43- La crisis del congreso de 1841

Descipción de este artículo:

De acuerdo a la Constitución se ' reunieron las dos Cámaras en Quito, el 15 de enero de 1841. Las elecciones habían sido muy agitadas en las provincias, en Cuenca principalmente y en Guayaquil, como lo refiere Rocafuerte en las cartas de esta época. No logró la oposición el triunfo electoral; pretendió obtenerlo mediante las descalificaciones, como veremos. MENSAJE DEL PRESIDENTE Empezó diciendo: "Doy gracias a la Divina Providencia por los bienes de la paz que ha dispensado a la República; y os congratulo por vuestra feliz reunión ...". Expuso la situación, algunos de cuyos puntos ya se han expuesto. Hizo recomendaciones especialmente sobre Hacienda: "Debemos lamentarnos de que aún exista un déficit considerable entre los ingresos y los gastos comunes. Las rentas no están en razón directa de la base de la población; ni se ha consultado el sano principio de igualdad y justicia. La mitad de la República —la más menesterosa—, los indios, paga una contribución de 3 pesos y medio por cada varón. Mientras que la otra mitad, los blancos, con excepción de los propietarios, nada paga. Y no se diga que paga indirectamente por los impuestos a! consumo; también el indígena los paga, especialmente en la sal". Aconseja que se establezca un impuesto equivalente, al blanco. Igual que Rocafuerte fue de parecer que no se disminuyera más el ejército regular, por la inseguridad en ambas fronteras, que nunca podrían ser defendidas con reclutas.

Le respondió el Presidente del Senado Dr. José Félix Valdivieso, ya vuelto del destierro y reconciliado con Flores: "El Senado ha oído leer con mucho agrado el mensaje de V.E." Y pondera "la política prudente y sabia al reunir ¡os dos partidos; conducta tan magnánima le hace merecer bien de la patria..." Ofrece tener en cuenta las sugerencias del Presidente. Mas, nada de eso fue posible porque se enredaron ambas cámaras en la calificación de sus miembros. Terminaron desconociendo a los congresistas de Cuenca, porque decían que las autoridades habían influido moral-mente en la votación. Y así quedaron sin quorum para aprobar a los congresistas de Guayaquil, los cuales, por lo mismo se negaron a acudir. Para no disolver el Congreso que se había degollado a sí mismo, solicitaron del Presidente que convocara a nuevas elecciones en el Azuay, Mas la ley era dudosa. Lo consultó el Gobierno a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo de Gobierno. Ambas entidades a 4 y 5 de febrero de 1841 dictaminaron que era inconstitucional la convocatoria a nuevas elecciones. (F. Salazar, Actas del 41, p. 44 ss.) Quedaba el recurso de reunir un congreso extraordinario el año 42, en que se tomarían medidas para evitar que ocurriera un fracaso parecido en el del 43, y que sobreviniese otro vacío legislativo cabalmente en el año de elección presidencial. Fracasó el intento: no se pudo reunir el congreso extraordinario. Era obvio que en la mente de Flores y de sus partidarios renaciera la antigua preocupación del Libertador Bolívar y de Sucre que tenían desconfianza de los repetidos congresos, expuestos a las maniobras demagógicas de los elementos de la oposición, como había ocurrido años antes en la Convención de Ocaña, que se disolvió por un golpe de Estado que nombró Dictador a Bolívar. Había, pues, que aprovechar la oportunidad para reformar la Constitución, inspirándose en la mentalidad bolivariana, al menos en el proyecto que preparó García del Río, con aprobación de Bolívar y sus partidarios para presentarlo y hacerlo aprobar en el Congreso Admirable de 1830. En esa época, Sucre, Flores, el ejército, los diputados quiteños y la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano apoyaron fervorosamente los propósitos del Libertador. ¿No le volverían a dar su apoyo en 1843, cuando se palpaba por los acontecimientos referidos, que Bolívar tenía razón? Más de un historiador dice que este proyecto de constitución pretendía establecer un régimen republicano totalmente exótico, si bien con aparato de alta sabiduría. Mas es justo recordar, primeramente, que la tradición centenaria del país es