42- Segundo periodo presidencial del general Juan José Flores, el congreso de 1839

Descipción de este artículo:

El 15 de enero de 1839 se reunieron las /Cámaras y escucharon el mensaje del Presidente Rocafuerte que terminaba su mandato constitucional, y que presentó un cuadro verídico, aunque poco halagüeño, de la situación del país: "Los mismos vicios de antaño, consecuencia, según él, del sistema colonial, continuaban oponiendo resistencia al progreso de las luces y civilización; avaricia, servilismo, indolencia de los ricos; ignorancia y atraso del pueblo, acompañado de intelectuales proletarios ". Defiende los derechos civiles de personas naturalizadas en el Ecuador. Pondera sus éxitos en el campo de la educación elemental. La economía seguía postrada; no le ha permitido realizar obras en bien de la nación. Todo se debe a la equivocada legislación; de manera que tanto los empleados civiles como los militares reciben sólo la mitad de sus sueldos (Cevallos dice: "bien vestidos y alimentados; empleados bien contentos de sus sueldos", o.c. V-260) Propuso ciertos remedios, sobre todo para evitar los fraudes en los billetes de la deuda civil. "Mi corazón —dijo— se encoge de congoja considerando que los pueblos indígenas deban pagar el tributo; y que tengamos que seguir cobrándolo ....'". Todavía espera o sueña en fuentes de posible riqueza: en minas de oro y en plantaciones de canela, nuez moscada y clavo, en Macas; que traerán la opulencia. Pero fue modesto y objetivo al sintetizar su administración:

"El cuadro que os he presentado no es ciertamente halagüeño; tomé las riendas del gobierno en medio de la exaltación de los partidos y de una furiosa revolución, que he sofocado, sin innecesarias violencias. Recibí un cuerpo político exánime y moribundo, y os lo devuelvo en estado de convalecencia; y con bastante esperanza de que resistirá a los futuros embates revolucionarios". Se refiere, al parecer, a la fatal revolución Chihuahua que puso en trance de muerte al estado. Revolución en la cual él se vio envuelto e implicado; y que sofocó con mano enérgica aunque necesaria. Los ajusticiados fueron cincuenta y tres; y los desterrados, incluso Manuelita Sáenz, ...muy numerosos. (Antonio Flores Jijón, Para la Historia del Ecuador. Quito, 1891. p. 214) Reconoció también que "la paz y los cortos bienes obtenidos se debían en gran parte a sus colaboradores, a sus secretarios de estado y al ilustre General en Jefe ". (F. Salazar, Actas del Congre-so, 1839, Quito, 1893). No se trató, como se ve, de un discurso exultante y triunfalista, como lo hacen aparecer ciertos historiadores, que empezaron a escribir narraciones y biografías idealizadas de este ilustre patricio. ELECCIÓN DEL PRESIDENTE (31 DE ENERO DE 1839) Los electores eran 38; el General Flores obtuvo la mayoría de 29 votos; 3 V.R. Roca; 2, Pedro J. Arteta; uno, Olmedo, J.M. Larrea, Matheu, M. Zambrano. Vicepresidente fue elegido Francisco Aguirre, con 21 votos; Diego Noboa obtuvo ocho; Vicente R. Roca, cuatro. Dice Pedro F. Cevallos que "era fama muy esparcida que el Oral. Flores había, si no ofrecido la vicepresidencia, al menos dándole a entender a Roca que él sería su compañero en el ejecutivo. Que no obstante estos compromisos, cambió de idea, e influyó en que lo fuera Aguirre; lo cual exaltó el rencor de don Vicente Ramón que se convirtió en su enemigo y opositor", (o.c. 5- 262) El amigo Olmedo le escribió desde Guayaquil, donde ejercía el puesto de gobernador interino: "La noticia de las deseadas elecciones, de cuyo resultado nadie dudaba, se ha recibido con el mismo júbilo con que se reciben las buenas nuevas inesperadas. Es inútil decir lo que vo siento, lo que deseo, v cuánto espero en este período para honra y gloría del Ecuador". Y