Cuando la Patria peligraba en las garras afiladas de los imperialistas, conocidos como "los bárbaros del norte", "leopardos ingleses" "águilas prusianas" y "violadores de la Doctrina de Monroe", el pequeño dictador andino Cipriano Castro, bautizado por sus enemigos como "El Mono de Capacho" en un alarde nacionalista, aceptaba el reto y arengaba a las multitudes para hacerle frente a los invasores.
Mientras en la capital de la República, movián-se los resortes de la diplomacia, en Puerto Cabello se desarrollaba al mismo tiempo el drama que provocó la criminal actitud de los extranjeros, al bombardear la ciudad sin tomar en consideración los graves riesgos a que se sometió la indefensa población civil.
Los muelles de este puerto se ha mantenido en actividad permanente. Cientos de ciudadanos prestaban servicios en sus instalaciones. No todos eran ajenos a la difícil situación que en esos momentos vivía Venezuela. Empleados subalternos de la Aduana Marítima, hicieron circular una hoja con la famosa proclama que el historiador Eloy González escribió para "El Cabito".
10 de diciembre de 1902. -Ánimos exaltados amanecieron movidos por los acontecimientos nacionales. Por todas partes se escucharon consignas anti-extranjeras. Abajo los ingleses, yanquis alcahuetes. Ahí mismo estaba el mostrador del bar cercano al muelle, repleto de clientes. De repente un grito y Felipe Maduro, jefe del Resguardo Marítimo violentamente invitó al desquite procediendo a detener a la oficialidad del carguero inglés "Topace" que en esos instantes estaba atracado en el puerto.
Muchedumbre enardecida. Abajos a la bandera símbolo imperialista de dolor y sangre. Vivas a Venezuela y mueras a las fuerzas bloqueadoras del Puerto de La Guaira. Asustadizos rubios seguidos de tostados y curtidos mozalbetes criollos. Romería a la Plaza Bolívar y al Cuartel de Policía, donde encerraron a la tripulación inglesa después de haberla humillado.
Honorables vecinos de la ciudad intervienen con los amotinados y logran poner en libertad a la
tripulación, que retornó a su nave. Zarpe precipitado y aviso a los buques de guerra de potencias extrañas, que en labor de patrullaje inician el bloqueo de las costas. Mensaje informando la humillación sufrida. La noticia se abulta y la represalia no demora su acción.
Mañana del 13 de diciembre. -El crucero inglés "Charibdys" amanece en la rada. Más tarde llega el buque alemán "El Viñeta". Sus comodoros de nombre Montgomery y Scheder, siendo informados por el Capitán del "Topace" de los sucesos del día 10, procedieron a enviar una nota pidiendo explicación urgente a las autoridades civiles y militares de la Plaza de Puerto Cabello. Daban plazo hasta las cinco de la tarde, amenazando con bombardear todas las instalaciones de la costa, si no recibían a tiempo una satisfacción apropiada.
Con la velocidad del rayo, personas representativas de la localidad, lograron reunirse de urgencia y redactar una nota explicativa de los hechos sucedidos con anterioridad. En el viejo castillo su Comandante General Julio Bello, se ocupaba solamente de cuidar sus gallos y los sucesos lo sorprendieron afilándole las espuelas a los más finos ejemplares de su "Cuerda".
Al parecer la nota explicativa no llegó a tiempo a poder del comandante del buque inglés
Charybdys" y éste a las cinco en punto de la tarde procedió a bombardear las instalaciones del castillo, a una distancia de trescientos metros de su objetivo. Mientras tanto, el alemán "Viñeta", lanzaba sus metrallas contra el Fortín Solano logrando derribar un muro que causó la muerte a varios soldados.
En su amenazante nota, los modernos bucaneros del siglo XX, informaban que de ser atacados desde la costa procederían a barrer el edificio de la aduana. No obstante, varios ciudadanos armados de viejos fusiles, desde la playa hicieron disparos contra las naves invasoras. Desde el cerro de "El Vigía" los cañones del Fortín dejaron oír su ruido de protesta, pero fueron silenciados por los alemanes, anclados frente a la pequeña isla de "Goaigoaza".
La misma tarde después de finalizado el injusto y criminal bombardeo, treinta soldados desembarcaron del buque inglés "El Charybdys" y se posesionaron de la fortaleza del castillo, haciendo presos a sus comandantes General Julio Bello y Coronel Manuel Crespo.
Los invasores guiados por algunos oficiales procedieron a desmantelar la escuálida fortificación con que contaba el castillo y destruyeron la totalidad de sus viejos cañones, así como otras instalaciones militares. Se llevaron todos los objetos que representaban algún valor, contándose entre ellos, la utilería de cocina, platos, ollas y cubiertos de la oficialidad.
La rapiña de estos filibusteros llegó hasta los escasos implementos personales de la tropa, eliminando y quemando todo cuanto encontraban a su paso.
Los modernos Atila, de pelo rubio y ojos verdiazules, dejaban sus huellas destructoras en el suelo porteño, ante la protesta valiente de algunos países americanos.
Por varios días permanecieron los ocupantes haciendo de las suyas en el viejo cascarón construido por el Imperio Español para contener los antepasados de estos mofletudos sajones. En horas de la tarde, la soldadesca inglesa se divertía en tierra haciendo prácticas de tiro al blanco.
Al dejar abandonada la fortaleza, dieron libertad al General Bello y al Coronel Crespo y se llevaron con ellos una balandra guardacosta de nombre "Mi Consuelo", la que venían utilizando para trasladarse desde las naves de guerra a las instalaciones del castillo.
Quedó con esta vandálica acción, cerrado un episodio escrito con la sangre inocente de un pueblo. Por muchos años, el dedo acusador de los países débiles señalaban ante la historia a los culpables. |