que había regido una monarquía con un soberano dueño de todos los poderes; que los proceres del 10 de agosto de 1809 todavía reconocían al monarca. En segundo lugar, que luego de la independencia, los cabildos ampliados de Quito, Guayaquil y Cuenca, aceptaron, como se dijo, el proyecto de García del Río en 1830, aceptando la permanente presidencia del Libertador. El país estaba en paz, mientras los vecinos sufrían repetidas discordias. Para el General Presidente y sus allegados parecía llegado el momento de dar solidez definitiva a esa paz, robusteciendo las instituciones políticas de acuerdo a la antiguamente del Libertador, y a la experiencia de muchos estados pretéritos y modernos. Siempre Flores había profesado esta filosofía, y creyó que entonces podía contar con el respaldo de la mayoría cívica, y desde luego de los más prestigiosos jefes del ejército. Volvían a sonar en sus oídos los consejos del Mariscal Sucre a Bolívar, en parecidas circunstancias; porque el Mariscal, no guardaba simpatía por los sistemas exageradamente democráticos, ni por sus elecciones, ni la labor de las asambleas y congresos, llegando a escribir a Bolívar: "Yo siempre lamentaré que para obtener esta paz interior y esta marcha firme, no se hubiera Ud. senido de su poder dictatorial, para dar una Constitución a Colombia, que habría sido sostenida por el ejército. Los pueblos lo que quieren es reposo y garantías; de resto, no creo que disputen por principios y abstracciones políticas, que tanto daño les ha hecho al derecho de propiedad y seguridad ". (27-X-1828; 7-X-1829) El gobierno encomendó a Pedro Gual. hombre de prestigio y de experiencia, que redactase el proyecto de constitución. Gual era venezolano, pero de espíritu colombiano, y había prestado importantes servicios al Ecuador, tanto en Londres como en Madrid. Trazado el proyecto, el Presidente lo fue presentando en consulta a muchas personas de influjo. Se lo envió al Dr. Pedro Moncayo, su cónsul en Piura y hombre de indudable prestigio en un sector de la patria. Pero Moncayo fue fiel a sus convicciones políticas liberales y a la escuela de Santander. Respetuosamente respondió a Flores: "Estoy opuesto a todo lo que sea vitalismo; a la perpetuidad en los poderes". (22-X-1842, Arch. F. PUCE)Y hasta llegó a dar este aviso: "Yo creo, mi General que la mala inteligencia que se nota entre el gobierno y los señores de la oposición resulta más de la falta de franqueza. Todos temen que V.E. quiera perpetuarse en el mando; y que la Convención haga desaparecer para siempre, no las ilusiones de la libertad, sino sus goces verdaderos. Yo no juzgo así porque ¿cómo consentirá V.E. en comprometer su nombre histórico por ocho o diez años más de mando; cuando V.E. tiene de su lado lo que importa más al hombre público: la fama, una verdadera gloria y e!prestigio que ellas aseguran. ? V.E. es más grande en el retiro de la Elvira, que bajo los doseles de palacio. Porque, en el primer caso, V.E. dará: un ejemplo tan raro en los anales del mundo: la dimisión del mando, teniendo el poder y los medios de consejarlo... V.E. me dispensará estas observaciones. Estoy seguro que el mejor medio de mandar es oír las reflexiones de los ciudadanos; y V.E. ha tenido siempre esa tolerancia". (22-X-1842-A.F.) También, aunque con retraso, consultó sobre el tema con Olmedo, a sabiendas, sin duda de que ese amigo no había aprobado la Constitución Bolivariana, cuando la formuló el Libertador. O mejor dicho, Olmedo se adelantó a comentarla: "Ud. me prometió mandar el proyecto de Constitución venido de Bogotá, y que debía ser adoptado por la Convención. No he visto el tal proyecto; pero oigo hablar de senadores vitalicios, de senadores conservadores, de largos períodos en el mando, de... Y como, me voy arranciando, nada de esto puedo aprobar... Me molesta y aún indigna cuando oigo decir que es preciso alejar las elecciones porque siempre son tumultuosas. Yo no veo esos tumultos, ni esos desórdenes con que se nos intimida. Sólo he visto pequeñas intrigas del clero o de algún fraile, que el gobierno puede evitar fácilmente". (8-IV-43Arch. F. PUCE) En cambio Rocafuerte, Manuelita