continuó con su oficio de mentor en el gobierno de su compadre: 1. Sea parco, sea mezquino en la inversión de las rentas: '¡El esqueleto de la hacienda pública sea un espectro que no se aparte de sus ojos!' 2. No conceda a nadie —ni a mí— el menor privilegio. ¡Haga Ud. juramento sobre la Cruz de su espada! (6-02-39) Y como el General era suntuoso, añade: "Se habla de fiestas y banquetes que ha dado de 300 cubiertos... Sería en El Ejido, porque en el corral que llaman Palacio de Gobierno, no cabe ni la quinta parte". (13-0239) Juan José, a sus 40 años, no era capaz de cambiar de hábitos, ni en esto ni en los restantes puntos del programa que le trazó el compadre José Joaquín. Siguen las lástimas económicas de siempre. El Ecuador no había salido de sus angustias y suma pobreza en el gobierno que acababa de terminar. "Ahora no hay proveedores; es forzoso dar de la caja las raciones y gastos que montan a 150 pesos diarios. No se me ha ocurrido otro arbitrio que pedir prestado. Me lo han negado. Sólo Luzárraga me ha dado 1.000 pesos con mi responsabilidad, hasta fin de mes. Desde ahora estoy en espinas —por lo dicho—v los 4.000 de la lista civil y militar que se debe pagar el día 20 y el 28. Asi, encargo a Ud., que no me vengan en estos meses órdenes de pagos, pues no podrán ser cubiertos; como no le pueden ser los que han venido para pagar 1.200 a los diputados de Manabí, y 600 al cónsul en el Perú ". Y luego una buena noticia: La Historia del Reino de Quito por Juan de Velasco, SJ. "Ha llegado —de París— Larrea, José Modesto. El informa a Ud. de todo lo interesante de su embajada. EIDr. Bran-din manda a Ud. por mi conducto el primer cuaderno de la Historia de Quito impreso en París; va a continuar la impresión aquí. Ha hecho una noticia bibliográfica de la obra que desea se imprima en la Gaceta de Quito; quiere que yo recomiende a Ud. la obra y el editor". (13-02-39) Julio Tobar Donoso completa los datos: "Eljesuíta. P. Davalas y Velasco. conservó en Italia todos los papeles de su tío Juan, con el respeto que merecían. Felizmente los pudo entregar a su deudo, el Dr. José Modesto Larrea, antiguo Marqués de San José, que viajaba por Europa. En 1837, estando de embajador en París, confió la publicación de la Historia al médico francés Abel Bran-din, que dio a luz un fragmento, arbitrariamente alterado, que no llega sino al libro 3°. Fue costeada por el Si: Larrea". (Bib. Ecuat. Mínima, LXXIV). La publicación recomendada por Olmedo se realizó en efecto en 1841, en la Imprenta del Gobierno atendida por el Dr. Agustín Yerovi, que lastimosamente introdujo graves modificaciones en el texto. Ahora, desde 1960, disponemos de una edición perfecta realizada por el Dr. Julio Tobar Donoso y Aurelio Espinosa. S.J. en la colección Biblioteca Ecuatoriana Mínima. Mientras Rocafuerte llegaba y se hacía cargo de la gobernación, escribe Olmedo a Juan José: "Me aflijo cuando pienso que Ud. vaya a ocupar el Palacio de Gobierno. Yo no sé cómo se pudiera dar a esa casa un poco de decencia. ¡Esa escalera, esos callejones, esos techos, esa distribución... Es verdad que otra cosa merecía el Ecuador y su Presidentey más que ellos su Presidenta ". Tampoco podía Flores negarse a conceder privilegios en favor de empleados necesitados, a quienes otorgaba excepcionalmente sueldo completo. Olmedo le observó con franqueza: "Todo privilegio desacredita la administración de Ud., que —hablando con franqueza— no tiene reputación de económico; aunque no se le disputa lo economista. No desacredite Ud., por Dios, su administración desde los principios. ¿Con qué derecho negará Ud. igual gracia a ¡os demás empleados, cuyo medio sueldo no les da para comer? "(6-03-39) EL GABINETE FLOREANO Al prestar su juramento prometió el General