Cap. 08- El Mar es la Palestra

Descipción de este artículo: Desde los Departamentos del Orinoco y Venezuela se aprestan tropas para ir a disputar el Departamento del Zulia a la victoriosa División de Morales. El General Mariano Montilla desde Ríohacha se prepara igualmente para atacar a los realistas

Desde los Departamentos del Orinoco y Venezuela se aprestan tropas para ir a disputar el Departamento del Zulia a la victoriosa División de Morales. El General Mariano Montilla desde Ríohacha se prepara igualmente para atacar a los realistas. Pero las suertes se jugarán a bordo de los buques de ambas armadas. En Riohacha se reúne la escuadra republicana desde finales del año 1822; Renato Beluche, quien había intentado combinar con las fuerzas de Páez la reconquista, inicia a comienzos de 1823 el bloqueo de la barra, marinando en las aguas del golfo de Maracaibo. En Cartagena, el General de Brigada José Padilla completa las naves encargadas de recuperar el poderío en el Departamento zuliano; con buques llegados de La Guaira se refuerza el bloqueo. El General Manuel Manrique, desde el sur del lago, acciona también sobre Maracaibo. Los realistas se aferran a defender la ciudad y a mantenerse activos en la provincia de Coro, mientras organizan una poderosa flota.

Pero necesario a las acciones sobre el Departamento del Zulia, es fijar al enemigo encerrado tras los muros de Puerto Cabello. Recién instalado Páez en Valencia, apresura los preparativos del bloqueo y sitio de la plaza. A principios de enero se encuentra en San Carlos, organizando tropas rumbo al Zulia. El 27 del mismo mes desde el Cuartel General de los porteños siempre duchos en eso de la definición procaz hacia quienes les atrepellan con el sobrenombre de "Capitán Vapor", por su excesiva afición a las mujeres, al vino y a los estallidos de carácter. A pocos días de asumir el mando agosto 1822, expulsó de la ciudad al Auditor de Marina Don Ramón Hernández de Armas, y en los meses sucesivos dedicó especial saña contra los hombres de la Armada y los amigos de Don Miguel de La Torre. El 8 de noviembre casi mata a sablazos al Comandante Don Miguel de Valenzuela, al mando del Apostadero por ausencia de Laborde, y que de acuerdo a las ordenanzas era su segundo en jerarquía; Valenzuela, gravemente herido, fue a parar a las bóvedas del castillo. Don Ángel Laborde, haciéndose eco en Puerto Rico de los atropellos que contra sus hombres se cometían en Puerto Cabello, resumía en Carta al Ministerio (2) lo que fue el lema de Jaldón durante el tiempo que ejerció la comandancia: "Aquí no hay más ley, ni más Constitución, que mi santa voluntad, y yo respondo de todo". Digno émulo de Morales en eso del atropello a las leyes establecidas y por las arbitrariedades manifestadas, Jaldón agregó a los ya múltiples problemas de la colectividad porteña, uno más de singular importancia, que contribuyó notablemente a fortalecer los deseos ciudadanos de salir definitivamente de los "pacificadores". El partido patriota ganó adeptos durante la comandancia del Coronel Jaldón.