Sáenz en Paita, y tantos otros apoyaban la iniciativa del General Flores; el peso de este respaldo llegó a darle seguridad para proseguir en su propósito. CONVOCATORIA A CONGRESO EXTRAORDINARIO Pedro F. Cevallos opina que fue oportuna la convocatoria a una Convención y pedida por las circunstancias; añade, empero, que Flores la supo aprovechar para sus fines. Coincide con el pensamiento del Presidente en la justificación de esta medida en su Mensaje a los diputados: "Colocado elJefe del Estado en la dura alternativa de continuar administrando sin título de legitimidad, o de convocar a una Convención Nacional para que afirmase el sistema representativo y decretase las reformas necesarias, parece que no debía vacilar en decidirse por este último, con tanta más razón, cuanto que tenía en su apoyo el dictamen del Consejo de Gobierno, de la Corte Suprema, y la opinión de una gran mayoría de los ciudadanos respetables. Los pueblos, en general se han mostrado satisfechos; v las elecciones se han verificado con regularidad y orden ". LAS ELECCIONES Existía mal recuerdo de las elecciones últimas; el propio Pedro Moncayo anota que algunos diputados dejaron de concurrir al congreso "por egoísmo o por capricho y prevenciones de partido ". Había que dar una ley de elecciones que asegurara su éxito; y que los elegidos fueran favorables a las miras del gobierno. Pero el citado Cevallos opina que la modalidad de la ley fue inconsulta y retrógrada. Para ser elector se necesitaba tener una propiedad raíz de un valor libre de dos mil pesos; o de una renta de doscientos. Para ser diputado, 35 años de edad, una propiedad libre de ocho mil; o una renta que no bajase los mil pesos. Y se abría la entrada aún a los empleados de la República, como ministros de justicia, gobernadores, oficiales con mando en los cuerpos. Gracias a esta ley. el gobernador Rocafuerte pudo ser diputado. Conocemos la marcha del proceso electoral en Guayaquil gracias a las cartas de Vicente Rocafuerte, gobernador de la ciudad. Nos dice que las elecciones fueron reñidas, que él intervino en la campaña, pero sin éxito, porque no tenía habilidad para las lides políticas y obtención de votos. Don Vicente no poseía aptitudes diplomáticas, sino de ejecutivo de mano de hierro. Fue el General Wright, jefe de la plaza, quien maniobró con acierto, como lo reconocía el Gobernador, en este informe a Flores: "¡Las elecciones se han ganado!... Quien ha trabajado en este asunto y con mucho éxito ha sido Wright: yo convengo en mi nulidad, en esta clase de negocios. Los representantes principales para la convención son Olmedo, el General Wright, J.M. Benítez, J.M. Santistevan, F. Letamendi, y Vicente Martín. Entre los suplentes, el Coronel Villamil, el General Elizalde. Todos, como Ud. ve, son muy adictos a Ud. y al gobierno; y se han ganado completamente las elecciones". Así comentaba Vicente Rocafuerte, el cual apoya totalmente al gobierno, como lo vemos; siendo así que él estaba ya enterado del proyecto de la nueva Constitución propuesta por Flores. Y añade unas líneas curiosas: "Desde que he introducido el látigo en la cárcel, los presos están muy quietos. Y no piensan ya en amotinarse". El gobernador don Vicente Rocafuerte salió elegido diputado por Manabí y Cuenca; prefirió la representación de Cuenca. José Joaquín de Olmedo, que se había refugiado en El Morro, huyendo de la fiebre amarilla que diezmaba a la ciudad, donde fallecían hasta 48 por día, escribió al Presidente Flores: "Yo estaba muy resuelto a ir a la Convención. Pero sobrevinieron circunstancias imperiosas que alteran mi resolución...". No podía abandonar a su familia amenazada por la epidemia. Su ausencia fue lamentable, porque con su experiencia, y estando equidistante de las dos tendencias políticas, habría sido un elemento de equilibrio en las resoluciones de la Convención. LA CONVENCIÓN DE 1843 El 15 de enero de 1843, el Presidente Juan José Flores y treinta diputados, luego de asistir a la misa en la catedral, se dirigieron al Colegio de San Buenaventura, junto al convento de San Francisco, a dar comienzo a la importante asamblea, de inciertos presagios.

