Es interesante observar que la epizootia es desconocida en esta región, y jamás un animal, ni siquiera los gatos y los perros, han tenido hidrofobia. Aunque, a decir verdad, estos últimos son poco comunes en el país.(40)
Todos los años desde Tierra Firme se exportan, solamente a las Antillas, por lo menos 3.000 caballos, 9.000 muías y 8.000 bueyes. Después del comercio del cacao, éstas son las exportaciones más importantes que se hacen desde esta costa. Los impuestos que se le pagan al Estado sobre la exportación de dichos animales son enormes. Un buen caballo no cuesta, en el Puerto, más de 4 piastras fuertes, un mulo 2 ó 3, y un buey una sola, mientras que un caballo puesto en las Antillas, es vendido en 7 u 800 francos, un mulo en 4 ó 500, y un buey en 2 ó 300 francos. Esta diferencia puede parecer exagerada: sin embargo, es la pura verdad.(41)
Cada año se mata en el interior de la región una gran cantidad de reses, únicamente para conseguir la piel, que se sala y luego se envía a España. Las carroñas se abandonan a los buitres y animales de rapiña. La mejor carne se vende en Puerto Cabello a precio tan bajo que se me hace difícil fijar alguno.(k)
' Corrientemente se encuentran asnos, cabras, puercos, tanto domesticados como silvestres, como también aves
europeas de todas las especies, y ciervos. Hay pocos carneros.
En las partes altas de la región se producen quesos blancos, rudimentariamente elaborados, que pesan más de un quintal. Esta región, en general y en lo que atañe a la gran abundancia de comestibles, es un verdadero país de cucaña. <42)
Es de Puerto Cabello de donde la isla de Curazao obtiene el ganado y los víveres que necesita. Diariamente se embarcan grandes cantidades hacia dicho país, el cual sólo dista 96 leguas al N.O.
Si por una parte esta Provincia posee abundante ganado de todas las especies y excelentes vegetales, por otra, está infestada de animales feroces y venenosos, tanto cuadrúpedos como volátiles y reptiles. No vamos a mencionar sino las especies principales, a fin de no repetir detalles demasiado conocidos.
Entre los cuadrúpedos, los que más daño causan son los leones, los leopardos, y sobre todo los tigres, los cuales sobrepasan a los dos primeros en ferocidad. <43) El tigre, solo, no duda en atacar a una caravana y combatirla, si se da cuenta de que no está muy vigilada, y se traga algunas veces de 3 a 4 mulos pequeños y hasta hombres, antes de sucumbir balo las flechas.
Los leones no tienen melena como los de África ni son tan temibles, puesto que cuando están hartos pasan a menudo cerca de los animales pacíficos sin atacarlos. Muchas veces se ha visto a mujeres y niños gritando todos juntos detrás de un león, y hasta amenazándolo con un bastón cuando quieren hacerlo huir, lo cual prueba que únicamente la necesidad lo vuelve feroz.
A este respecto, he aquí un suceso del cual el Sr. Desperriers, capitán del Regimiento de la Sarre, y el autor fueron testigos. Estando sobre una alta roca, a dos leguas aproximadamente del pueblo llamado Goiguas, vieron a 500 pasos de ellos, en una pequeña cabana, a un león que acechaba a una cabra. (44) La olfateaba, saltando a su alrededor, se revolvía sobre la espalda como un perro, mientras aquélla balaba con fuerza tratando de huir. Esperábamos a cada instante que el león se la llevase para devorarla: pues bien, ¡nada de eso! El león se fue, pasando despreocupadamente por entre otras cabras, sin causar a ninguna ningún daño.
La ferocidad del leopardo de América está entre la del león y la del tigre, y en consecuencia, es menos dañino que éste último; es el animal que menos se acerca a los lugares habitados. Sus pieles constituyen una pequeña rama del comercio de Puerto Cabello, que jamás será muy considerable, si se toma en consideración los peligros y el trabajo que pasan los cazadores para acercársele, y se comparan con los beneficios que obtienen.(46)
Hay también el gato montes, el zorro, el cual, a pesar de ser débil, no por ello deja de hacerle la guerra a las cabras, a los bradipos o perezas, a las agutíes y a las aves.