En los meses de septiembre y octubre de 1822 se creó en la ciudad justa expectativa, ante la noticia cierta de que una expedición vendría desde Puerto Rico a reforzar los cansados defensores de la plaza, y al frente de las tropas un militar de singulares méritos, nombrado por el Rey, Segundo Jefe del Ejército Expedicionario en Costa Firme: Don Sebastián de la Calzada. Desde el momento en que Morales asumió el mando, preparaba Calzada su reincorporación a la lucha, y el gobierno Colombiano seguía con interés tales noticias. A~ principios de octubre, en la goleta "Patriota" convoyada por la "Puerteña", ambas mercantes, salió Calzada de Puerto Rico, "con varios oficiales, alguna tropa y algunos víveres de donativo" (3); el 25 de octubre arribó a Curazao, y de allí en convoy con las goletas "Española", "Liberal" y "Atrevida", que venían cargadas de víveres, se dirigió a Puerto Cabello. El desconcierto de los defensores de la plaza no pudo ser mayor cuando se percataron de la calidad de los refuerzos y la cantidad de víveres (algunos quintales de arroz). Don Ángel Laborde resumiría en las páginas de su archivo: "La expedición de Puerto Rico que según anuncios fundados debía habernos hecho esperar socorros que aunque tenues, graduados por nuestra urgente necesidad y extremados apuros hubiera sido por nosotros considerados de entidad, ha sido realmente el parto del Monte: el refuerzo que esperábamos de marinería se ha reducido a un soldado desertor (...) diez vagos sin ejercicio de mar, desnudos, sin ninguna robustez y aún algunos sindicados de revoltosos y entre ellos cuatro de tal modo estropeados e inútiles que no pueden valerse a sí mismos y que tan pronto los he visto he tenido que despacharlos. La tropa se ha concretado a algunos oficiales que acompañaban al dignísimo Coronel Don Sebastián de La Calzada, sus asistentes y unos cuarenta hombres de distintos cuerpos..." (4). La mejor definición la daba Laborde; "un parto de los montes". Señal de causa considerada perdida, quién sabe de qué cárcel o castigo sacaron los "refuerzos" que venían en alivio de hombres que habían dejado salud y vida en defensa de una causa y un Rey, por quienes flameaba aún en los muros porteños el pabellón de Castilla.

Pocos días permaneció Calzada en Puerto Cabello; el 9 de noviembre, a bordo de La Ligera entraba a Curazao, donde permaneció hasta el 24 del mismo mes en espera de completar la dotación de varias goletas mercantes que debían conducir bastimentos a Maracaibo; en Curazao trasbordó Calzada a la fragata Constitución y siguió en convoy con La Ligera, el bergantín Hércules y las goletas Liberal, Atrevida y Depalo; a fines de noviembre llegaba a Maracaibo el Segundo Jefe del Ejército realista.

En el sitio de Puerto Cabello, el único acontecimiento notable durante los dos meses y medio de asedio a la plaza, fue la rendición del Fortín Solano. En la segunda quincena de abril la situación era crítica, ya que las municiones de boca escaseaban. Los defensores del fortín, comandados por un capitán de apellido Aponte, sin formalidad alguna de capitulación o convenio y sí mediante simple ofrecimiento verbal del comandante patriota, entregaron el fuerte el 24 de abril; toda la guarnición, excepto cuatro individuos que pidieron volver a la plaza, solicitaron servicio en las filas republicanas, lo que inmediatamente les fue otorgado.

Posesionados del fortín, se desembarcaron tres cañones de la corbeta patriota "María Francisca", y se fortificaron las vigías alta y baja, disparándose desde entonces algunos tiros sobre la plaza.

El 27 de abril, en horas de la tarde, se presentó a sotavento del puerto una goleta "cargada de víveres, vestuarios para la tropa y paño para oficiales", transportando a bordo al Coronel Manuel Carrera y Colina, quien desde entonces jugaría importante papel en la defensa de la plaza; a pesar de estar notificada la escuadra, por noticias proporcionadas por los defensores del Solano, nada se hizo para impedir que los sitiados recibieran el señalado refuerzo.

