Cap. 43 - Amigos de Gómez

Descipción de este artículo: Mendoza Reyes le confió a los muros que hablar con Juan Vicente Gómez en favor de un preso político era como "meterse en la boca del lobo" o ponerse a "jugar con el rabo de un tigre", mejor dicho, replicaron las piedras

Mendoza Reyes le confió a los muros que hablar con Juan Vicente Gómez en favor de un preso político era como "meterse en la boca del lobo" o ponerse a "jugar con el rabo de un tigre", mejor dicho, replicaron las piedras, "como jugar con una mapanare o agarrar a Satanás por la cola". Nadie se atrevía sin exponer su seguridad personal a plantearle al déspota, la libertad de cualquier ciudadano detenido en las cárceles del país acusado de enemigo del régimen o sospechoso de deslealtad.

— "Con mis amigos, hasta que me vean el corazón; pero con mis enemigos, hasta que yo le vea el hueso". Así se expresaba el dictador sobándose los poblados bigotes, con su mirada ladina de gavilán hambriento.

Henrique Pérez Mena, es decir, don Henrique, era un próspero comerciante en Puerto Cabello que comenzó sus actividades como miembro principal de la firma Kolster cuyos factores de primera línea eran los hermanos Osear y Ricardo, con quienes Juan Vicente Gómez, según testimonios de los presos políticos, centralizaba la mayor parte de las operaciones de administración, de los fundos agrícolas explotados por el dictador en la zona central.

Pérez Mena, fue amigo personal de Gómez y hombre de toda su confianza en los buenos negocios realizados con la exportación de café y otros productos agrícolas procedentes de la hacienda "El Trompillo", donde el peonaje lo conformaban individuos de tropas mal alimentados y peor remunerados bajo la dirección de capataces disfrazados de oficiales del ejército nacional.

Don Henrique celebraba las gruesas transacciones con el dueño de la Venezuela rural, en su bastión en Maracay. En cierta oportunidad solicitó clemencia para los ciudadanos considerados como muy honorables, detenidos en el castillo desde el 25 de mayo de 1929; Antonio Arias Rivas, Leopoldo González, Francisco Ramos Peña, Pablo Mendoza Reyes, Gregorio Núñez, Sebastián Mungarrieta y José Manuel Garcés Itriago.

El año 1931, Gómez atendió la petición de su amigo, ordenando la libertad de Arias Rivas en febrero y de Gregorio Núñez en septiembre. En marzo de 1932 salió el doctor Garcés Itriago y el 21 de diciembre del mismo año fueron liberados Sebastián Mungarrieta y Francisco Peña.

El buen amigo del dictador recibió un telegrama del Dr. Rafael Requena donde le informaba que por órdenes de "nuestro común amigo, Benemérito Juan Vicente Gómez, concedería a usted la libertad de los señores Mungarrieta, Ramos Peña y Mendoza Reyes, siempre y cuando usted se constituya fiador responsable de sus conductas futuras".

De las bóvedas del castillo, los presos desprovistos de sus grillos fueron conducidos a la Casa Kolster para ser entregados, según órdenes superiores, al amigo de la causa.

Nos contaron sorprendidas las piedras, que éste fue un acto inusual del implacable diseñador de crímenes. Recordaron la celebre anécdota de un nietecito del dictador, a quien ensayaron para que pidiera a su "bondadoso" abuelo la libertad de los estudiantes. El niñito con su entrecortada voz cumplió el cometido. La reacción del déspota fue alejar con violencia al pequeño de su regazo y ordenar a la criada:

¡No quiero verlo más...!

En la Plaza Bolívar de Puerto Cabello, Pablo Mendoza Reyes y sus seis camaradas de prisión gritarían aquel día portentoso de la muerte del tirano: ¡"Otro Gómez... nunca más"!



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