No lejos del mar, se encuentran en los valles y en los morros manadas de ciervos, sin cuernos más pequeños que los de Europa, veloces, y por ello muy difíciles de cazar, a menos que se les ponga un cebo cuando regresan de un lago o de un río, donde han ido a calmar la sed. Su carne es muy delicada.(47>
El lama es un animal que tiene algo de becerro, algo de cabra y algo de carnero; tiene el pelo rojo, la cabeza grande sin cuernos, la terquedad de las cabras, el cuello y las patas como las del carnero. Aunque salvaje, no huye si uno no está armado y no trata de asustarlo. Se puede cazar fácilmente -a pesar de que es muy rápido trepando las rocas- porque jamás se aleja mucho de su territorio. Casi siempre el macho y la hembra andan en parejas, y cuando se mata a uno de ellos, es casi seguro conseguir al otro. Su carne es buena, algo correosa, de sabor como la del puerco salvaje.(48)
A dos o tres leguas de los alrededores del Puerto, comúnmente se ven grupos de monos de larga cola, de la especie llamada Cercopitecos. Tan pronto advierten algo que los asusta, buscan refugio en los árboles altos y frondosos, a los que trepan con increíble habilidad. Una vez que están arriba es casi imposible descubrirlos, sin embargo ellos no pierden de vista el objeto causa de su pavor.(49)
Cuando el que los acecha es un hombre solo, siempre se colocan del lado opuesto, cubiertos enteramente por el árbol; si aquel da siquiera un paso, ellos actúan en consecuencia. Pero si van juntos varios hombres, es posible matar alguno. Estos animales instintivamente escogen una fila de árboles cuyas ramas se entrecruzan para escapar por esa vía del peligro, en el caso de cacería, y si no todos, es cierto que la gran mayoría logra huir. Es bien conocida la destreza con que devastan un huerto, un campo, un paraje cualquiera, y no creemos necesario repetir lo que ya ha sido dicho por muchos viajeros.
Los bradipos o perezas se encuentran en los pequeños valles, entre altos morros. Su cabeza se parece a la de los monos, sus ojos son vivaces, sin ser penetrantes. Perciben desde muy lejos el animal que se les acerca y no tratan de huir, pues no podrían hacerlo. En esta región son casi tan grandes como los carneros. Se les ve constantemente sobre el mismo árbol hasta que encuentran hojas para nutrirse, después de lo cual se dejan caer de la rama más cercana al suelo, para luego trepar a otro.
Este animal, tan lento en sus movimientos, salta mucho más rápidamente de lo que uno se imagina, ayudado por un espolón que tiene en cada pata; pero donde se mueve con mucho trabajo es en la tierra, cuando trata de llegar a otro árbol. La forma curva de sus garras hace que el trayecto le sea muy difícil; se cae dos o tres veces para dar unos veinte pasos, y es siempre durante ese penoso viaje que las bestias feroces, sobre todo el gato montes y los zorros, lo sorprenden y lo devoran. Es uno de los animales menos favorecidos por la naturaleza.(50)
El agutí es una especie de liebre del país, muy común
de pelo rojo. Gusta mucho de las naranjas; por eso casi siempre está cerca de los naranjales silvestres, o de las huertas, en las cuales lo esperan los cazadores. Su carne tiene un sabor bastante agradable. Las grandes serpientes les tienen declarada la guerra. (51)
Hay tantas tortugas de tierra, que uno no les hace caso alguno. En general la carne de estos animales es tosca y correosa. Escogen ordinariamente como lugar de permanencia los campos cubiertos de una planta con largas hojas amarillentas, lustrosas, dentadas y punzantes, llamada Garata, que es extremadamente espesa. (52)
Cuando se quiere atrapar tortugas se da, sin otra precaución, fuego al paraje donde se encuentran y entonces ellas se ven forzadas a salir de su escondite. Se escogen las más hermosas, el resto va donde puede, o perece por la acción del fuego. Algunas veces los transeúntes, sin otro motivo que el de divertirse, actúan en esa forma.
Hay también zorrillos y tatús, que se encuentran en las rocas cubiertas de maleza; los primeros son más pequeños que los de Europa, tienen el mismo género de vida y las mismas costumbres. (53>
En el interior, los indígenas se quejan de los estragos que causa en sus huertos, cultivos y campos de arroz, una especie de rata natural de la región que tiene la pelambre roja. Luchan contra ellas despiadadamente al darse cuenta de que están en la vecindad, aunque a pesar de todas las precauciones que se puedan tomar únicamente se las aleja, pero no se las destruye.
Estos animales son tanto más dañinos en cuanto viven agrupados y tienen entre ellos, como señal, ciertos gritos que les advierten los varios peligros que pueden estar acechándolos. Llegan desde diferentes lugares, dos o tres mil a la vez, para destruir un campo. Por la devastación que van dejando se les pueden seguir los pasos, se les persigue y así es posible descubrir su guarida. Son un tercio más grandes que los nuestros, feroces, y aunque le temen a los hombres, una vez que se les ataca ya no les importa desafiar el peligro. Es durante el día cuando hay que ir a humear su guarida con mechas sulfurosas, porque de noche están en el campo recogiendo el botín.(54)
Además las ratas, y los ratones venidos de Europa se han multiplicado tan asombrosamente a lo largo de toda esta costa que para la Provincia, a la larga, no serán menos dañinos que los primeros mencionados.
