En justicia su nombre debería ser Plaza Valbuena, en recuerdo al médico Paulino Valbuena quien tenía su casa colindante en ese lugar. Eran los tiempos en que estaba abierta al mar, separada sólo por las agrietadas murallas, que artilladas en la colonia defendían al Puerto.
El extraño nombre de Plaza Batea provino del humor de algún vecino, pues cuando la hicieron se limitaron a construirla encerrando los árboles. Era como una batea, y de allí se generalizó el nombre con la cual la conocimos en la época.
Fue en el año de 1933, cuando las modificaciones urbanísticas tuvieron lugar, celebrando el 5 de julio con la erección de un pequeño obelisco en la plaza colindante. Al acto me tocó asistir.
Calle y altas barandas formaban aquel escenario abierto conocido con el nombre de La Muralla. Dos torres de hierro como alzadas hacia el cielo, sostenían la antena de la radio que inalámbrica comunicaba al Puerto con el resto del mundo. Abajo junto al mar, en la caseta laboraba el experto. Hoy todo ha cambiado con la construcción del conocido Malecón, ¡Desapareció todo! También los restos artillados que emplazados en la orilla, defendían la entrada de piratas y corsarios.
En el ángulo Sur buscando la Plaza Bolívar, en pie estuvieron los restos del Fortín de la Princesa; que fue realmente el tomado por asalto a retaguardia, cuando los patriotas decidieron la suerte del Puerto. No el Castillo Libertador como ingenuamente se cree, pues éste se rindió días después una vez firmada la Capitulación del último Capitán General español. Esa punta en el mar, fue el último pedazo de tierra firme, posesión del Rey de España en estas tierras de América. |