La acción más importante del segundo sitio de Puerto Cabello, fue también causa de que las tropas republicanas y la escuadra se alejaran de sus inmediaciones. El Capitán de Navio Don Ángel Laborde, que como hemos visto desde el 9 de noviembre se había ausentado del Apostadero, en cinco meses logró armar una escuadrilla en Puerto Rico y Cuba, y conseguir víveres y refuerzos. El 3 de abril de 1823 salió de La Habana escoltando un convoy hasta la desembocadura del canal de Bahamas, que era la ruta utilizada normalmente para ir a España, y de allí se dirigió a Puerto Rico, donde atracó en la ensenada de la Aguadilla el 19 del mismo mes. Mientras obtenía información complementaria sobre los sucesos de Costa Firme, aprestó su escuadrilla compuesta de la fragata Constitución, la corbeta Ceres, el bergantín Hércules, y las goletas mercantes Española, Rosalía y Rosarito. El 27 se dio a la mar y el 30 recaló sobre Punta de Lacre, en la Isla de Bpnaire, por tener informaciones de que la escuadra patriota fondeaba frecuentemente en ella; seguro de encontrar a Puerto Cabello en estado de bloqueo e ignorante de que el grueso de la escuadra republicana se concentraba en el saco de Maracaibo, barloventeó hacia Turiamo; al amanecer del día primero de mayo recaló sobre la punta de Patanemo, donde divisó a la vela una corbeta y cuatro goletas, y ancladas en el fondeadero de Isla Larga, una corbeta, un bergantín y dos goletas. La escuadrilla patriota al mando del Comandante Daniells, se aprestó de inmediato al combate; para ello pasaron entre las islas de Santo Domingo y del Rey, buscando mar afuera y quedar lejos de los fuegos del castillo, operación que efectuaron hacia las 3 de la tarde, por falta de viento en el resto del día. La línea de combate de la escuadra patriota quedó constituida, en Vanguardia, por la corbeta María Francisca, de 22 cañones; a la popa de ésta, la corbeta Carabobo, con 28 cañones; seguía la goleta Leona, con un cañón de a 18, tres de nueve libras y ochenta hombres de tripulación; hacia la popa de la Carabobo, se situó el bergantín Independencia, con 14 piezas en batería, una pieza menor en coliza y 130 hombres de tripulación; a retaguardia, í sin formación alguna, se situaron las cinco goletas, dos de ellas mercantes; y artilladas con un cañón de cruxía y 50 tripulantes, la Manuela, la Rayo y la Flor del Mar. La corbeta Bolívar y el bergantín vencedor, que formaban parte de la escuadra de bloqueo, se encontraban circunstancialmente en La Guaira.

A las 4 y media de la tarde comenzó el combate. La Constitución y la Ceres trabaron sus fuegos con las corbetas Carabobo y María Francisca. El bergantín Hércules, que hacía las veces de buque transporte y en el cual venían algunos oficiales y soldados del ejército, no participó en la acción; de la misma manera, antes de comenzar los fuegos, Laborde ordenó que las goletas mercantes que transportaban víveres, entraran al puerto. Dos horas duró la lucha. En vano trataron los fuegos de las corbetas republicanas destruir las arboladuras de las naves realistas, con el fin de inutilizar su velamen y así facilitar la huida. El bergantín Independencia, perdida la acción, logró zafarse del combate. Al anochecer abordaron los realistas dos naves patriotas, que en medio de fuegos destructores e inmensa humareda, seriamente dañadas recalaron a sotavento de la isla de Goaigoaza (ver Apéndice Documental N° 19). Las bajas republicanas fueron considerables. En las dos corbetas capturadas, hubo 40 muertos, 20 heridos, entre ellos el comandante Daniells y 300 prisioneros; los víveres de la Carabobo y la María Francisca sirvieron de inmediato para aliviar la penuria de los sitiados. Los realistas tuvieron, según informe de Laborde (5) solamente 17 heridos; según declaración de José Isidoro González, un esclavo pasado a los republicanos pocos días después, se enterraron en el cementario del castillo "como doce que condujo a su bordo la fragata y se condujeron al hospital muchos heridos" (6).

Pero los buques realistas quedaron seriamente dañados y en las circunstancias en que tal escuadra del refuerzo era esperada por Morales, constituyó un triunfo patriota inmovilizar las naves españolas; el día 2 de mayo entró al puerto la Constitución, imposibilitada de mantenerse en mar abierto, por su mal estado; "el 3 entró la corbeta presa Carabobo, el 4 la corbeta también presa María Francisca y la Ceres, que se había mantenido a la vela fondeada en la costa protegiendo las mismas presas" (7) (8). Para la reparación de la Ceres y la Constitución, debió buscarse sobre la costa maderas y pertrechos de buques perdidos, y sobre todo, desmantelar la corbeta Bailen, que durante muchos meses había sido pacientemente arbolada; igualmente tropezó el Jefe del Apostadero con el inconveniente de no quedar en Puerto Cabello maestranza capaz de reparar buques: el gobernador Juan N. Jaldón, no dejó maestro carpintero relacionado con la marina de guerra, que no hiciera salir de la plaza, en su afán de imponer su voluntad y ante el recelo de que algún hombre de mar cobrara los sablazos sufridos por el Capitán Valenzuela. La noticia de la derrota naval la conoció Páez al amanecer del día 3 de mayo, en su Cuartel General de Maracay. Consciente el Comandante del Departamento (9) de que resultaba imposible sostener el asedio sin el apoyo de la escuadra, ordenó ese mismo día el levantamiento del sitio, lo cual se efectuó bajo su dirección el 6 de mayo; tres meses exactamente habían permanecido las tropas republicanas frente a los muros de la ciudad.