Eligieron Presidente y Vicepresidente a los señores Francisco de Aguirre y José Félix Valdivieso; secretarios a los Generales Antonio Martínez Pallares y Vicente González. El General Flores leyó su Mensaje: dio cuenta de los acontecimientos desde 1839, insistiendo en la paz, privilegio ecuatoriano, "istmo de nieve entre dos mares de fuego". Se refirió a los acontecimientos internacionales con la Nueva Granada y el Perú. Y pasó al tema principal, la reforma constitucional, cuyo proyecto era ya conocido: "Aunque amante a toda prueba de los principios liberales, no lo soy de nuestras frágiles instituciones, que no resuelven el problema de hermanar la libertad y el orden público. Muchos y costosos desengaños han disipado ya las primeras ilusiones, y convencido a los patriotas reflexivos de que la causa de los males que se han deplorado es el exagerado sistema que hemos adoptado, a despecho de las re\'olucio-nes repetidas. Sin sacar la experiencia y escarmiento de ellas ". Trató, luego, de comprobar su aserto con la experiencia nacional, con la de los pueblos hermanos, y con numerosos ejemplos históricos del pasado, y especialmente de la reciente República de los Estados Unidos, cuya constitución posee "principios conservadores que nosotros hemos desconocido y traspasado. Os propongo una reforma saludable, racional y conservadora de los principios liberales que hemos proclamado ". Expuso, con términos similares a los usados en 1841, la situación fiscal del Estado, en el que los egresos superaban a los ingresos. Solicita la creación de un impuesto universal. Insistió en el fomento de la educación primaria. La Comisión Legislativa presentó el proyecto de bases, de acuerdo a las ideas del Presidente; sólo el Dr. José Fernández Salvador salvó su voto en algunos aspectos. La Comisión estaba compuesta por Francisco Aguirre, José F. Valdivieso, Tomás Carbo W., Fran- cisco Marcos, José Fernández Salvador, Antonio Martínez Pallares, Vicente González, Luis de Saa, Ramón Gortaire y Ramón Miño. (27 de enero del 43) Vinieron prolijas discusiones y diversidad de pareceres. EL DIPUTADO ROCAFUERTE Y LA CONVENCIÓN El gobernador Rocafuerte demoró en viajar a la Convención: le preocupaba la seguridad de la ciudad y la provincia, más que la peste, que según él aseguraba había cedido ya desde diciembre. No encontraba a quién encargar la gobernación, donde se requería un hombre enérgico como él; un caballero de dinero, que supliera ocasionalmente su falta, y pagara a las tropas; porque, dice, que no se podría impedir una revolución si no se pagaban los sueldos. "Asípues, vendóme yo y Wright, todo se lo lleva la trampa. Ojalá pudiera irme mañana mismo y dar a Ud. un estrecho abrazo dentro de diez días; pero me detiene el temor de que, ausentándose Wright y yo, quede expuesta esta ciudad a un saqueo, que solo puede contener un brazo fuerte y vigoroso". (21-XII) También le ponían en cuidado los falsificadores de papel moneda. Porque, según anota Le Gohuir: "El Gobernador, ansioso por traer algún alivio a la situación económica de su provincia, arbitró en poner, previa aprobación del Gobierno, el cambio de las pesetas por billetes del mismo valor. Esta innovación ingeniosa y novedosa, resultó eficaz, con el respaldo de ¡a sal; y sobre todo por la confianza de los guayaquileños en la ciencia y rectitud de su conciudadano", (vol. 2. 371) Mas se presentó un gravísimo inconveniente -la falsificación-. Si era posible adulterar las monedas, mucho más fácil resultó falsificar los billetes. Inundaron a Guayaquil billetes falsos, aún de a peso: "Una calamidad tan fatal como la peste ha venido a afligirnos; dicen que en Cuenca y en e! interior están falsificando billetes de a peso, tan bien impresos e imitados, que es muy difícil distinguirlos de los verdaderos. Hay algunos en circulación ". (28-XII-42)Y él era el único capaz de contener esta calamidad. Refiere, a 18 de enero del 43, que dos falsificadores fueron sorprendidos. "El domingo fueron arrestados, el lunes juzgados, siguiendo todos los trámites que prescribe el derecho. Fueron condenados a muerte ese mismo lunes. El martes, yo conmuté la pena de muerte con cien azotes y cinco años de presidio; y ese mismo día empezó el castigo. Ha complacido al pueblo este ejemplo de que la justicia debe ser pronta, pública y