Cap. 20- Almita

Descipción de este artículo: Y repitiendo las muecas que mutaban su rostro en una máscara, nos hacía reír y reír nuevamente. Vivía en una pulcra casa colonial en la calle El Prado, aun costado y calle de por medio con el viejo Templo. Piadosa sin ser beata gustaba ei trato con los Religiosos españoles

Sus cuentos eran maravillosos; tenía gracia, y sobre todo lo más notable: La mímica y modulaciones de su voz; así lograba los efectos histriónicos menos esperados que hacían estallar en carcajadas. Una y otra vez le pedíamos:

-'Vuelve a hacer. ¿Cómo fue que dijo?" ¿Cómo fue que hizo?

Y repitiendo las muecas que mutaban su rostro en una máscara, nos hacía reír y reír nuevamente. Vivía en una pulcra casa colonial en la calle El Prado, aun costado y calle de por medio con el viejo Templo. Piadosa sin ser beata gustaba ei trato con los Religiosos españoles, Pastores de Almas en el tranquilo Puerto. Sabía sus nombre, conocía sus caprichos y debilidades humanas. Para ver sus reacciones sabía cómo "Picar-!os", con alguna pregunta que caía como en el borde de lo permitido, sin llegar jamás a lo atrevido y mucho menos descortés. Luego a casa traía el cuento, y narrándolo no sólo con palabras, veíamos al aludido en elcuerpo entero frente a frente, para hacer morir de risa. Su poder histriónico era pues maravilloso.

Inteligencia fuera de lo común y agudeza increíble, hacían de ella notable observadora. La conocimos ya vieja, época en la cual sus cualidades escénicas sin duda sobresalían, dado el contraste entre aquellas dos caras o personajes que se mutaban en segundos: La seria, la propia de una señora de edad que invitaba a guardar el mayor respeto, y la otra, la máscara que lograba con sus muecas; las caricatura que surgía remendando de manera impecable a conocido personaje, que a diario veíamos en el Puerto.

Cuántas veces, día después de una visita a Almila con sesión de cuentos, al encontrar repentinamente con algún "Don Fulano" o "Doña Sutana", que habían sido objeto de caracterización por parte de ella, teníamos que ocultar la cara para no dejarnos ver estallando en incontenible risa.

Sí, Almila era un personaje inolvidable. Me parece verla con su invariable mantilla negra y abanico abierto, refrescante. En sus brazos el carriel de vieja dama, en el cual nunca faltaba la cajetilla de cigarrillos "Capitolio" de su predilección. Cerrando los ojos la veo caminar con su balanceo característico, sus botines brillantes impecables abotonados, como era en época.

¡Ah! Los cuentos de Almila. No sólo los imaginados e inventados, aliñados con sus improvisaciones escénicas; sino los que se contaban de las travesuras de su juventud; porque tuvo fama con su hermano Willi de hacer tremenduras de antología, dejando imperecederos comentarios en el vecindario tranquilo del villorrio porteño.

Cuentan que de niña un buen día su padre no pudo más con ella. Junto con el hermanito fueron inscritos como alumnos del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, recién fundado por las Reverendas Hermanas de San José de Tarbes.

¡Oh! !Qué maravilla! Un colegio de Hermanas en el Puerto. Las hijas podrían desde niñas aprender a hablar francés; como las de familias acomodadas de Caracas. Sus hijas al colegio que regentaban las mismas Hermanas en El Paraíso. ¡Increíble! Aquello era todo una fortuna caída del cielo en el vecindario porteño. Mas aún: Extremo de tolerancia: A los hijos varones se les permitiría inscribirse, hasta que avanzados los años en su rostro despuntara el bigote y empezaran a observar de manera sospechosa las pantorrillas de las compañeras.

Almitay su hermanito fueron inscritos en el colegio de las monjas. Los nombres de todas las religiones bien conocidos y repetidos. La Hermana Severiana, Directora, tenía fama de ser una mujer no sólo ilustrada, sino que además combinaba dos rasgos generalmente incompatibles: La severidad con la bondad. Había en ella una capacidad especial para comprender el alma del niño. Sabía reír celebrando el ingenio presente en una travesura; teniendo para ello que ingeniárselas antes de soltar la esperada reprimenda, atenuarla o derivarla hacia otra cosa.

Era la Superiora figura central de toda la comunidad religiosay de todoel Colegio. Distinguida, pulcra, erudita, digna; parecía moverse por encima de todas las cosas del diario acontecer. Jamás perdía la serenidad ni la calma; sus juicios eran acertados, sus apreciaciones justas, sus comentarios discretos; toda una ejemplar Religiosa procedente de la Francia inmemorial.

Además cíe ese nombre hubo otros, Hermanas que pasaron por aquel santuario de la ciencia, la virtud y la Piedad. Tal el de la Hermana Margarita, la Hermana Josefina, la Hermana Luisa, la Hermana Carmen Teresa, la Hermana Herminia y muchas más. Pero desde lejos como allá en el umbral del tiempo, ante cuanto ocurría, se sentía la presencia de un personaje lejano, mencionado en voz baja y con la vista al piso: La Hermana San Simón, Superiora de Caracas con el título de Hermana Provincial.

Novedoso no solamente un colegio de Hermanas francesas en el Puerto, sino sus métodos educativos. Ya se hablaba de enseñar jugando y una de las asignaturas así enseñadas era la lengua francesa. Contaba Almila que las monjas llegada la hora de francés, terminado el recreo, permanecía el grupo de alumnos en el patio formando una hilera. La monja se colocaba frente a la primera niña y entregándole una canastilla le decía en francés:

-Je vous passe ma corbeillon, Que me donne, que me donne? Y la atenta niña concentrada en el juego, revisaba el vocabulario recién aprendido, para responder con algu- \ na palabra que rimara en justa consonancia. -Je vous passe ma corbeillon, Que me donne, que me donne? -Un savon! Respondía la interrogada.

-Bravooo! Celebraban todas en coro acentuando bien la última sílaba, para que se sintiera que era un "Bravoooo" en buen francés. La monja reía y seguía su curso el juego, colocándose frente a la siguiente muchacha.

-Je vous passe ma corbeillon, Que me donne, que me donne? -Un Bon-bón

Aplausos y risas en coro, manifestando la alegría infantil. Y contaba Almila cómo había seguido la fiesta de niña en niña, de la más pequeña a la más grande -que era ella agotándosede paso todo el vocabulario para hacer rima; de manera que cuando la Hermana, canastilla en mano, estuvo delante, no hallando qué decir, fue el "diablo" quien la inspiró! -Je vous passe ma corbeillon, Que me donne, que me donne?

mo...jón! -!A genouxL.IA genoux!...

Escandalizada exclamó la Hermana aterrada y tomándola por una oreja, la llevó a ponerse de rodillas en un rincón en castigo a lamaño atrevimiento.

Las risas no cesaban y el orden no volvía. Entre tanto la Hermana Severiana desde lejos, que había observado la escena , escond ida tras u n libro tampoco hallaba como contener la risa.



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