Conocedor de la importancia del fortín Solano en la defensa de la plaza y en la necesidad de abandonarlo de nuevo a los realistas, proyectó Páez volar el fuerte; a los efectos tomó las providencias necesarias para su demolición, haciendo trasladar desde La Guaira un "oficial facultativo", quien luego de reconocer la solidez de sus muros y ante la ausencia de elementos suficientes para realizar la operación, ya que la República no tenía ni compañía de zapadores, ni mineros, ni instrumentos, decidió cancelar el proyecto. La retirada se realizó por el camino de Aguas Calientes, vía El Palito; en vista de lo difícil del terreno para transportar la artillería desembarcada de la "María Francisca", con la cual se bombardeó desde las Vigías al pueblo interior, Páez determinó enterrarla en inmediaciones de Paso Real; los realistas lograron localizar dos cañones, y la tercera pieza fue útil nuevamente durante el quinto y último sitio.

La derrotada escuadrilla patriota se retiró hacia La Guaira, a rehacerse de los daños recibidos en el combate naval del Primero de mayo; el bergantín Independencia y la goleta La Leona, siguieron al saco de Maracaibo. La corbeta Bolívar y el bergantín Vencedor, el día 4 de mayo se presentaron frente a Puerto Cabello, enarbolando el pabellón de Colombia y arrastrando por el mar la bandera española. La cita era en el Lago de Maracaibo! Cuatro días después del desafío, la escuadra patriota forzaba la barra y disputaba en lo sucesivo el dominio realista sobre las aguas lacustres. El General de Brigada José Padilla (10) como primer comandante, y Renato Beluche, de segundo Jefe de la escuadra, se aprestaban a darle a la patria días de gloria y a vengar la afrenta sufrida por los marinos patriotas frente a Puerto Cabello. Las operaciones sobre la barra de Maracaibo trasladaron provisionalmente el teatro de la lucha lejos de los muros porteños. Se estableció la línea sitiadora por los puntos distantes de oportunidades anteriores y se facilitó la movilización de tropas hacia el Zulia. Pero el Segundo Distrito no quedaba en calma. Al apoderarse el General Padilla de las comunicaciones lacustres, dejó cortada una columna realista operante en la Provincia de Coro, integrada por seiscientos infantes, ocho hombres de a caballo y una pieza de artillería; las fuerzas patriotas en la región coriana eran comandadas por el Teniente Coronel Reyes González, quien informaba permanentemente del movimiento desesperado de los realistas, ante la certeza de que intentarían entrar por tierra. En Puerto Cabello, Páez se movilizó desde Valencia, al frente de mil quinientos hombres de los batallones Granaderos, Anzoátegui y Boyacá y un escuadrón de caballería, y se situó en El Palito, en espera de los fugitivos; el 30 de mayo recibió el Comandante del Segundo Departamento, partes del Teniente Coronel Reyes González, en los que informaba que la columna enemiga había contramarchado hacia Coro, convencida de no poder realizar la entrada a la plaza de Puerto Cabello (ll). Dispuesto a destruir las fuerzas españolas, Páez resolvió que el batallón Boyacá, constante de seiscientas plazas, y treinta hombres de caballería del Apure, marcharan a ponerse bajo las órdenes del Teniente Coronel Reyes González, quien se encontraba en Capadare; a los mismos efectos ordenó al Coronel Andrés Torrellas, desde el Cuartel General de El Palito (3 de junio) que "arrollando todos los obstáculos que se le presenten, inmediatamente se ponga en marcha a reunirse al Teniente Coronel Reyes González a tomar el mando de la División"; las marchas de Torrellas deberían hacerse con "rapidez del rayo", frase muy a gusto en las órdenes de Páez; de resultar positiva la destrucción del enemigo, el Coronel Torrellas debía en definitiva reforzar la fuerza que actuaba contra Maracaibo, bajo las órdenes del General Manuel Manrique. Las acciones para liberar la provincia de Coro se darían en El Taque, donde quedó derrotada la columna al mando del Teniente Coronel Antonio Gómez, y con la derrota del Coronel Manuel Lorenzo en Cumarebo.

