Cap. 40 - Optimismo Frustrado

Descipción de este artículo: Las piedras amanecieron mudas, insensibles. Se negaban a sacudir el rocío de la madrugada húmeda. Había miedo contagioso en los muros; miedo que transmitieron a los calabozos

Las piedras amanecieron mudas, insensibles. Se negaban a sacudir el rocío de la madrugada húmeda. Había miedo contagioso en los muros; miedo que transmitieron a los calabozos.

Un movimiento inusual de tropas en los patios exteriores motivó la justa angustia de los hombres que arrastraban sus piernas flacas como silbidos hambrientos. Grillos gruesos, barras grandes y pesadas, frenaban la acción para el desplazamiento normal.

Gritos de la soldadesca. Ordenes apresuradas de noveles oficiales traídos de las haciendas del Trompillo y Tocorón. Amenazas de los esbirros verga en mano algunos y chopos montados otros. La palabra muerte se escuchó varias veces como una maldición satánica. Las frases y actitudes parecían surgidas de la podredumbre de excusados donde el excremento encuentra similitud con los carceleros.

La violencia del Chácharo contra la dignidad aherrojada es visible en la requisa total de los calabozos con hedor a vómito y a sudor. En un rincón los huéspedes forzados de aquel antro, sufrían la estrechez del medio ambiente. La miseria humana reflejada en el rostro de los montañeses que cambiaron los harapos por el rústico uniforme de "perros de presa" quedó estampado en las hendiduras de los muros. Después del cansancio del agitado día, con magulladuras en el espíritu provocadas por el atropello, las piedras sacudieron su miedo volcando optimismo hacia las bóvedas apretujadas de presos. - Se está muriendo el tirano, comentaron a voces.

- Algo sucede allá afuera que tanto temor produce entre los carceleros. Tal vez a "El Bagre" le llegó su ultima hora.

La mañana siguiente apareció con su despertar de pitos y diana, con igual agitación y violencia del policía de la temible "Sagrada" que odiaba al hombre civilizado. Las ilusiones y los sueños de la noche anterior se desvanecieron como nubes viajeras. La triste realidad era la siguiente: Gómez está como un roble en Maracay y a la caza de los incautos que presagiaban su muerte.



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