Flores: "ningún ecuatoriano será extrañado sin qué se preceda sentencia judicial". Más aún, olvidando antiguos agravios, llegó hasta dar cargos a sus pasados adversarios. Escogió para Min. del Interior a don Francisco Marcos; para Hacienda a Luis de Sáa, para Guerra y Marina al Gral. Manuel Matheu; estos últimos habían sido sus vehementes adversarios en 1834. El Gral. Matheu llegó a firmar la sentencia de fusilamiento y muerte contra Flores, cuando la revolución de J.F. Valdivieso, cuyo ministro de guerra fue. (Arch. Flores, PUCE) Inquietó esta generosidad a sus amigos: a Rocafuerte, a Olmedo y hasta a Manuelita Sáenz, que desde Paita cuidaba los intereses de su amigo Flores y del Ecuador. Algunos de estos nuevos partidarios de ocasión eran en el fondo irreconciliables, como se anotó anteriormente al tratar del Dr. Pedro Moncayo; y al citar la incisiva queja de Manuelita: "Señor Ud. siempre cria cuervos para que le saquen los ojos... ". Y Rocafuerte: "Roca se está insolentando por el apoyo que encuentra en el mismo palacio; si el Gobierno lo hubiera mandado juzgar como yo lo pedí, ya se habría moderado... Ud. está rodeado, compadre mío, de hombres que no le tienen la consecuenda a que Ud. es acreedor por la generosidad de su carácter. Ud. es demasiado bueno; mucho le cuesta castigar a los malvados; y su suma lenidad le va a, primero, ocasionar mil disgustos; y quizá el trastorno del gobierno". ( 15-VII-40) OBRAS EN EL MALECÓN Por referencias de Olmedo, se había realizado un contrato "clandestino" y sorpresivo, en la administración anterior, con una compañía que construiría el Malecón, en diez años, con el valor de 7.000 pesos anuales. Era un contrato nocivo, porque la Compañía obtenía piedra y cascajo de balde; los obreros eran los presidiarios, pagados y alimentados por la Municipalidad; de suerte que los contratistas eran tan bien pagados sólo por la vigilancia y dirección. El mismo Rocafuerte reconoció que había sido sorprendido. Encarga, pues, José Joaquín al Presidente, que intervenga, o que vete el decreto, si el Congreso llega a aprobarlo. (13-03-39) El Tratado con Inglaterra: Igual cosa pide sobre el proyectado tratado con Inglaterra, preparado por el gobierno anterior, que teme será gravoso y humillante para el país. (6-03-39) El Gobierno posee el Patronato Ecleciástico, y Olmedo acude a Flores, a nombre del Obispo de Guayaquil, para mejorar su "coro de canónigos " y evitar la posesión del Deán, un francés de deficiente reputación. Mas el Congreso es el que tomaba las determinaciones; como los conventos habían decaído gravemente en su vocación, por los trastornos de la Independencia, éste trató de disminuir su número y el de los religiosos; así restableció la antigua ley de Colombia que prohibía el ingreso en los noviciados a menores de 25 años. Ley que fue derogada por Bolívar. (PRAN 15-03-37- Rocafuerte) A 20 de febrero del 39 dio "el pase" al breve de Gregorio XVI, que disminuía los días festivos de guardar en el Ecuador, a peti- ción del Obispo Arteta. El Registro publicó la lista de festividades de precepto y días de abstinencia y ayunos. En lo religioso, Rocafuerte, Olmedo y Santander contagiaron a Flores con la preocupación y oposición a lo que ellos llamaban confusamente "fanatismo"; y que era ásperamente replicado y refutado por fray Vicente Solano. (Julio Tobar D. La Iglesia Ecuatoriana en el siglo XIX. 1809 a 1845, Quito, 1934, Cap. 3° 2° parte) EL NUEVO GOBERNADOR DE GUAYAQUIL El 4 de marzo de 1839 llegó Rocafuerte a Guayaquil, con el nombramiento de gobernador; y por lo tanto sucesor de Olmedo, el cual quiso entregarle de inmediato la gobernación. Escribe Rocafuerte a Flores: "Yo llegué el lunes cuatro del comente; inmediatamente me vino a ver nuestro amigo Olmedo; se