Las principales aves de rapiña del país, son el águila con penacho llamada Águila Real, el gran buitre blanco de cresta roja de nombre el Rey de los Buitres, el buitre negro o cuervo del país, el gran gavilán azul ceniza, el halcón macho, el buho y la lechuza.(55)
Es sobre las elevadas rocas, descubiertas e inaccesibles, donde el Águila Real establece sus dominios; no desciende a los valles, a los bosques ni a las llanuras, sino para conseguir su presa. Esta ave en un vuelo rápido se lleva a monos jóvenes, cabritos, agutíes, etc.
El gran buitre de cresta roja también mora en rocas desiertas, pero en el centro de los grandes bosques. Ataca a los mismo animales que el águila, los mata, come una parle y abandona el resto, no siendo tan fuerte como el primero. Se alimenta también de lagartos y de aves de corral; se acerca tanto a las plantaciones de los morros, que los indígenas lo matan fácilmente con sus flechas.
Atrapados jóvenes, los buitres pueden ser domesticados, a pesar de que siempre conservan algunas características salvajes.
El gavilán azul ceniza y el halcón macho le tienen declarada una cruenta guerra a los anolis, a las serpientes pequeñas y a las palomas torcaces, a las tórtolas, ratas y
ratones. Se mantienen siempre en los bosques cercanos a las habitaciones y a los ríos.
El cuervo americano o buitre negro vive en bandadas; no se parece al de Europa sino por el color de sus plumas y por sus hábitos. Su cabeza y su pico están guarnecidos de crestas como las del gallo de índigo, al que iguala en tamaño. Es sumamente voraz, habita en los bosques, llanuras, montañas, valles y ciudades ya que cualquier lugar le es indiferente. Se alimenta comúnmente de bueyes, vacas, etc. que han sido sacrificados con el único propósito de quitarles las pieles. Si no encuentra carne de animales o de hombres muertos ataca a los vivos, tanto animales como hombres a caballo (hecho comprobado en el país). Su vuelo es tan rápido que cuando planea en el aire se oye un silbido sordo y prolongado, capaz de intimidar a las personas sobre quienes pasa, si antes no se les ha prevenido. A esta ave de rapiña se le tiene como muy útil, y en efecto lo es, a causa de la carroña que devora corrientemente. Portal motivo está prohibido destruirlas o espantarlas.
Hay tantos buhos y lechuzas y de tan vanadas especies en esta región, que será muy difícil describirlos a todos. Como estas aves viven de la misma manera que las de Europa, es inútil extenderse demasiado. Únicamente diré que durante el día permanecen en los bosques sombríos, en las cavidades de las rocas, sobre los tejados de los grandes almacenes y de las Iglesias, y que solamente salen de noche para cazar y llevarse su presa.
Se encuentran palomas torcaces y tórtolas en tan grande cantidad que un cazador, aunque mediocre, emplea menos de una mañana para matar de 2 a 3 docenas. El guaco, la gallina pintada, la guacharaca o faisán del país, una especie de gruesa perdiz, y la gallina, se acercan a los lugares habitados y dejan oír sus cantos hasta en las ciudades. Todas estas aves son excelentes y muy solicitadas por el buen sabor de sus carnes.
Los loros, papagayos, cotorras y otras variedades y múltiples especies viven aislados en los bosques y en los valles. Causan grandes destrozos en los huertos y jardines, y son un verdadero azote para los habitantes que se dejan sorprender por ellos. Tienen una habilidad muy especial para llegar a unos 500 a 600 a la vez sin hacer ruido. Colocan centinelas que desde los altos árboles cercanos vigilan el lugar que van a arrasar, a fin de no dejarse sorprender durante la operación. A una mínima señal de aquéllas, nubes de esas aves levantan el vuelo gritando fuertemente, dejando a los propietarios un campo devastado, destrozado, y con el pesar de no haberse precavido. Sin embargo, es fácil matarlos' a tiros de fusil.
Hay una especie de loros verdes matizados de diferentes colores que todos los días, al salir el sol, van del Este hacia el Oeste, y regresan en sentido inverso a la puesta del sol. Desde dos leguas de distancia se les puede oír acercarse, pues graznan sin cesar, y como no vuelan muy alto, a su paso por sobre la playa de Puerto Cabello se logra cazar a muchísimos. En general, el plumaje de los loros silvestres es más variado, más hermoso que el de la especie domesticada.
Se ven pasar algunas otras aves, como el pato o ánade silvestre, una especie de cigüeña y una especie de codorniz más grande que la de Europa, el martinete y la golondrina sin cola.
