en grande tranquilidad. He mezclado la gloria de ver bien puesta ¡a dignidad del Gobierno, con el sentimiento de la sangre que se ha derramado, sin haber podido evitarlo". ('Gaceta del Gobierno del Ecuador. N-l 16, 26-X-1833. Francisco I. Salazar. Actas del Congreso de 1833. XXV y ss.) "Al amanecer del día 20 se vio desnudo y colgado de un poste el cadáver del Coronel Hall —dice P. F. Cevallos— de orden del Vicepresidente Larrea: y desnudos, asimismo, los de Albán, Conde, Echanique". Pero Tamariz lo rectifica: "No es exacto: el que esto escribe vio los cuatro cadáveres en una de las piezas del zaguán del cuartel, a las 6 y media de la mañana del 20; y de allí se llevaron los de Conde y Echanique sus familias. El de Albán fue llevado al cementerio por disposición de! Gobierno. Y éste mismo dispuso que el de Hall fuera sepultado en la Alameda, por protestante; y en efecto para allá lo llevaban, cuando el Vicepresidente ordenó que lo contramarcharan a la plaza de San Francisco, donde efectivamente lo colgaron, vestido con el hábito de una beata ". Es comprensible que quienes fueron engañados por Peña y Medina, especialmente el Dr. Pedro Moncayo. pintaron la triste escena con los colores más negros y acusatorios para el Gobierno. EL GENERAL JOSÉ MARÍA SÁENZ Y LA BATALLA DE PESILLO Los comprometidos en el golpe fallido de El Quiteño Libre se refugiaron en la frontera de la Nueva Granada: entre ellos se encontraba el General José María Sáenz, con Ignacio Zaldumbide y Roberto Ascázubi. En ese refugio, y con apoyo de los liberales granadinos, especialmente de Obando, se dedicó el General Sáenz a preparar una invasión al Ecuador, contra el gobierno de Flores. Contaba, como se ha dicho, con el apoyo de López y Obando, que en el Cauca se desesperaban por derrocar a Flores, a quien aborrecían por tantas causas. No lograron sin embargo que el Presidente Santander les permitiera una intervención armada en tierras ecuatorianas. (82) En abril de 1834 creyó José María Sáenz llegada la hora de actuar, porque podía tomar a Flores a dos fuegos, ya que el Presidente se hallaba en el Sur, haciendo frente a los chihuahuas. El temible General Otamendi, brazo derecho de Flores, andaba en grandes apuros en Chanduy, y aún llegó la noticia de que había sido derrotado y muerto. Le esperaba, en Quito, José Félix Valdivieso que encabezaba la revolución del Norte, y otros antiflorea-nos de todo matiz, dispuestos a secundar su invasión con gente armada distribuida en diversas partes de la provincia. Pero desde Quito, desde Ibarra, desde Tulcán y aún desde Pasto, los jefes floréanos espiaban con mil ojos sus inquietantes movimientos. El General Antonio Martínez Pallares, encargado del mando militar en la capital, escribía lleno de preocupación al cuartel General de Flores, la siguiente carta: "Quito, Abril 2 de 1834 Excelentísimo Señor Presidente del Estado Mi querido Juan José: Desde el día 12 del mes pasado nada se sabe de ese Cuartel General, nadie sabe a qué atribuir su silencio tan fatal en las actuales circunstancias. Este silencio aumenta la audacia de nuestros enemigos, cuvos deseos son de volcar al gobierno por todos los medios imaginables: de aquí salen mil chispas para Pasto en donde, según cartas que de allí se dirigieron por el presente correo, tiene Sáenz y Zaldumbide reunidos 90 hombres de los desertores y siguen reuniendo hasta completar 500, con los cuales piensan invadir el es- tado. También hay cartas que dicen sea esta la vanguardia de las tropas que de Popayán debieron salir a las órdenes de Obando. Sea de esto lo que fuese, es que se trabaja incesantemente por dar en tierra con las instituciones y por consecuencia con los que las sostienen; figúrate pues por un momento si el silencio de esaparte no dará nuevos alientos a los facciosos. Estoy alistando el Escuadrón de Rodríguez para ponerme en campaña, confiando en que a esta fuerza, apoyada por la que se halla en Riobamba a las órdenes de Guerrero, se me reúnan otras más... Además he dado órdenes para reunir en Latacunga, Ambato e Ibarra cuantos veteranos existan en aquellos cantones, y formar con todos una masa capaz de cerrar con los invasores cuando se presenten. Hoy he visto una carta en la cual se anuncia que te hallas en negociaciones con los facciosos de ésa. Y el regreso de Guerrero con la compañía de lanceros a Riobamba me ha confirmado de ser cierta aquella noticia. Dios quiera que se concluya esa campaña con