Descipción de este artículo: En el Puerto cada semana, uno, dos, o más barcos alemanes traían noticias, buena cerveza, revistas variadas y excelentes artículos. El comercio alemán estaba logrando un gran empuje. Traían pues muestra de todo eso, pero lo más importante
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Vahas las casas de comercio que traían sus empleados y principales directamentede Alemania. Tiempos del Tercer Reich cuando el Führer había fascinado esa nación haciéndola una gran potencia. Ave Fénix resucitada de las cenizas del Tratado de Versalles.
Se debatían con agresividad fiera nuevas ideologías convenciendo a muchos. En España la Guerra Civil era escenario cruento del enfrentamiento de corrientes que se disputaban el orbe.
En el Puerto cada semana, uno, dos, o más barcos alemanes traían noticias, buena cerveza, revistas variadas y excelentes artículos. El comercio alemán estaba logrando un gran empuje. Traían pues muestra de todo eso, pero lo más importante: la convincente sonrisa de los alemanes. Nodudaban estar en tiempos culminantes de su reivindicación histórica. El auge de la nación, su cultura y tradiciones era indiscutible.
Cada barco, saliendo como entrando, dejaba oír aquellas imponentes por marciales melodías, que al igual que los buenos pasodobles, dejan sabor recóndito a riesgo y a tragedia: como que en encuentro cara a cara se está en juego con la muerte.
Cuando el barco preparaba su salida, la visita bajaba presurosa cumplido el ritual de interminables abrazos, salpicados en lágrimas y sellados con besos, adioses y demás ingredientes de sentimentales despedidas.
Desde el muelle se veía subir la escala, última conexión con tierra del inmenso navio. El largo pitazo hacía temblar hasta lo profundo y una grieta negra abríase entre barco y muelle a medida que la mole de acero se alejaba. Vacío como aquel del corazón, de quienes iban quedando separados de sus seres más queridos.
El adiós en los labios, en los ojos las lágrimas, pañuelos al aire y una presión en el pecho viendo alejarse el barco entre remolinos de espuma que se revolvía en el océano. Justo allí en ese momento, suelto ya el cabo, la orquesta entonaba la sentida marcha que cargaba la emoción: "Nun adé, du mein lieb Heimatland! Lieb Heimantland Ade".
Y propulsado por las inmensas hélices el barco se perdía en la noche rumbo al norte destino a Curaçao. |