La becada o chocha, el cangrejo, la becacina o i agachadiza, el tordo con las patas como las del ánade, la ' garza blanca, la garza gris, la garza de larga cola, la gallineta o gallina de agua, la espátula rosada, la tijereta e infinidad de otras especies viven, como las anteriores, en los pantanos y en las orillas de los lagos.
Las aves pescadoras son el gran pelícano, una especie parecida a la garza real, el pájaro loco y algunas otras.
Hay tantas variedades de pájaros, que es imposible nombrarlos a todos. He aquí los más comunes: el pájaro carpintero o pico de madera, el gallo de matorral, el pecho amarillo, el pico grande, el colibrí, el mirlo de collar amarillo, el pájaro azul, el cardenal, el tucán (más raro), la abubilla y otros miles hasta el infinito. (56>
Nos queda ocuparnos del murciélago. En la región se conocen dos especies de dicho mamífero, la grande y la pequeña; esta última es la misma que la de Europa, y tiene todas sus características. La otra, llamada vampiro, se parece a la pequeña, con excepción del volumen del cuerpo; cuando vuela tiene más de dos pies de envergadura.
Este animal tiene una habilidad especial para adormecer al ganado que sorprende durante sus correrías nocturnas, y logra chuparles la sangre hasta el punto de causarles la muerte.
Marinos ebrios que han permanecido de la misma manera; no se les ha encontrado ninguna otra herida, sino pequeñas marcas de succión en las sienes, detrás de las orejas y en el cuello, sin rastro de mordedura. Es imposible atribuir a otra causa estos accidentes que se producen frecuentemente. Los médicos y otra gente honorable del país han reconocido al inspeccionar los cadáveres de las víctimas, que en las pequeñas y casi invisibles heridas no se encuentra rastro de veneno y que por lo tanto estas muertes sólo podrían ser obra de los vampiros.(57>
La costa está infestada de reptiles de todas las especies, de diversos tamaños y grosor; hay serpientes desde dos a veinte pies de largo, y los indígenas aseguran que en el interior se las encuentra de tamaño monstruoso.
Las más dañinas son las denominadas serpientes boa y serpiente cascabel. Estas dos especies no son muy comunes cerca de la costa, sino tierra adentro; los indígenas, con mucha razón, les tienen pavor.
En los bosques, a media o tres cuartos de legua de Puerto Cabello, se encuentran serpientes muy venenosas, de 18 a 19 pies de largo, de color gris, verde, amarillento, en una palabra, las hay de todos los colores, de todas las tallas y mil diversas especies. Son tan comunes en el país, como lo son en Europa las ratas y los ratones. La mayoría tienen un hechizo especial para atraer a los pequeños pájaros, los cuales voluntariamente y dando grandes gritos, se precipitan en la garganta de sus victimarias.
Los lagartos con cresta de 6, 7 y hasta 8 pies de largo, permanecen en los bosques cerca de los lugares habitados, en tierra o sobre los árboles. A pesar de que le temen a las serpientes, las combaten encarnizadamente cuando no pueden evadirlas, y muy a menudo las matan; sin embargo su victoria es de corta duración, pues la mordedura envenenada de la que han sido víctimas, les ocasiona una especie de delirio que se los lleva media hora después del combate.
Durante la noche, los lagartos lanzan sin tomar aliento un penetrante silbido que dura más de cinco minutos, y desde luego es siniestro y espantoso. Se alimentan con granos, frutas, y con sapos y pájaros cuando pueden alcanzados.
El anolis es una especie de lagarto verdoso, pero sin cresta, muy bonito. Tiene la mirada vivaz, los movimientos elegantes, se alimenta como el lagarto gris, pero es mas hábil para atrapar a los pájaros. Su largo es de uno o dos pies. Este animal se familiariza mucho con las personas, entra en las casas y jamás falta a la hora de las comidas, sin que su presencia sea inoportuna. Los niños de las plantaciones juegan con ellos, les dan frutas o cualquier otra cosa que aquellos toman delicadamente de sus manos, y jamás se ha oído que les hayan hecho el menor daño. Allí donde no hay ni un anolis, es seguro que se
encuentran serpientes. Es por ello que se les mira como a animales domésticos. Además, ellos cumplen las funciones del gato, haciéndoles la guerra a las ratas y a los ratones.
Cuando los ríos se desbordan y las lluvias empapan la tierra, se ven multitudes de sapos que suben para salvarse de la inundación; es entonces cuando las grandes serpientes se los comen por montones. Los engullen vivos; si se mata a una de aquellas y de inmediato se la raja el vientre, el sapo sale vivo sin el más mínimo daño, chilla un poco y se salva, a menos que otra serpiente se apodere de él.