me presentó no como el hijo favorito de Apolo, sino como el discípulo de Jeremías. Deploró su triste destino, la cruel situación en la que había dejado su antecesor González. En fin, después de una larga jeremiada, concluyó diciéndome que no tenía cómo pagar las raciones de la tropa, ni los sueldos del 20 de este mes; y que en el acto me hiciera cargo del gobierno ". (5-marzo, 39) Pasaron 15 días antes del relevo; y empezó Rocafuerte a mostrar su actividad y vehemencia, que asustaron a Olmedo, el cual lo refiere a Flores: Se refiere a Fernando Pareja, empleado de la aduana, la niña de los ojos de don Vicente. Le dieron malos informes sobre él: "Y exaltado, arrebatado Rocafuerte, que poco necesita, ha recibido muy mal a Fernando, y le ha dicho expresiones duras, tratándole incivilmente, en términos que le ha obligado a hacer su dimisión ". (22-V-39)

Al mes siguiente ocurrió otro disgusto con Juan Francisco Ycaza: "Es muy sensible este desacuerdo; porque prescindiendo de su precipitación y exaltación, Rocafuerte es realmente un hombre de provecho; este provecho seria más efectivo, si todas las personas que le rodean tuvieran el arte de contemporizar, o no resistir a sus exabruptos; y después ir poco a poco haciéndole conocer los inconvenientes de ciertas providencias, aunque sean dictadas con el mavor celo. (19-VI-39) Ha venido, dice, con 15 años menos; es decir con 15 grados más de ardor, ebullición v detonación. Ud. sabe cuanto amo a Rocafuerte; y le aseguro que tengo un pesar verdadero de ver eclipsadas por su atolondramiento tantas buenas disposiciones para mandar y promover el adelantamiento del país. ¿Qué digo yo eclipsadas? ¡Perdidas... y aún convertidas en daño público!". En cambio tiene palabras de admiración y cariño a la vista del heroísmo con que don Vicente atendió a los que sufrían por la terrible epidemia que en 1842 cayó sobre Guayaquil: "Temiendo estoy, de un momento a otro la caída de Roca-fuerte, nuestro Rocafuerte. La continua agitación en que dice que vive; la asistencia constante a los hospitales, al panteón, a las casas de los enfermos; el aire pestilente que respira a toda hora... Será un milagro que salga libre", (1-XI-42) LAS TRISTEZAS DEL AÑO 42 Se las contó José Joaquín de Olmedo confidencialmente al amigo Juan José: primeramente los insondables duelos, tributo a la horrenda peste del 42; y luego sus enfermedades y sus pobrezas. Peregrinó Olmedo con su familia por diversos sitios de la Península, tratando de huir de la peste que se cebaba en la ciudad. Fue en vano: su cuñado el presbítero Ycaza, y sobre todo su hermana tan profundamente querida, doña Magdalena de Pazis, y una hija de ella, sucumbieron, sumiendo en añicción indescriptible a don José Joaquín, debilitado por una úlcera, la melancolía y la pobreza. Así se desahogó con el amigo Juan José Flores: "Mi querido amigo: Yo quedo con mi familia en la consternación inexplicable: en un día, en un solo día, acabamos de perder a mi hermana. Su amor y ternura hacia mí eran una pasión tan extremada, que no debe compararse ni con mi dolor. Y también a una de sus hijas, que era la más llena de vida y salud. Considere Ud., amigo de mi alma, mi situación y la de esta miserable familia... No puedo escribir más. Dios preserve a mi familia de Quito". (17-X-42) Y entonces fue cuando gimió y se desesperó como Job, abrumado por el misterio del dolor, dialogando con el infinito, en un soneto sobrecogedor. INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE FLORES EN LA NUEVA GRANADA-1840 El Ecuador venía manteniéndose en paz, mientras los países vecinos sufrían profundas convulsiones, que en alguna forma le afectaron: por la inmigración de numerosos jefes sureños, entre ellos del Mariscal Santa Cruz, a Guayaquil; y