Las paredes de esta prisión, de tanto lamentar el triste destino de los nombres enclaustrados en los pequeños túneles cóncavos, ensartaron en la aguja de las palabras las menudas historias que hoy nos sirven de base para presentar una clara visión de todos o algunos de los sucesos que tuvieron el castillo como escenario.
Enre ellos y nosotros, tendimos un puente para enlazar los recuerdos que permitan poner en vigencia a los muertos y hacer posible que los vivos no mueran. Que no olvidemos jamás la terrible lección que nos enseñaron esos muros, para que éstas y las futuras generaciones impidan la repetición de esos dolorosos acontecimientos.
El 24 de octubre de 1749, los vecinos de Puerto Cabello vieron perturbada su tranquilidad por una serie de disparos que desde el castillo le hacían a tres lanchones que trataban de acercarse a una nave inglesa anclada en la bahía interior, la cual había sido apresada cuando sus tripulantes se sublevaron y entregaron a las autoridades españolas.
La fragata "Hermonie" de bandera inglesa, en un acto de rebelión del personal subalterno, fue conducida a La Guaira, donde apresada por los españoles y desmantelada, fue trasladada a Puerto Cabello, quedando en la bahía con escasa custodia a la espera de su futuro destino.
La fragata inglesa "Suspire" recibió instrucciones de sus superiores de apoderarse de la "Harmonie".
En un acto de serena audacia, enviaron a cumplir esta misión a cien marinos fuertemente armados abordo de tres lanchones que se desplazaron sin mayores esfuerzos hasta el propio costado del objetivo trazado.
Desde tierra firme comenzaron a disparar fuego de fusilería con el fin de impedir el abordaje y los cañones emplazados en el castillo, igualmente en forma simultánea vomitaron su carga de balas, pero ninguna logró paralizar la acción de los ingleses, quienes con una tranquilidad pasmosa remolcaron la pesada fragata hasta la ensenada, colocándola a un lado de "El Suspire".
Una vez llenado felizmente su cometido levó anclas y zarpó ante las miradas curiosas y sorprendidas de ciudadanos porteños que presenciaron desde la playa cercana esta intrépida acción.
El Almirante inglés Horacio Nelson estuvo en Puerto Cabello el año 1783. Muy joven el intrépido marino que comandaba la fragata "Almebarle", después de hacer prisionero al Conde de Dos Puentes, oficial de la armada francesa, decidió inspeccionar la flota de esa nacionalidad que estaba anclada en la rada de este puerto no sin antes visitar las instalaciones del castillo. Llenado su cometido, continuó su rumbo normal siendo perseguido por unidades españolas, que no pudieron darle alcance.
El 24 de junio de 1813 fueron fusilados en el Castillo de Puerto Cabello, todos los presos republicanos que llevaban el nombre de Juan. Esta monstruosa medida aterrorizó a los habitantes de la ciudad e hizo inundar la región con las lágrimas de madres, esposas y familiares de las víctimas, inmoladas aquel luctuoso día.
El 12 de febrero de 1814, Ignacio Valle Mari-món, Agustín Bengoa, José Morales, Francisco Rey, Juan López y Manuel Peligri, se dirigieron al Arzobispo Narciso Coll y Prat, solicitando que el ilustre prelado interviniera con el Gobierno de la República, para que sus causas o expedientes fuesen revisados, ya que se encontraban prisioneros en el Castillo de Puerto Cabello, considerando injusta su detención.
El arzobispo recibió la carta por intermedio de un negro natural de Puerto Cabello, quien gozaba de toda su confianza. Se entrevistó con el General Bolívar en su habitación de Caracas, donde disimuladamente como correspondía, "le entró de firme sobre la suerte de aquellos infelices, ponderándole la iniquidad de Ribas y de otros caraqueños en haberlos hecho desembarcar en La Guaira con el falso y abominable pretexto de que el país estaba por Fernando VII".
El Libertador ante los argumentos de Monseñor Narciso Coll y Prat, ordenó canjear a los prisioneros y libró despacho para Puerto Cabello en su misma presencia, El 10 de enero de 1825, una división naval francesa que venía de las vecinas Antillas al mando del Almirante Julien, se apoderó sorpresivamente de la ciudad de Puerto Cabello por breve lapso, como represalia por el abordaje que dos corsarios colombianos consumaron en un barco mercante francés, que conducía un cargamento para comerciantes hispanos residentes en tierra firme.
Las tropas que se hicieron cargo de la Plaza de Puerto Cabello el año 1837, estaban al mando del General León de Pebres Cordero. En aquella oportunidad los Constitucionalistas derrotaron a los Reformistas en el sitio de "Paso Real" y esto motivó que las demás fuerzas acantonadas en el castillo y las comandadas por el Teniente Lugo en el Fuerte de la "Correción" se pronunciara por el Gobierno.
Consolidada la situación de los Constitucionalistas, pusieron fuera de circulación a los generales Diego Ibarra, Renato Beluche y Luis de la Muchos de estos militares procedían del Gran Ejército Libertador que nos diera la Independencia, y sin fórmulas de juicio fueron expulsados del territorio patrio.
VII
El 2 de junio de 1871 llegaron a Puerto Cabello el General Matías Salazar y don Felipe Larra-zábal con el objetó de embarcarse para el exterior en la goleta "27 de abril", que en esos momentos se encontraba anclada en la rada del puerto.
Matías Salazar había sido expulsado por órdenes del General Guzmán Blanco. Don Felipe La-rrazábal, además de la suma de veinte mil pesos que debía repartirse con el exilado caudillo federal, llevaba la delicada misión de alejar al peligroso rival guzmancista del escenario político del país.
El General Salazar quedó en custodia en el castillo hasta su traslado a la nave que lo conducía al destierro.
VIII
El año 1902 por órdenes del General Cipriano Castro se encontraban prisioneros en el Castillo de Puerto Cabello, ciento setenta presos políticos remitidos por los presidentes de varios estados de la República, acusados de enemigos del gobierno, alteradores del orden público y peligrosos para la estabilidad del régimen.
Comandaba la fortaleza el célebre General Julio Bello, el mismo individuo sorprendido por los ingleses sacándole filo a las espuelas de un gallo de pelea, cuando las instalaciones fueron tomadas por los invasores. Entre los presos se encontraban los hermanos José de Jesús, Rafael Antonio y Fabricio Gabal-dón. Además los generales Celestino Peraza, Ramón Guerra y el conocido hombre público porteño Don Manuel Casares Martínez.
IX
El 23 de enero de 1913 en uno de los talleres de la Penintenciaría General de Venezuela que funcionaba en el Castillo de Puerto Cabello, fallecieron varios reos a causa de una explosión que se originó en el preciso momento en que se ocupaban de elaborar cartuchos para salvas, trabajos que efectuaban por órdenes directas del director del Dique y Astillero Nacional.
Catorce fueron los infelices que encontraron la muerte aquel día y trece fueron trasladados de urgencia al Hospital Municipal donde quedaron bajo estricta observación médica debido a las múltiples quemaduras.
La población civil de Puerto Cabello corrió atemorizada hacia la zona portuaria en solicitud de información detallada de esta tragedia, ya que circularon diversos rumores sobre un posible conflicto interno entre la población penal y las autoridades encargadas de su custodia. |