36- La revolución en el norte, José Félix Valdivieso, Jefe supremo

Descipción de este artículo:

No murió la oposición de El Quiteño Libre —de los Chihuahuas del Norte, según los apellidaba Olmedo— con el fallecimiento de José María Sáenz; tomó su bandera el señor José Félix Valdivieso, el ex ministro de Flores, y encabezó una peligrosa revolución en el Norte del país. El Sr. Valdivieso poseía ricas propiedades en la provincia de Imbabura, era bien conocido y admirado por su ilustración y afabilidad; pero no era militar, ni estaba dotado de la energía necesaria para mantener una revolución contra el Gral. Flores o Roca-fuerte. Sus partidarios, sin embargo le nombraron Jefe Supremo de la República a 14 de junio del 34, en oposición al gobierno floreano, del cual él había sido Ministro, responsable de sus actos por tres años. Entre tanto, Guayaquil es tomada por Flores; y Rocafuerte, Jefe Supremo también, cae preso. Ante esos hechos, el Vicepresidente Larrea envía el Gral. Isidoro Barriga a entrevistarse con Valdivieso y proponerle un convenio de paz; tanto más que ahora podía el Gral. Flores volver a Quito con toda su fuerza militar. Valdivieso no lo aceptó; y como el Gral. Flores no venía, ni era posible que volviera en esos meses a Quito, Valdivieso nombró General en Jefe al Coronel José María Guerrero y avanzó hacia Quito: el 4 de julio apareció en las alturas de Lumbisí y exigió la rendición. El día once se rindió el Gral. Martínez Pallares, que en vano esperó socorros del Sur. Valdivieso creyó que podía conquistar toda la Sierra y todo el país.

Mas en esos mismos días, el mes de julio ocurre la inesperada reconciliación de Flores con Rocafuerte: ambos firman un tratado de amistad y colaboración. Ofrecen reunir un Congreso Extraordinario el 15 de agosto. "Se escribirá de inmediato al Sr. Valdivieso y mandarán dos personas que le informen de este convenio y pidan que reúna sus tropas y las de Quito con las del ejército unificado del Sur". Dice el Art. 6 del tratado: Art. 7: "Pero si el Si: Valdivieso, por su miras personales, desatendiere la invitación, quedan obligados a reducirlo a su deber". Rocafuerte dice que marcharon los enviados y le propusieron los preliminares de un tratado de paz, sin efecto, "porque el Si: Valdivieso entrevio que él podía erigirse Presidente y no tuvo la fuerza de sofocar los ímpetus de su ambición ". (a Santander, 30- XI-34) Sin embargo, convino en enviar como parlamentarios a Baba-hoyo al Dr. Pablo Merino y al canónigo José Miguel Valdivieso. Por parte de Flores y Rocafuerte acudieron José J. de Olmedo y Luis F. Vivero. Olmedo refiere las entrevistas, en carta a Flores. 4 de julio, del 34: "Han llegado los varones de Quito: Pablo Merino y el canónigo Carrión Valdivieso. Difícilmente se podía hacer una elección que menos esperanzas diera de un buen entendimiento. El primero, enemigo gratuito y empecinado del Gobiernoy de Ud.. El segundo resentido)' agraviado por ¡a destitución en el Congreso. El uno interesado en la revolución por no tener fortuna; el otro, por consejar la suya y aumentarla. El uno sosteniendo a Don Tembleque con la reverencia debida a su suegro futuro; el otro con el ardor, devoción y culto debido a un pariente, a un patrón, de quien espera los cuernos de una mitra. Hoy se abrieron las conferencias: tropiezo en todo, suspicacia en todo. Merino viene con una animosidad incoercible". Merino exigió que viniera Rocafuerte, de cuya reconciliación con Flores dudaba. Olmedo se inquietó, y pide el parecer de Flores, porque teme las argucias del delegado del Norte: "Ud. sabe que Moncayo tenía un gran ascendiente sobre Rocafuerte, la dureza con que lo reconvenía, al arte con que lo inflamaba; y la condescendencia con que lo sufría Rocafuerte. Pues eso y mucho más debe temerse de