humanidad para los rebeldes, y con dignidad por parte del Gobierno. Así lo espero de tu destreza en el manejo de estos asuntos. Tu esposa y tus hijitos siguen bien en su salud, aunque mi Comadre se afecta bastante algunas veces con tanta cosa desagradable que le cuentan: nada menos que antes de ayer le refirieron ser cierta la quema de tu hacienda. De corazón, A. Martínez Pallares ". (AHBC. Ed. Vol. 00098 f. 205) Debo llamar la atención sobre dos ideas de esta epístola: aconseja a Flores que "concluya su campaña con humanidad para los rebeldes". Esta recomendación es repetida por Pallares en casi todas sus cartas, antes y después de las batallas de Pesillo y Miñarica . Sin embargo, algunos escritores le atribuyen tendencias sanguinarias. Lo otro es que volvía muy creíble en el Ecuador el riesgo de una intervención armada granadina; de hecho Obando hacía lo posible por realizarla o al menos apoyar eficazmente con armas y consejos a los emigrados de El Quiteño Libre, que tranquilamente formaban y adiestraban partidos de milicianos en los pueblos fronterizos. Santander que estaba de corazón con ellos, no encontraba motivo legal para acceder a sus ruegos; y escribía a Obando: "No me convenza con que Flores es enemigo jurado de la Nueva Granada, que siempre tratará de molestarnos, que promoverá revoluciones, que marchará a Bogotá, que nos ahorcará a todos. Todo eso puede ser así: y conozco a Flores desde que era cadete en 1816, después de prisionero. Mas yo no puedo ni debo obrar sino ligándome a lo legal" . (83) Intistía Obando: "...Si Flores triunfa, como lo creo, el antiguo Cauca se vuelve a perder". Le remite cartas de Sáenz y Valdivieso: "ésta me da lástima y me desconsuela cuando lo veo delirar con un difunto como yo... Siento no tener libertad, no tener mil veteranos y buena salud: iría de mil amores ". (18-IV-34). <84) Hilario López ansiaba por lo mismo, e incitaba a la guerra diciendo al General Santander que sería fácil ocupar a Quito sin disparar un tiro de fusil. (85> El Señor Víctor F. de San Miguel, que debía marchar en esos días como enviado del Presidente Flores ante el gobierno de Bogotá, escribía al General Juan José que estimaba que Sáenz había sido aprovisionado en Popayán; consecuentemente escribió, de acuerdo con el Vicepresidente Modesto Larrea y el ministro García del Río, una enérgica protesta a la Nueva Granada quejándose de las intervenciones belicosas de los gobernadores de Pasto.(86) BATALLA DE PESILLO ) Continuando/la narración, el General Sáenz. al frente de un escuadrón de 200 veteranos pasó el Carchi, llegó a Ibarra y bordeando el Imbabura por su falda oriental llegó a los campos de Pesillo, dejándose guiar por unos soldados espías que le infiltró Pallares. Todo marchó mal desde entonces: no llegó el refuerzo que Montúfar tenía en Perucho, "porque esa gente se disolvió por su propia virtud" (González Alminati) y. sabedor el gobierno del Vicepresidente Larrea de lo peligroso que era dejarle llegar hasta la capital, despachó a toda prisa la fuerza necesaria para hacerle frente. Un escuadrón de lanceros de Manuel Guerrero y la infantería de Pallares le fueron cercando y llevándolo al lugar prefijado. Con energía se defendieron los de Sáenz, pero al fin fueron rotos. He aquí cómo lo narra el propio General Martínez Pallares: "Otavalo, abril 24 de 1834 Excmo. Sr. Presidente del Estado Mi querido Juan José, El dia 21 ala 6 de la tarde estaba ya muerto el infortunado Sáenz, Zaldumbide, Vicente David, con 17 más, soldados viejos del 'Yaguachi'. También les cogimos 18 prisioneros; 2.000 tiros, 2 quintales de pólvora, 300 fusiles. Los demás se hallan dispersos. Para verificar esta expedición le remitieron de Quito a Pasto 2.350pesos. Tú puedes calcular, poco más o menos, quienes eran los autores de tanta maldad. He remitido al Gobierno bastantes documentos que se tomaron en el campo, por los cuales se descubre que tu buen padrino es el principal corifeo. Sáenz y Ascázubi, antes de salir de Pasto han escrito al General Santander anunciándole la venida, y diciéndole, el primero, que venía a buscar su muerte, o a libertar su patria de la facción que le oprimía; y encareciéndole darle un asilo, en caso de sufrir algún infortunio. La pólvora la compraron en Poparán. Si no me apresuro a salir con Guerrero y "La Primera ", el país estaba en el día todo iwuelto. No había que dudarlo. Su plan era llegar con tan buen cuadro hasta las inmediaciones de