Es verdaderamente interesante presenciar uno de esos encuentros. Los dos animales se detienen, se examinan. El sapo se infla, abulta la espalda, se acerca poco a poco pero contra su voluntad, y termina presentando su cabeza a la serpiente —que lo espera con la boca abierta— replegando a veces las patas de adelante contra el cuerpo, para facilitar su entrada en la boca de la enemiga.(59)
A lo largo de sus pantanos, este país está lleno de mosquitos y jejenes enconosamente inoportunos; estos insectos se esparcen por los valles, a lo largo de los ríos, en todas partes donde haya un poco de frescura, poca brisa, y donde esperen encontrar algunos animales para chuparles la sangre; son voraces, y nadie logra soportar la molestia que ocasionan.
Diariamente se van cazadores a quienes por obra de tales mosquitos se les ha llenado de sangre la cara, las manos y todo el cuerpo, por haberse puesto al acecho de alguna bestia feroz desde la mañana hasta la noche. Otros han sido hallados muertos, sin otra contusión que las picadas de esos insectos. Para evitar ese daño, los que viven de la caza, o tienen esa pasión, se envuelven en unas mantas de cuero hechas expresamente: a pesar de esa precaución, dichos insectos encuentran sin embargo el modo de penetrarlas. Se les aplasta por millares sobre las manos, sobre la cara, pero un instante después son reemplazados, y si desafortunadamente se encarnizan en los ojos, se puede sucumbir entre inauditos tormentos.
Cuando uno se ve perseguido por esos insectos, el mejor medio para alejarlos, es hacer fuego y bastante humo, el cual es fácil, siempre que se cuente con algo para encenderlo.(60)
La nigua es bastante común, aunque mucho menos que en las Antillas. Hay los piojos de bosque, parecidos a las garrapatas de Europa, que se adhieren por millares a la piel, cuando uno está cazando en las selvas en tiempo de sequía. Es suficiente tomar un baño para desembarazarse de ellos.
iíía En esta comarca es muy temible la gruesa hormiga roja. Si ataca una plantación, el único remedio es quemarla. Hay muchas hormigas que le hacen la guerra únicamente a los mosquitos. También se encuentran grandes cantidades de hormigas comunes, y otra especie voladora muy peculiar que produce una miel verdosa de malísimo sabor.
A la mosca de Cayena, de vientre y alas amarillas, le place mucho vivir en Puerto Cabello. Construye con tierra gruesa, sobre los muros de las casas habitadas, un reducto abovedado hecho en zig zag, desde seis pulgadas hasta dos pies, cuyo ancho está en proporción al volumen de su cuerpo. El interior está dividido en pequeñas células, en cada una de las cuales pone separadamente una especie de huevo que, sin otra incubación que el calor ambiental, rompe él mismo, en el momento de su metamorfosis en mosca, la bóveda de su célula, y se aleja volando para no regresar jamás. Dicha mosca no es fastidiosa, y aunque sea más gruesa que la avispa y esté armada con un fuerte aguijón, no ataca ni siquiera cuando se la molesta. Pero
no hay que hacerle daño alguno a su obra porque se vengaría aún poniendo en peligro la vida. Esos pequeños insectos son muy amistosos, se posan sobre las personas y juegan en las manos de éstas, especialmente si se ha tenido el cuidado de poner cercas algunas gotas de agua fresca, sobre todo cuando para encontrarla es necesario hacer un largo trayecto.
Hay también muchas abejas, más pequeñas que las de Europa, que ubican sus panales en las grietas de las rocas, en viejos troncos de árboles. Se puede recoger la miel sin peligro, porque ellas no tienen aguijón. No obstante a la miel casi no se la utiliza, debido a la abundancia que hay de jarabes y de azúcar. (61) Son los monos los que más provecho sacan de ella.
Las moscas brillantes son muy comunes; durante la noche, por doquiera que pasen, irradian una luz que se ve desde bastante lejos.(62)
En los alrededores de Paseo Real, se encuentra una gruesa oruga verde que tiene sobre la espalda unas púas cuya cima parece un manojo de flores. Su largo es de 2 ó 3 pulgadas. Es de una belleza poco común, y su aspecto resulta tan agradable que no inspira temor ni disgusto. Se alimenta con los hojas de los árboles de huertos y jardines, y prefiere las del guayabo.
El escorpión, el ciempiés, y la gruesa araña velluda y negra llamada tarántula, se encuentran en gran número en esta comarca. Su veneno no es muy peligroso, ya que después de la mordedura solamente son necesarias unas 24 horas para sanar radicalmente. Viven en las casas en ruinas, entre las cortezas de los viejos árboles, entre las tablas de madera y bajo los tejados.