Merino: que es tan exaltado como el otro; más rencorosamente apasionado; y que tiene los respectos de mayor edad, de mayor saber, y de cierta exterioridad modesta y afilosofada en la persona y en las palabras. Todo lo cual debe hacer mucha impresión en una alma tan etérea como la de Rocafuerte. No me atrevo a decir si conviene que venga...". Las conversaciones fracasaron: no se podía esperar otra cosa: el gobierno legítimo no podía rendirse ante un Jefe Supremo revolucionario; y los parlamentarios de Valdivieso no quisieron deponer sus esperanzas, teniendo como tenían toda la Sierra a su favor; y contando con los chihuahuas de la Costa. TERMINA EL PRIMER PERÍODO PRESIDENCIAL DE JUAN JOSÉ FLORES El 10 de septiembre del año 34 terminaba el período constitucional, en circunstancias anómalas y desastrosas, que amenazaban la misma permanencia y existencia del país, el cual se vio dividido y regido por tres autoridades que se hacían guerra encarnizada. Con razón dijo Olmedo: "Una noche de revolución es peor que un año de mala administración ". El Gral. Flores decidió cumplir con la Constitución y retirarse de la Presidencia en la fecha legal. Asi lo hizo, mediante esta Proclama al pueblo ecuatoriano: "Hoy termina mi período constitucional y hoy dejo de mandaros. Las circunstancias han impedido la reunión del Congreso el día prefijado, Esta desgracia me ha puesto en la cruel alternativa de separarme de la presidencia sin entregarla a un sucesor constitucional; o retenerla con mengua de mi reputación. Lo primero es una fatalidad inevitable. Lo segundo un mal enorme, un pretexto para que continúe una guerra y revolución escandalosa. Llevo el sentimiento de no haber podido haceros todos los bienes que merecéis. Sin embargo reclamo vuestra indulgencia, y no olvidéis que cuando fui Jefe del Sur —en 1830—, a la cabeza de veinte cuerpos victoriosos, me despojé voluntariamente de las amplias facultades de que estaba investido, y cooperé gustoso a fundar la independencia del Estado. Que como Presidente he defendido vuestras instituciones en las tres diferentes guerras que se han suscitado. Y he cumplido mis ofrecimientos de no mandar un día más ". Y se retiró a su hacienda La Elvira en Babahoyo. Vicente Rocafuerte, que había sido nombrado por Flores Jefe Superior del Departamento de Guayaquil, reunió ese mismo día 10 a los padres de familia: les hizo ver que "habiéndose disuelto el pacto de unión que existia entre los tres departamentos"—palabras que equivalen a decir que el Ecuador había desaparecido como fruto de la revolución de El Quiteño Libre y de los Chihuahuas: (a Santander, 30-XI-34)—, solicitaba que deliberaran los medios de restablecer el orden, la paz y concordia, por medio de una Convención Nacional. Lo aceptaron, y nombraron a Rocafuerte Jefe Supremo, investido de los poderes para el gobierno. Rocafuerte sigue exponiendo las circunstancias, dice que envió delegados a Quito, Cuenca, y al General Isidoro Barriga, que había sido nombrado por Valdivieso, General en Jefe de su ejército, solicitando una avenencia. No fueron siquiera admitidos. Barriga contestó desconociendo la autoridad de Rocafuerte, con fecha 10 de septiembre, y anotando que la Nueva Granada había reconocido el Gobierno provisorio de Quito. Que esperaba refuerzos de 1.500 hombres que tenía José M. Obando en la provincia de Pasto. La carta de Obando a Rocafuerte de 6 de octubre confirmaba esos temores. Cuáles eran las relaciones del Gobierno de Valdivieso con Obando lo demuestra la carta que presentamos: "Quito a 30 de septiembre de 1834 Al señor GeneralJosé M. Obando -C-.Pasto. Mi más distinguido General y amigo: La comunicación oficial que abierta dirigimos a usted, para que por su favor se remita con más prontitud al gobierno, tiene el objeto de alcanzar más