Quito; aumentar sus fuerzas; consiguientemente principiar a obrar. Muy malas intenciones traían. Dios los castigó. Aún tengo partidas tras ellos. He mandado juzgar a Joaquín Gómez y su hijo. No sé si me han secundado en Quito; aunque no puedo dudarlo, porque dejé al señor Larrea bien templado. He sabido con mucho sentimiento la muerte de Otamendi y sus compañeros. ¡Cuándo se acabará esta guerra que nos devora! Tuyo de corazón, Antonio Martínez Pallares ". (AHBC. Fj. Vol. 00098 Col. 7, Vol. 15 f. 283) El mismo General Pallares remitió el parte oficial que publicó La Gaceta en su No. 143, 3-V-34. El General Sáenz pensaba llegar a Quito, caminando por los páramos de la cordillera oriental, y su espionaje no le sirvió de nada. Fue rodeado, aunque ocupaba una posición donde no podía atacarle la caballería. Sin embargo, ésta cargó a galope. Los de Sáenz se replegaron a la altura de Panecillo, casi inexpugnable; los jinetes de Guerrero echaron pie a tierra y acometieron con sus lanzas, en medio de un fuego vivísimo: "en aquel momento, como los enemigos se defendían con el más grande vigor y nuestras tropas salieron dispersas en esta maniobra, la victoria vaciló por un momento, hasta que el intrépido Coronel Guerrero, con algunos oficiales y soldados los cargaron denodadamente. Entonces se'vieron coronados los esfuerzos de nuestros valientes, obteniendo un triunfo completo; del cual han resultado veinte muertos de los enemigos, contándose entre ellos en clase de ofifia.les, José María Sáenz. Ignacio Zaldumbide, Vicente David y Rafaéi-Arboleda; dos heridos y 16prisioneros... Me es satisfactorio anundiar a V. S. que se ha disipado esta facción que, a mano armada y con excelentes soldados venía con las intenciones más perversas a introducir en el país los horrores de la anarquía". ^ . El Coronel J. M. González A., analiza la importancia del triunfo gobiernista de Pesillo, en carta a Flores desde Latacunga. "Latacunga Abril 24 de 1834 Excelentísimo Señor General Juan José Flores ... Empezaré esta carta por dar a usted el más expresivo parabién por el importante triunfo que las armas del gobierno han conseguido sobre los facciosos del interior en la pampa de Pesillo. Este triunfo, que es a mi modo de ver de muchísima consideración en el día. asegura a usted su retaguardia, que en cierto modo estaba muy descubierta, y le asegura también los recursos del interior, que los rebeldes querían arrebatarle. La muerte de Sáenz y Zaldumbide, unida a la de Hall y Echanique. demuestra de la manera más clara que la justicia del cielo no está sino por castigar a los autores de esta horrenda revolución que tanta sangre y tantas pérdidas ha costado al Ecuador. Mas yo confieso a usted que, como vecino de Quito, e interesado como usted mismo en el restablecimiento de la paz, no he podido por menos que sentir la desgracia que estos hombres atolondrados han traído sobre sus familiares. Dejo de hablar a usted de un triunfo interesantísimo que sin embargo ofrece odios eternos, y enemistades irreconciliables, ... José M. González ". (AHBC. Fj. Vol 00098 y 285, Col. 7, Vol. 15) Se dice que un oficial Cárdenas dio muerte al General Sáenz ya rendido, y al señor Ignacio Zaldumbide. Esta noticia repite el General José M. Obando escribiendo a Santander: "Cerca de Otava-lo sorprendieron a una patrulla (gobiernista) de caballería; mataron a doce, entre ellos a un tal Cárdenas, el mismo que asesinó a Sáenz. Y algo es esto ". (88) El comentario del General Hilario López fue: "Siento infinito la muerte de Sáenz, aunque nos dio bastante que hacer en su calidad de boliviano. Yo temía bastante un fracaso desde que supe la empresa de Sáenz; porque como soldado era un pobre diablo: y como General, algo menos. Era mi pariente bastante cercano". (4-VI-34) En estas palabras habla más el despecho y la rabia por el fracaso, que la razón y la justicia; porque la hoja de servicios de José María Sáenz está avalada por Bolívar, San Martín, Sucre, Flores y el propio Obando. Se consolaba Hilario López con la esperanza de que la muerte de José María Sáenz y de Ignacio Zaldumbide, procuraría enconadas enemistades a Flores entre sus parientes numerosos de Quito. Pero no estaba en su previsión que este duelo por la desgracia de Pesillo tuviera por consecuencia un perenne destierro de su hermana, doña Manuelita Sáenz, con las consecuencias del deterioro de sus bienes en Quito.



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