Las pulgas de Europa se hacen insoportables si no se alejan con la limpieza: las casermas y cuerpos de guardia están invadidos.
El océano también arroja sus tesoros sobre esta fecunda costa. En primer lugar mediante el comercio, luego por la pesca de abundantes y excelentes peces tales como el bonito, el atún, la lisa, el congrio, la dorada, la merluza y miles de otras especies más pequeñas, muy delicadas. Para la pesca mayor se usan las redes, y el sedal para la otra. También se emplea la atarraya para los bancos de peces pequeños. Hay muchas tortugas de mar, cuya carne es deliciosa, y langostas, cangrejos y diversos mariscos.
Los peces voraces son el tiburón, el cazón, la picuda, etc. Se encuentran también los delfines, las marsopas y algunos otros que permanecen poco tiempo en esos lugares. Para atraparlos se hace uso del arpón, del anzuelo y del garfio.
Hay pólipos blancos de mar, transparentes, que corren a flor de agua: dos veces por año llegan a Puerto Cabello en tan gran cantidad que obstruyen la entrada y entorpecen la acción de los remos; su presencia se prolonga unos ocho días, luego desaparecen de repente. Si alguien tuviese la desgracia de caerse al agua durante ese período, quedaría envuelto en el acto. Esto les ha sucedido a los animales que, como experiencia, han sido echados en medio de ellos.(63)
En los ríos pululan delicados peces y anguilas: los indígenas se abstienen de comer a estas últimas, porque desovan junto con las serpientes, lo cual es inverosímil.
••-' Después de la estación de lluvias, en algunos lugares elevados, en cavidades de las cuales se han retirado las aguas, se encuentran a veces peces de mar de medio pie de largo, lo cual causa sorpresa porque se tenía la seguridad de que esos terrenos estaban completamente secos unos meses antes. No obstante, la causa es natural; las aves llamadas becacinas, que rondan por todas partes donde haya agua de lluvia, llevan en sus patas huevos del
desove de peces de varias clases, que hacen eclosión y permanecen en dichas charcas hasta que éstas se secan de nuevo.(64>
En los lagos de agua dulce que se encuentran en los alrededores de Puerto Cabello hay caimanes de extraordinario tamaño. Comúnmente tiene de 12 a 20 pies de largo. Este animal anfibio es sumamente voraz, y en consecuencia muy peligroso; permanece en el agua todo el día, sale únicamente de noche para esperar a su presa y atraparla, cuando ésta llega a calmar su sed a la orilla del lago.
A los caimanes se les ve flotar durante el día cuales viejos tablones cubiertos de musgo, y uno se equivocaría, como les ha sucedido a personas poco previsivas, si al fijarse atentamente no advirtiese desde bastante lejos sus ojos saltones, rojos, vivaces, titilantes como un rayo de luz.
Los indígenas tienen una receta para dormirlos, cuando uno de ellos se ha alejado mucho del lago, y no ha tenido tiempo de regresar antes del amanecer. Luego le embridan la quijada con hilo de alambre, le amarran las extremidades detrás de la espalda, y es el hombre el que se hace dueño de la situación. El animal vive, así agarrotado, más de un mes sin tomar alimento, siempre que se le coloque en un lugar húmedo y fresco. Pero si le deja a pleno sol, muere y se deseca en 7 u 8 días.
Durante todo el año muchos caimanes son destruidos en esa forma, y es por ello que, ya sea en Puerto Cabello, tierra adentro o a lo largo de la costa, no hay niño que no tenga un diente de caimán en su sonajero. Sin embargo nadie osaría aventurarse a dormirlos o a dormir a uno solo, en el lugar en que están todos reunidos, pues seguramente, el hombre sería la víctima.(65)
Es reciente en el país el siguiente suceso: un enorme caimán se salió del lago a pesar de que era de día, para perseguir a unos cazadores que se habían acercado a la "' orilla sin tomar precaución alguna, molestando al animal con varios tiros de fusil, que le afectaron los ojos y otras partes sensibles. Los cazadores salvaron sus vidas huyendo rápidamente por senderos tortuosos y difíciles, impracticables para el caimán. En los alrededores de los lagos donde están dichos anfibios, se percibe un fuerte olor a almizcle: es ésta la más segura advertencia para estar alerta.