barata". (18-1-43). REACCIÓN DE ROCAFUERTE ANTE EL MENSAJE DE FLORES Llegó copia del Mensaje de Flores a manos del Gobernador de Guayaquil que se apresuró a comentarlo al Presidente: "Mi muy querido compadre: El Mensaje de Ud. ha sido leído aquí con mucho gusto. No es extraño que a mí me haya agradado tanto; pues me da Ud. en él una nueva prueba de amistad, estrecha los vínculos que me ligan a Ud.". (25 de enero, 43) Se refiere, sin duda al párrafo de Flores: "La provincia de Guayaquil a la sombra tutelar del último Presidente de la República, progresaba en casi todo los ramos, cuando una epidemia asoladora, ¡afiebre amarilla, atajó el curso de su prosperidad creciente, segó la flor de las familias, cubrió de luto a todos los corazones... Y mayor habría sido el mal, si el ilustre gobernador, digno por cierto de alabanzas, no se hubiera excedido a sí propio en patriotismo v en generosidad, por socorrer a la humanidad doliente y conservar el orden público. ¡Gracias le sean dadas por la Convención Nacional!" Y antes, en noviembre del 42, dirigía estas palabras Rocafuerte al amigo de Quito: "He recibido la muy apreciable carta de Ud. fecha 2 del corriente; me he enternecido al leer, que si me enfermo, lo que no será extraño, Ud. está dispuesto a bajar a este vasto cementerio, aunque sepa perecer de la epidemia. Sensible a tan fino y expresivo testimonio de bondad y de verdadero afecto, ruego a Ud. mi querido compadre, a nombre de mi Comadre, de la Patria, y de la civilización de América, que no se mueva de la Capital, y que conserve su interesante vida, para fijar la paz, y hacer olvidar estas grandes calamidades". (9 noviembre, 42) A la verdad que no es éste un lenguaje familiar en el terrible tribuno y político de genio y verbo volcánicos. No han sido conocidas estas expresiones de amistad de Roca-fuerte con Juan José Flores, más llamativas cabalmente porque se escriben en vísperas de su rompimiento estrepitoso. Es indispensable tenerlas en cuenta, y a las otras que citaremos para enfocar los acontecimientos siguientes. En la mentada carta de 25 de enero del 43, anuncia que dejará de gobernador a Manuel Espantoso, quien sostendrá a la tropa bien pagada; y "bien pagada no hay nada que temer". Con todo hay espíritu de revolución, y Manuel Merino, "educado entre los facinerosos de Centro América, empezaba a hablar en los cafés de tiranía, de despotismo... etc. Cuando me cercioré de los hechos, lo mandé embarcar para el Callao..." Así defendía el proyecto constitucional de Flores. También habló del candidato a la presidencia para el período siguiente. Y hace esta recomendación a favor de Pedro Gual: "Cual es el hombre que nos conviene; si Ud. logra colocarlo en la presidencia, se cubriría de gloria inmortal; pondría al Ecuador en el sendero de la liberalidad, del progreso y de la civilización ". Veremos lo que ocurra cuando la Convención trate de la sucesión presidencial. La última carta amistosa de Rocafuerte a Flores, la de 26 de enero del 43, termina diciendo: "Comopronto espero tener el gusto de dar a Ud. un abrazo me despido, poniéndome a los pies de mi comadre, v repitiéndome, su afectísimo, Vicente Rocafuerte." ROCAFUERTE EN LA CONVENCIÓN DEL 43 Sólo el 10 de febrero llegó a Quito, y el 11 se incorporó a la Convención, cuando ya se habían aprobado las bases de la nueva carta; y el 13 se presentó el Proyecto para la discusión, por la comisión correspondiente. Fernández Salvador salvó su voto en algunos puntos; y se sucedieron las opiniones y debates sobre cada tema, con intervención de Rocafuerte, quien especialmente abogó por la libertad religiosa, de acuerdo a sus viejas ideas. La Constitución del 35 decía: "La Religión de la República es la Católica, apostólica, romana, con exclusión de cualquiera otra. Los poderes del Estado están obligados a protejerla y hacerla respetar". (PRAX 1-492) El diputado Tamayo propuso y obtuvo se cambiara por "con exclusión de todo otro culto público". Rocafuerte, que tantas veces expresó sus sentimientos anticatólicos, pidió se pusiese sólo: "La Religión es Cristiana"; o se quitara la exclusividad del Catolicismo. No lo consiguió, como tampoco lo había obtenido en 1835. Más éxito tuvo en su oposición al Senado vitalicio —tesis de su amigo Gual— que se dejó en 12 años.



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