Cap. 01- Pórtico

Descipción de este artículo: Entre Puerto Cabello y las islas antillanas existió siempre vinculación directa a todos los niveles, mucho antes de que se produjera el descubrimiento de América

Entre Puerto Cabello y las islas antillanas existió siempre vinculación directa a todos los niveles, mucho antes de que se produjera el descubrimiento de América.

Los primitivos pobladores de esas islas se valieron de todo tipo de transportación marítima con el fin de acercarse a nuestras costas pobladas, donde realizaban intercambios de productos, dedicándose en otras oportunidades al pillaje sorpresivo.

Igual sucedió al iniciarse el tráfico de negros esclavos. Algunos barcos dejaban su mercancía humana en las islas y luego la intercambiaban en tierra firme. Muchos de estos negros escapados de Curazao, Aruba o Bonaire, recalaron a nuestras costas, internándose en cumbres montaña adentro.

Al apropiarse los holandeses de la cadena de islas pertenecientes a la Capitanía General de Venezuela, éstos continuaron incursionando en la zona comprendida entre Paraguaná y Ocumare de la Costa, donde establecieron pueblos como Tucacas, Tocuyo de la Costa y otros en la región, manteniendo centros para el comercio clandestino con Borburata, Morón, Patanemo, Goaigoaza, San Esteban y varias encomiendas cercanas.

La vinculación con los curazoleños fue más allá del comercio, estrechándose afectos culturales a través del folklore y de la gastronomía. Algunas de nuestras manifestaciones artísticas consideradas como autóctonas, proceden de las Antillas, entre ellas la hamaca.

A pesar de la recia vigilancia de los españoles tratando de evitar el comercio irregular con los antillanos, el contrabando prácticamente se tecnificó entre vendedores y compradores por la libre oferta y el trueque.

Los españoles, como medida coercitiva, quemaban los poblados fundados por los holandeses en nuestras costas, tales como Tucacas, Tocuyo, etc., pero éstos aprovechaban los actos de terror para desembarcar en lugares seguros para sus operaciones, entre ellos las playas de Morón y los manglares de Puerto Cabello, que les servían de escondites privilegiados, por su situación geográfica.

En lugares poblados del litoral Centro-Occidental de Venezuela, tuvo vigencia una leyenda sobre el nombre de Curazao. Algunos consideraban que el origen se debía al insólito hecho de haber sido sacrificado un sacerdote español en una gigantesca hoguera al tratar de evangelizar a salvajes caníbales residentes en esa porción territorial.

Pocas personas conocían que la paternidad del nombre de esta isla se debe a portugueses tripulantes de naves expedicionarias que arribaron a sus playas despues del descubrimiento de América. . . Curazao significa en idioma lusitano "Corazón", y en esa forma geográfica la vieron aquellos aventureros.

De esta isla de bondad, amor, abrigo y desprendimiento, Manuel Rodríguez Cárdenas señaló que cuando se !e mira a distancia, metido en mitad de su caliente oleaje, Curazao surge desnudo como el corazón de Dios sobre el mar. Agregando luego, que es también isla de paz, abieita a todos los rumbos.

Carlos Fernando Appun (Karl Ferdinand Appun) naturalista alemán nacido en Silesia el año 1820, dispensó a Venezuela una interesante visita entre los años 1848 a 1858. En su obra "Unter die Tropen" el científico reseña su viaje a la Cordillera de la Costa, haciendo una descripción amena de su llegada a Puerto Cabello, y al referirse a nuestro primitivo Mercado Municipal nos dice lo siguiente:

"Aquí las negras holandesas de la isla de Curacao desempeñan un importante papel como vendedoras de frutas de todas clases; si no se está dispuesto a exponerse a sus sentimientos violentos, tiene que respetárselas del mismo modo que a las damas del mercado en París o a las pescadoras y vendedoras de frutas de Berlín."

"Extrañamente vestidas, anudado a la manera de turbante un paño abigarrado alrededor de la cabeza para protegerse contra el calor bochornoso, armadas algunas con grandes paraguas, se encuentran sentadas ante sus objetivos de venta: montones de frutas tropicales que ofrecen al paseante en su galimatías el llamado papiamento— una mezcla de holandés, español y alguna lengua africana que nunca llegué a descifrar".

Así eran los núcleos humanos que nos llegaron desde las Antillas, para conformar la unidad social que se ha mantenido entre este puerto y nuestros hermanos de Curazao, Anabá y Bonaire. Funda y Otra Banda, dos porciones geográficas atadas a un solo objetivo; Puente Dentro y Puente Fuera, fraternal similitud para enlazar afectos. Allá el corazón se entrega en apretado abrazo y aquí la cordialidad es norma permanente hacia el vecino que amasó sus esperanzas con nuestra propia historia.

Pasaron los siglos con sus secuelas de violencias, dejando un remanso de paz que estrechó lazos afectivos entre estas comunidades. Por eso, Puerto,Cabello durante mucho tiempo, antes que una porción territorial de España, parecía un pedazo de las Antillas Holandesas.

En nuestra ciudad se consumían con preferencia alimentos de la gastronomía curazoleña: quimbombó con chivo o pescado salado; lechosa con carne salada; funche con tamarindo; chivo con plátano maduro; seise preparado con cabeza de cerdo, ají, sal, pimienta y vinagre; sopa de aliyama conocida como pampuna; tutu, plato preparado con funche, caráotas y coco; dulces de tentalaria, doble beque, maní, ajonjolí, cala a base de frijol molido y seivido como croquetas y otros alimentos que sirvieron como dieta diaria de venezolanos y curazoleños residenciados en esta ciudad.

El doctor Enrique Aristeguieta Gramcko, en su obra "Curazao, vela de armas de los guerreros de la libertad", nos relata lo siguiente: "Antiguos son los vínculos que nos unen a curazoleños y venezolanos. Mucho más atrás, ubicado en un remoto punto de la noche de los tiempos, está el antecedente geológico que hace de esta isla, como de tantas otras del Mar Caribe meridional, parte de lo que podríamos llamar la 'corona' de la plataforma continental venezolana; gemas desprendidas de la masa continental del hemisferio suramericano, en momentos de composición, recomposición y ajuste del globo terráqueo".

Luego el escritor porteño señala que "Curazao ha sido para los venezolanos, aliento de liberalidades durante largos años de ignominia, aire de libertad y centro neurálgico de conspiración contra las tiranías en la batalla que comenzamos a ganar el año de 1810".



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