A la entrada de Laborde en Puerto Cabello, la guarnición sólo contaba con un mes escaso de víveres; la incorporación de numerosos prisioneros, consecuencia de la batalla naval del primero de mayo, colocó la plaza en mayores apuros; debieron desembarcarse víveres de las corbetas María Francisca y Carabobo para remediar la situación. De igual manera se dispuso en parte de los 57.849 pesos que a la orden del General Morales había transportado Laborde desde La Habana; el dinero fue invertido comprando en Curazao víveres para remitir a Maracaibo, al castillo San Carlos, dotar los buques de la armada y tres meses de víveres para la plaza de Puerto Cabello, "incluso el hospital" (12). Parte del dinero fue empleado igualmente en comprar en Curazao percha y tablazón para reparar las averías sufridas por la Corbeta Ceres y la fragata Constitución; se repartid a la guarnición alguna paga, lo que hacía circular la moneda en Puerto ¡ Cabello después de muchos meses desaparecida; en definitiva se le envió a Morales a Maracaibo —dinero que no pudo utilizar por las vicisitudes de la guerra— la cantidad de 25.000 pesos.

Las autoridades de la plaza de Puerto Cabello para el mes de junio de 1823 eran: Comandante Militar el Coronel Manuel de Carrera y Colina; Intendente, Don Diego Alegría; Jefe Superior Político, el Marqués de Casa León; Don Ángel Laborde, Jefe del Apostadero.

El 8 de mayo decidió el Comandante General de la Escuadra de Operaciones sobre el Zulia, General José Padilla, previa la aprobación por una Junta de Guerra reunida de emergencia, forzar la barra de Maracaibo; aun y cuando la operación estaba prevista con más de un mes de anterioridad, influyeron en el ánimo de los integrantes de la Junta las infaustas noticias traídas por los Capitanes Renato Beluche y Juan Mau a bordo del bergantín Independencia y la goleta Leona, escapadas del combate frente a Puerto Cabello; la presencia de un marino experimentado como Ángel Laborde y el refuerzo en buques mayores a la escuadra realista, colocaban en grave aprieto a los republicanos. Puerto Cabello decidía nuevamente el ritmo futuro de los acontecimientos.

Para los realistas resultaba inconcebible la audacia de penetrar la barra debiéndose sufrir los fuegos de las baterías del San Carlos; la negligencia de Morales en no reforzar con buques la entrada al lago, facilitó las operaciones. Durante seis días la escuadrilla colombiana integrada por el bergantín Independiente, comandado por Renato Beluche como Segundo Jefe de la Escuadra, buque donde se estableció el General Padilla y el Estado Mayor; el bergantín Confianza, su comandante el Teniente de Navio Pedro Yrribarry; el bergantín Marte, comandado por el Capitán Nicolás Joly; y las goletas Manuela (Capitán José Ratig de Vallegarde), Peacock (Teniente de Fragata Clemente Catell), Emprendedora (Alférez Tomás Vega), Manuela Chitin (Alférez Félix Romero), Independencia (Capitán de Fragata Samuel Pilor), La Leona (Juan Mau), La Espartana (Capitán R. C. Mauclin); los navios Mercantil y Grande Bolívar; y una fuerza sutil integrada por seis flecheras, tres bongos armados y otros botes menores, cruzaron la barra. Los buques de alto porte vararon en los bajos del Tablazo. El paso de la barra decidía la futura victoria.