y A cierta distancia de esos lagos, se coloca en el lugar más conveniente una larga estaca, sobre la cual hay un cartel que previene a los viajeros de no acercarse mucho a sus orillas. Una gavilla de ramas secas en lo alto de la estaca, sirve de igual aviso a los que no saben leer.(66)
Es sólo en Puerto Cabello y en las regiones pantanosas cercanas, donde la fiebre amarilla causa tantos estragos; a una legua de ahí, en las tierras altas, en los valles abiertos, ya no hay peligro de contagio. Los indígenas descienden sin temor para vender su mercancía y regresan a sus casas sin jamás llevar el menor germen de la enfermedad. Todo esto es prueba de la siguiente verdad: con paciencia y trabajo se podrían rellenar rápidamente los pantanos que circundan el puerto, la ciudad y los alrededores, y por medro de esa obra útil y simple se purificaría ese aire, tan importante para los intereses y la industria de todo el país. ¡Un día llegará en que Puerto Cabello sea uno de los más bellos puertos y de los más propicios al comercio de esta parte del globo! Para conseguirlo, no hace falta sino gente activa que logre sacarlo de su apatía.(67)
No sucede lo mismo con la viruela. Esta enfermedad es el peor flagelo que azota a esta región. Durante la guerra de 1777 contra Inglaterra, una fragata ancló en la rada y desembarcaron algunos enfermos. La viruela se declaró y se propagó como espuma con gran rapidez en la ciudad,
en los valles, en las partes altas de Nueva Valencia, y después en Caracas, hasta en Coro(l) y en la mayor parte de la Provincia de Venezuela. La epidemia mató a más de 60 mil indígenas de todas las edades y de ambos sexos, y sembró la consternación en todo el país.<68)
Es importante hacer notar que cinco o seis leguas alrededor de esta ciudad -en las llanuras donde llueve casi todos los días, en los valles abiertos, donde cae agua todas las noches, sobre las montañas, donde las tempestades más o menos fuertes se suceden sin regla alguna- el clima es diferente al que reina en Puerto Cabello, donde pasan de 7 a 8 meses sin que caiga una sola gota de agua. Por tanto, debemos observar que son esas fecundas lluvias y esos saludables rocíos que caen tierra adentro y sobre las montañas, los que ocasionan tanta fertilidad, tanta abundancia de comestibles de todas clases, de la que disfrutan tantos ingenuos agricultores, aún hoy tan descuidados como para menospreciar los tesoros rurales que el país encierra en su seno.(m)
Algunas veces el río de Paseo Real, de repente se hincha sin que en Puerto Cabello la atmósfera haya perdido su serenidad; pero esas repentinas inundaciones, que casi nunca refluyen en los pantanos, no pueden compararse con las que tienen lugar durante la época de las lluvias, puesto que a la mañana siguiente ya han desaparecido.(69)
Es a las cimas de las montañas y de las rocas escarpadas, lejos de todo paraje habitado, hacia donde, acompañado por algunos cazadores indígenas, debe dirigirse el observador ilustrado para poder juzgar con propiedad las diversas temperaturas que predominan en esta comarca, y que varían de acuerdo con la altura y las diferentes ubicaciones. Viajando por esos morros, uno no debe sorprenderse de encontrar un frío excesivo en un lugar y una legua más allá un calor sofocante. Situado sobre una elevación de tierra, uno contempla con placer, aunque tiritando, el azul del cielo sin nubes, los tonos grisáceos de las rocas que amenazan derrumbes, sus espantosas cavidades, los sitios majestuosos y pintorescos que las rodean y las riquezas de la vegetación, poblada únicamente por bestias feroces y por aves de rapiña. A una distancia de unas cien toesas, uno ve a sus pies y bajo de sus ojos nacer los vapores de la tierra: primero una ligera neblina, en seguida nubes oscuras, espesas, rojizas, que se convierten en una tormenta que estalla acompañada de relámpagos y de violentos truenos, mientras el viento y los ecos redoblan el horrible estruendo. No se puede describir sino de una manera pálida esos efectos físicos de la naturaleza: es necesario estar en el lugar para tratar de comprenderlos y admirarlos.
En esta Provincia, como en todas las Colonias Españolas, los sacerdotes y los monjes son objeto de particular consideración; viajan en las caravanas sin estar obligados a pagar la más mínima contribución, disfrutan de un alto rango en los lugares por donde pasan, y todos se apresuran generosamente en ofrecerles hospitalidad. Al despedirse de sus anfitriones, les regalan amuletos y rosarios. Los bendicen y les prometen recordarlos en sus oraciones.
En general, los naturales de esta región son apacibles, bondadosos, hospitalarios, a pesar de que los habitantes del Tocuyo tienen fama de ser antropófagos. Pero ese nombre pudo haberles sido dado porque resistieron más de 60 años antes de ser sometidos, y porque se comportaron cruelmente con los españoles. A este respecto se sabe que éstos no lo fueron menos con ellos. Los que habitaban los puertos, villas, aldeas, han adquirido los defectos de los que los han sojuzgado. Los cultivadores de los morros y de los valles lejanos, han inviolablemente conservado la suavidad de sus costumbres y su probidad.