en la frontera Norte mucho más, por las sublevaciones y aún por la guerra declarada de los habitantes de Pasto y su provincia contra el gobierno central. El Ejecutivo ecuatoriano reforzó la frontera para evitar incursiones. La neutralidad no fue prolongada, porque aprovechó y encabezó la revuelta mencionada el General José María Obando, que aspiraba a la presidencia; y que así pretendía evitar el presentarse ante el tribunal que le seguia juicio por el asesinato del Mariscal Sucre. Obando, enemigo político de Flores, utilizaba todos los medios para sus fines, incluso la amenaza de incursión al Ecuador, además de calumniosas propagandas sobre soñadas invasiones al Norte. Este motivo defensivo, la invitación del General Pedro Herrén que pedía auxilio al General Flores, ofreciendo en pago la rectificación de la línea fronteriza con el Ecuador, movieron al Presidente, asesorado por sus ministros y el Consejo de Estado, a llevar tropas e intervenir en la guerra contra Obando. Estos motivos fueron presentados por el Presidente Flores, para justificar su intervención bélica en el sur de la Nueva Granada, ante el Congreso de 1841. (Salazar, o.c. Actas de 1841, 36). Flores a la verdad esperaba recuperar todo el territorio de Pasto, que continuaba aún mostrándose aficionado al Ecuador y a su mandatario. Para utilizar la vía diplomática, envió a Manuel Arjo-na a Bogotá a negociar esta devolución. Arjona le informa que sólo le dan buenas palabras, pero que hay completa oposición a la cesión de Pasto; Obando era el primero en objetarlo, y en amenazar, si el gobierno granadino cedía en este punto. Y añade: "las cosas en esta República están malas y muv malas; mejor marcha nuestro Ecuador. Hay muchas conspiraciones v no se presenta un hombre de prestigio que encadene las pretensiones. Santander está ya en agonía ". Ya que no era posible obtener la anexión de Pasto, deseaba conseguir la frontera del Guáitara y Patía, límite natural, fácil de defender; teniendo en cuenta, decía Flores al Congreso, que en el período de ocho años, el Ecuador había padecido cuatro invasiones desde el Norte. LA PROMESA DE HERRAN Y MOSQUERA SOBRE LÍMITES Recibió el Presidente Flores del Gral. Pedro Alcántara Herrán, jefe de las operaciones granadinas y futuro Presidente de la nación, la promesa de empeñarse en la fijación de la frontera del Guáitara; y ésa fue la condición previa para empeñar la ayuda militar del Ecuador, y terminar una campaña que amenazaba eternizarse. Lo sabemos por esta carta de Flores a Herrán: "5/i Gral. P. A. Herrán, General en Jefe del ejército granadino, Quito, 27 de agosto, 1840. Mi muy querido amigo, Con vista de la estimable carta de Ud., de 12 del corriente; y de lo que Ud. dice al Coronel España y al Min., de Relaciones Ext., he resuelto ocupar el Guáitara, para estrechar a Obando y cooperar con Ud., a la destrucción de este insigne faccioso. Mas al empeñar las fuerzas y recursos de la nación en una guerra de naturaleza difícil, confio en la respetable palabra de Ud., empeñada solemnemente, sobre la nueva fijación de límites territoriales. Los señores Ministros y Consejeros han manifestado la misma confianza, por lo cual no han vacilado en comprometer su responsabilidad, prestándose a los deseos de Ud.. En conformidad, he dispuesto que 2.000 hombres marchen a cubrir el Guáitara. Y pienso ir yo mismo en persona, con el objeto de dar buena dirección a estas tropas...". (Aren. Flores, PUCE) La población quiteña aplaudió la empresa bélica de Flores y sus fines; también el Consejo de Estado que otorgó al Ejecutivo las cinco facultades para el caso de amenaza de invasión; quedó este poder de excepción en manos del Vicepresidente Aguirre, porque el Gral. Flores salió el 31 de agosto hacia la frontera.