Perdido un solo buque, el Grande Bolívar, el cual fue desmantelado y posteriormente incendiado, la escuadra colombiana después de múltiples esfuerzos por dejar a flote los buques mayores, fondeó en isla de Burros, frente al puerto de Maracaibo; desde allí bloquearon la entrada de víveres, cumpliendo igualmente funciones de limpieza de buques enemigos que realizaban tráfico comercial con Maracaibo. El 19 de mayo, fondeada la escuadra patriota en los puertos de Altagracia, fue atacada por los realistas; este primer contacto fue funesto para los españoles, quienes perdieron al comandante de la escuadrilla, Capitán Francisco de Sales Echeverría, gravemente herido, y muerto el capitán Francisco Machado, de la goleta Mariana. La dispersión a consecuencia de la falta de comando, fue aprovechada por las naves republicanas para dañar algunas embarcaciones enemigas. Durante el resto del mes de mayo y en la primera quincena de junio, ambas fuerzas se mantuvieron a la expectativa; el 3 de este último mes se libró una ligera escaramuza. Atacado Morales en el paso del Socuy por el ejército proveniente de Riohacha, se ausentó con sus tropas de Maracaibo, oportunidad aprovechada por el General Manrique para desembarcar 600 hombres y tomar la ciudad el 16 de junio; Morales contramarchó y el 19 fue abandonado Maracaibo por los republicanos, luego de saquear los almacenes militares y causar serios daños en la defensa de la ciudad. La escuadra patriota se retiró a los puertos de Altagracia. El 23 de junio, las fuerzas sutiles patriotas atacaron a las realistas en el paso del Socuy, sin decidirse la acción.

La llegada de Laborde a Maracaibo levantó la moral de los integrantes de la armada realista y colocó a los contendores en condiciones de una batalla final. El hecho de haber dejado Laborde el resto de la escuadra anclada en Los Taques y no entrar ningún buque realista a reforzar la escuadrilla, hizo plantear la necesidad de evitar un encuentro definitivo, dada la superioridad de la armada patriota por su ventaja en buques y poder de fuego. La subordinación de Laborde a Morales, le obligó a aceptar el reto republicano. El 17 de julio dirigió a Padilla una intimación para rendirlo sin disparar un tiro (13): "Participo a V. S. que me hallo con medios muy sobrados para conseguir su total esterminio, si estos fuesen mis deseos y mi intención"; proponía Laborde una capitulación y el respeto total a los prisioneros y sus pertenencias. El Alférez de Fragata Don Pablo Llanes fue el parlamentario que condujo la intimación de Laborde a Padilla.

El mismo 17 de julio respondió el Comandante republicano, en la prosa rimbombante tan a gusto en la época: "Si los principios que V. S. aduce en su nota parlamentaria le han instigado a hacerme la intimación a que ella se refiere: el honor, este sagrado timbre que está grabado indestructiblemente en mi corazón me autoriza a contestarle que estoy muy ageno a prestar oído a voces efímeras que son propaladas por el último delirio de un enemigo agonizante" (14). Quedaba así establecida la voluntad de los contendientes de decidir mediante una acción el dominio de las aguas lacustres. El valor, la audacia, la disciplina y otras tantas virtudes militares que adornaban los sembradores de patria a bordo de la armada republicana, tuvo feliz resultado en el atardecer del 24 de julio de 1823. Los realistas fueron destrozados en el Lago de Maracaibo. Las naves que no fueron destruidas por el fuego exterminador de las baterías patriotas, se entregaron prisioneras. El Contralmirante Don Ángel Laborde y Navarro en su buque insignia y con tres goletas de su escuadra y algunas lanchas de las fuerzas sutiles, picando cabos lograron llegar a Maracaibo. De allí seguiría Laborde a colocarse al frente de los buques que aguardaban en Los Taques para marchar a Cuba. El flamante Mariscal de Campo Francisco Tomás Morales, atacado por todos los frentes y sin fuerzas navales que pudieran romper el bloqueo de Maracaibo, capituló el 4 de agosto. Mal día para celebrar con derrotas el primer aniversario de su elevación a la Jefatura del Ejército Expedicionario de Costa Firme.



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