Son incapaces de engañar, su palabra es tan auténtica como si fuese dicha ante un notario; no conocen superchería alguna, y no prometen jamás algo que no están seguros de poder mantener. Ningún comerciante tiene dificultad en entregarles mercancías a crédito, aunque ni siquiera conozca donde reside su deudor, pues no hay antecedentes de que hayan faltado a los compromisos contraídos.(72)
El pueblo siente horror por el suicidio, el cual es sumamente raro. Ninguno de ellos osaría habitar la casa de alguien que se hubiese quitado la vida. He aquí un hecho reciente, que prueba hasta qué punto sienten aversión por ese crimen.
Al desembarcar en Puerto Cabello un grupo de emigrados de las Colonias Francesas en 1793, un oficial se mató de un tiro en la cabeza. Los españoles tan solo deploraron el hecho, pero las gentes del país se indignaron pidiendo que, conforme a la ley, el cadáver fuese arrastrado por la playa. El suceso contribuyó mucho al descrédito de los emigrados.(73)
Fue necesario acudir a la autoridad del Gobernador, a la gran influencia del clero, a la insistente amonestación del Teniente Coronel Fressinaux, Mariscal de Tureno y de los principales oficiales franceses emigrados para detener los clamores de los naturales, e impedir la ejecución del castigo; únicamente fue destruida la urna y el asunto se fue olvidando poco a poco.
Altos, bien conformados, de cuerpo agradable y provocativo, aunque reservados: la tez algo amarillenta, corteses sin ser atrevidos, casi todos lampiños, los cabellos largos y negros, moderados tanto en sus deseos como en sus necesidades; estos hombres, virtuosos sin darse cuenta, disfrutan en paz en sus alejados cultivos de una existencia apacible, en medio de su dichosa familia a la que quieren tiernamente y con mucha razón.(n)
Sus mujeres son generalmente bellas, dulces, cariñosas, apegadas al hogar y a los hijos que educan con sentido común y sin violencia. Llevan los cabellos entretejidos en trenzas que les llegan hasta los tobillos, pero cuando se acicalan las recogen elegantemente en la cabeza y las adornan con plumas de garza de diversos colores cuyo efecto es verdaderamente hermoso; visten un corpino de algodón tejido que ajusta todas sus formas y un cinturón adornado de plumas, pedrería y conchas guarnecidas de oro, según la costumbre indígena.(75)
Manifiestan un gran respeto hacia los ancianos. Por naturaleza inclinados a la indolencia, únicamente la necesidad o el cumplimiento de una promesa los impulsa al trabajo. Son parcos en cuanto a los placeres de los sentidos, y a pesar del ardor de un clima abrasador, son sobrios en la intimidad de sus viviendas. Se observa el efecto contrario entre los que viven en los puertos y en las ciudades. Todos sienten una gran pasión por la danza.
Los indígenas detestan a los españoles, quizás más por el recuerdo de los males que les han ocasionado, que por las experiencias actuales. Sufren y gimen en silencio el yugo que se les obliga a soportar, pues no se sienten con suficiente fuerza y carácter como para hacer resistencia a la opresión. Los que no moran muy lejos de la costa van a la Iglesia cada dos o tres meses para cumplir con los deberes de Cristianismo. Sin embargo, es fácil darse cuenta, por su repugnancia, que esa no es la devoción que los atrae: la practican para disfrutar de la tranquilidad de la libertad de comercio, la cual perderían si se declarasen abiertamente en contra del Cristianismo. Se puede observar que a escasas 6 ó 7 leguas, en las partes altas y hasta en los valles, practican los ritos de su antiguo culto pero, cuando sus intereses están en los puertos o en las ciudades, van a confesarse y a comulgar, después de una sabia y meditada reflexión, a fin de evitar mayores males y en resguardo de su conveniencia.(76)
Por todo ello, se puede llegar a la conclusión de que este país no está tan alejado -como se cree- de una sacudida, y puede ser que solamente esperen una oportunidad propicia.(77)
t Tal es el rápido resumen que he creído oportuno ofrecer a fin de que se pueda razonar, objetivamente, sobre este país.
Seguramente se encontrará alguna omisión, pero hay que tomar en consideración que el autor de estas
memorias, el cual apenas residió un año tanto en Puerto Cabello, como en La Guayra y Caracas desde su emigración a bordo de la nave La Ferme al mando del señor Conde de Riviére en 1793, no ha discurrido sino sobre lo que han visto por sus propios ojos, o sobre hechos de cuya autenticidad está seguro.
Tiene la persuación de que pocas personas le han dado a Francia, hasta hoy, informes tan fieles acerca de esta interesante comarca, que es acreedora, por múltiples conceptos, de una especial atención.(78) |