Rocafuerte aplaudió desde Guayaquil la intervención del Presidente: "Estamos perfectamente de acuerdo en nuestras simpatías con respecto a la cuestión de Pasto... Inmediatamente que recibí la carta de Ud. sobre los pertrechos que Ud. pide, y saldrán muy probablemente hoy o mañana" (12-02-4). Pero el señor Rocafuerte suponía que la campaña se hacía no por los fines que se acaban de señalar, sino para debelar a los pastusos que defendían la existencia de los conventillos suprimidos por Bogotá; esto es como dice el Gobernador de Guayaquil, contra el "fanatismo y la superstición ". Debido a sus ideas y convicciones jacobinas extremas, seguía pensando que el clero y las instituciones de la Iglesia Católica eran una remora para el progreso. Olmedo, en cambio, se mostró completamente opuesto a la intervención en Pasto; temía que pasara lo que pasara, tanto el Ecuador como su Presidente saldrían perdiendo; a más del gasto que la campaña exigía, en época de tanta pobreza. Escribe: "Muy desagradable ha sido para todos la noticia de Pasto y Obando. Esto pone además al Gobierno en una situación ingrata y embarazosa. A mí me parece que lo que nos conviene es guardar bien nuestras fronteras, y no proteger, ni indirectamente... a partido ninguno", (a Flores 12-02-40 Arch. Flores, PUCE) LA CAMPAÑA Y EL TRIUNFO DE HüILQUIPAMBA Según el plan, el General Flores tomó los pasos del Guáitara y en Taindala se entrevistó con los generales Herrén y Tomás Cipriano de Mosquera, que le presentaron honores como a Jefe de Estado; con ellos trazó el plan de la campaña, —como él mismo lo manifestó oficialmente al ministro de Estado del Ecuador, en su Despacho de Guerra y Marina—, "con el fin de reunir las fuerzas y dar al enemigo que estaba al frente un golpe decisivoy aterrante", y terminar la guerra con una sola batalla, como en efecto sucedió. (4-X-40)

Obando cometió errores y se vio forzado a retroceder precipitadamente hacia Pasto, a donde le siguió Flores; y de allí persiguió al jefe rebelde que se retiró hacia el oriente, y se parapetó en la quebrada Huilquipamba. Se concertó el ataque, en el cual se distinguió el comandante Pineda, que encabezó un atrevido asalto frontal que desalojó a los obandistas y les puso en fuga. Continúa el General Flores informando: "El Gral. Herrón y yo, pasamos la quebrada para sistemar tina persecución activa, cual nos habíamos propuesto antes del ataque... La facción de Obando ha desaparecido, y su cabecilla, en sólo tres días de operaciones ha concluido su carrera criminal. El huye por el monte, y su fuerza de 1.500 soldados se ha disipado como el humo ". (Salazar, Actas de 1841) El Gobierno del Ecuador felicitó al Presidente triunfador, que en tres días de ejecución dio por éxito el triunfo de Huilquipamba, en que sucumbió la facción que por quince meses tuvo bajo su ilegítimo imperio a varios pueblos granadinos. (13-X-40) Antes de retornar al Ecuador, a 11 de septiembre del año 40, Flores pidió al Gral. Mosquera una declaración franca y categórica de si el Gral. en Jefe, Herrén y él, cumplirían su compromiso de trabajar por la fijación de un lindero que conviniese más a las dos Repúblicas. Mosquera contestó: "Que debe cederse al Ecuador, cuando no toda la provincia de Pasto, al menos una parte de ella, fijando la frontera en el Guáitara. Que en este sentido empeñaremos nuestro in/Jujo para con los hombres públicos de la República, el Ejecutivo v ante las Cámaras; pues tenemos conciencia de ser lo necesario a ambas Repúblicas". (Gaceta del Ecuador. N-403, 1841) Asi lo expuso el Presidente Flores al Congreso del 41 y anunció que se habían abierto negociaciones con la Nueva Granada.