aceleradamente los auxilios, si usted se halla y a con facultades para darlos, y dar a usted una idea de nuestra situación política, que no puede ser más triste. Después de haber combatido con tanta gloria contra la tiranía y recuperado estos pueblos su libertad como por un encanto mágico que ellos mismos no alcanzan a comprender, cuando sólo faltaba perfeccionar esta obra en la Convención, se nos presenta el fenómeno original de la deserción escandalosa de Rocafuerte, que con aspiraciones locales y otras tonterías propias de un cerebro desconcertado, nos ha cambiado el aspecto de la revolución, poniendo en práctica el plan inicuo de llamar a Flores al mando de las armas, protestando llevar la guerra hasta la Nueva Granada, la cual es el blanco de sus tiros, pues que en sus notas y actas oficiales siempre está delirando con la facción granadina a que dicen nos hemos ligado. Antes de ahora se le oían a García del Río expresiones semejantes, y esto nos descubre que siempre tenía Flores algún plan secreto contra la Nueva Granada, en el cual ha hecho entrar a Rocafuerte. Fije usted su consideración en el artículo Tru-jillo del impreso que le acompaño, y verá usted que había una trama en el bajo Perú en que estaba comprometido Flores, el cual tiene a su lado al General Reigada en Guayaquil dándole sueldo del Estado, y concebirá usted que hay proyectos malignos y que Flores no puede estar tranquilo en ninguna parte. Quién sabe qué nueva escena de escándalo nos quiera presentar; yo creo ya indispensable la venida de usted, y me lisonjeo con la esperanza de abrazarlo y que los pueblos llenarán el deseo que les asiste de ver a usted consumando la obra de su libertad. Con un repuesto considerable de fusiles, muy poca gente necesitaría usted de la suya, pues encontraría aquí cuanta quisiese para formar un ejército. Los hijos de Guayaquil deploran en secreto la opresión en que se hallan; han remitido a la Bodega un comisionado, y éste nos escribe descubriéndonos los planes que se han indicado al Gobierno de la Nueva Granada. Nos ha hablado también del proyecto que tenían de hacerse de la Colombia para eternizar la guerra, y con este motivo hemos hecho algunas indicaciones al Congreso norteamericano avisándole que hemos puesto la fragata a disposición de la Nueva Granada como una propiedad perteneciente a las tres secciones, y de que no puede disponer la facción de Guayaquil. Ni es posible que el Gobierno haya dejado de instruir a usted ampliándole suficientemente para obrar en estos casos ingentes en que creo interesada esa República que la distancia nada puede proveer con oportunidad. Mucho celebro que Pallares esteva en ésa disfrutando de la protección de usted. Pallares ha buscado por sí sus trabajos que le anuncié muy anticipadamente; él no quiso oírme, él perdió la estimación casi general que disfrutaba aquí, él no podía dejar de conocer a Flores que se lo despedaza actualmente, pero con todo, él quiso hacerse desgraciado. No dude usted que haré en su favor cuanto me sea posible, respetando su propia desgracia que tanto afecta la sensibilidad de mi alma. Para noviembre próximo le había prepa- rado el auxilio de 400 pesos con que puede contar con toda seguridad o disponer de ellos como quisiese. , El Coronel Machuca ha venido recientemente de Guava-quil por Esmeraldas, y nos ha hablado en el mismo sentido de esta carta, y yo espero que usted como vivamente interesado en el triunfo de la libertad, no dejará de obrar decisivamente en su apoyo, pues con sólo esto tengo por cierto que la campaña tendrá el término más feliz. No queda más tiempo que para repetir a usted la constante voluntad con que le distingue su más apasionado, verdadero amigo y servidor, J. Félix Valdivieso",



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