En efecto, a 4 de septiembre de 1841 se tuvo una conferencia entre el negociador ecuatoriano Gral. Bernardo Daste y don Rufino Cuervo, encargado de negocios de la Nueva Granada, en Tú-querres. Daste, tomando por base la oferta de Herrén y Mosquera solicitó fijar la frontera en la "quebrada de Angasmayo, hasta su unión con el Guáiíara; se seguía por este río hasta su desembocadura en el Patía y por éste hasta el mar ". Cuervo contestó que no vacilaba en asegurar que serían cumplidas esas promesas, fiel y religiosamente, estando a la cabeza del gobierno el Gral. Herrén que las había hecho. (Salazar. o.c. 27) Mas no fue así: porque el propio General Herrén, Presidente de la Nueva Granada, fue el primero en oponerse a ese arreglo fronterizo. Para obtener que Herrén cumpliera su solemne palabra y promesa habría sido menester entrar en otra guerra, mucho más costosa que la precedente. NEGOCIACIONES EN 1842 En marzo del 42 el propio General Tomás C. de Mosquera indicó al Presidente Flores que don Pedro Gual, amigo de Rocafuerte y de Juan José, podría ser un excelente negociador de límites entre el Ecuador y la Nueva Granada. Lo aceptó el Presidente y lo propuso con carta de 15 de marzo: "Yo tengo fe viva en todo cuanto Ud. pone la mano; no he vacilado en hacer nombrar a Ud, Ministro Plenipotenciario, persuadido de que Ud. no rehusará prestar un nuevo servicio a esta Patria, que debe a Ud. el reconocimiento de su independencia por España; y persuadido también de que Ud. no dejará de complacer en esto a su mejor amigo ". Paso a indicar a Ud. algunos puntos importantes: "1. Cuando concurrí a la jornada de Huilquipamba, el Con- sejo de Estado me escribió que no pasara el Carchi, hasta no asegurar bien los nuevos límites que se solicitaban. Confiando en la palabra del Gral. Herrón sobre que los límites se fijarían en el Guáitara, dejando para el Ecuador los cantones de Túquerres y Barbacoas, no vacilé en correr los azares de la guerra, y echar sobre mí una gran responsabilidad. Esto y las continuas quejas que se oían en nuestro pueblo sobre aquella intervención, me hacen desear vivamente la celebración del tratado de límites, afín de manifestar al Ecuador que no han sido infructuosos los sacrificios en aquella guerra largay azarosa. Y así escribo al Gral. Herrón. 2. La 'esponsión' hecha por el Gral. Mosquera en Pasto tiene el carácter de un verdadero tratado público, por cuanto el General granadino expresó que tal estipulación se hacía no solo en virtud de las facultades que tenía como General en Jefe, sino por las instrucciones que había recibido de su gobierno. 3. Recomendar a Ud. que lea y relea el Protocolo de mis conferencias en Pasto con el Gral. Mosquera, cuyo documento instruirá a Ud. en todos los conocimientos que Ud. pueda necesitar; y especialmente en los pronunciamientos de Pasto, y en la conducta del Sr. Cuen'o. 4. Suplicar a Ud. tenga presente que el cantón de Tumaco ha pertenecido siempre al Ecuador, sin que jamás se nos hava disputado el derecho a él; por lo cual ha sido indebida y aun escandalosa la retención que ha hecho de él la Nueva Granada". (Arch. Flores, PUCE) Sobre las conferencias de Gual con Herrén, dirá Vicente Roca-fuerte: "Por la conferencia de Gual con Herrón descubro que este General carece de nervio, y hay en él una indecisión de carácter que serán funestas a aquel país. La energía es, en mi concepto, la primera cualidad que debe tener un jefe llamado a cerrar el menguado resultado de este empeño limítrofe ". VICENTE ROCAFUERTE Y EL PROBLEMA DE PASTO Con frecuencia trató el gobernador Rocafuerte del difícil problema de Pasto; su carta de 7 de julio de 1840 contiene muy francas expresiones. Sobre el proyecto de tratado de límites con la Nueva Granada, con franqueza y con la desconfianza de quien rara vez está de acuerdo con la opinión de sus compatriotas, se expresa así: "Pasto es un peso muerto, un peso social muerto; ¿Qué ganamos con la cesión de Túqwrres y Barbacoas? Los dos cantones no producen suficiente renta para mantener la guarnición, que será necesario colocar allí, y para pagar los sueldos de los empleados civiles. Nuestro pobre erario tendría que aumentar sus desembolsos. Tampoco sacaremos de Túquerres y Barbacoas mayores ventajas comerciales, que las que en el día tenemos. Túquerres sólo puede comerciar ventajosamente con la provincia de Ibarra. Barbacoas ha enviado, envía y enviará siempre sus oros a la Casa de la Moneda de Quito. Dejemos, pues, a la Nueva Granada los honores de ¡a soberanía de esos cantones ". (Epistolario)



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